Sign up & Download
Sign in

Democracy and participation of individuals as citizens: a debate on health education practices

by Eglídia Carla Figueirêdo Vidal, Klívia Regina De Oliveira Saraiva, Regina Claúdia Melo Dodt, Neiva Francenely Cunha Vieira, Maria Grasiela Teixeira Barroso
Revista gaucha de enfermagem EENFUFRGS ()

Abstract

Democracy and citizen's participation are part of several aspects of life, and are required in health education, representing the necessary connection to the satisfaction of this practice. Discourse and practices of health education in health services are discussed in this article according to two main categories: 1) democracy and citizenship, and 2) participation of individuals as citizens. One of the strategies used by health professionals to provide the individuals autonomy as health promoters is strengthening the individuals' capacity to participate in decisions that affects them. In order to consolidate popular participation as a democratic ideal a critical professional attitude, based on the combination of full citizenship with liberty, participation, and equality, is required.

Cite this document (BETA)

Available from www.ncbi.nlm.nih.gov
Page 1
hidden

Democracy and participation of in...

MOVIMIENTO ESTUDIANTIL ANTIFRANQUISTA, CULTURA POL��TICA Y TRANSICI��N POL��TICA A LA DEMOCRACIA Alberto Carrillo-Linares INTRODUCCI��N Resulta parad��jico que exista un consenso m��s o menos generalizado sobre la importancia del movimiento estudiantil en la lucha contra la dictadura fran- quista y en la transici��n pol��tica a la democracia, pero que, por otro lado, no se hayan realizado apenas reflexiones en profundidad sobre tal relaci��n efectu��n- dose m��s bien enunciados axiom��ticos que acaban por convertirse en afirma- ciones tautol��gicas, en ocasiones creo que no del todo bien resueltas1. El rela- tivo olvido de la lucha contra Franco en la Universidad est�� siendo solventado en los ��ltimos a��os con el desarrollo de investigaciones centradas en la materia, generalmente de ��mbito local aunque con frecuencia escasean las reflexiones te��ricas2. Quiero decir, existen meritorios estudios sobre el movimiento estu- 1. Y esto es as�� tanto entre los historiadores como entre la opini��n p��blica general. Sobre el primer colectivo baste con consultar cualquier obra actual centrada en la historia del franquismo en re- laci��n con el segundo, v��ase, por ejemplo, el resultado de la encuesta realizada con motivo de los 25 a��os del inicio de la transici��n pol��tica a la democracia, base del art��culo de AVILES FARR��, Juan, ��Veinticinco a��os despu��s: la memoria de la transici��n��, Historia del Presente, n.�� 1, (2002), pp. 88-97, en particular, p. 91, donde se hace referencia a la contribuci��n del movimiento estudiantil en el ��xito de la transici��n en orden de importancia queda relegado a la 5.a posici��n, tras el rey, los ciudadanos en general, el movimiento obrero y los medios de comunicaci��n. En el mismo n��mero de dicha revista, Ram��n Garc��a se refer��a a la ��omisi��n�� del movimiento estudiantil en la historiograf��a, junto con el movimiento campesino, aunque reconoc��a que ��quiz��s por razones sentimentales, el movimiento estudiantil ha merecido una mayor atenci��n��, pese a que distaba ��de ser satisfactoria la atenci��n prestada��. GARC��A PINERO, Ram��n, ��El obrero ya no tiene quien le escriba. La movilizaci��n social en el ��tardofranquismo�� a trav��s de la historiograf��a m��s reciente��, pp. 104-115 (las citas en pp. 112 y 115). 2. La bibliograf��a sobre el tema, incluyendo las crecientes comunicaciones en congresos -de muy variable calidad-est�� notando un buen reflujo. Desde la pionera obra de FARGA, Manuel Juan, Pasado y Memoria. Revista de Historia Contempor��nea, 5, 2006, pp. 149-170
Page 2
hidden
150 Alberto Carrillo-Linares diantil en varias universidades, d��ndose por supuesto que la conflictividad per se es la garant��a de la lucha por la democracia, aunque no nos hemos detenido a explicar con precisi��n cu��l es el aporte exacto del tal movimiento a dicho fen��- meno de cambio, tanto en el terreno humano como en el de la cultura pol��tica. Algo m��s se ha reflexionado sobre la relaci��n entre el movimiento estudiantil y los llamados nuevos movimientos sociales^. Como dec��amos, una primera circunstancia llama poderosamente la aten- ci��n: la identificaci��n inexcusable entre disentimiento y transici��n. La simple oposici��n no es argumento suficiente para reconocerle la aportaci��n de cara a la transici��n puesto que pueden constituir dos realidades independientes: tambi��n Universidad y democracia en Espa��a (30 a��os de lucha estudiantil), M��xico, 1969, pasando por el cl��sico estudio de MARAVALL, Jos�� Mar��a, Dictadura y disentimiento pol��tico. Obreros y estudiantes bajo el franquismo, Madrid, 1978 y el de GlNER, Salvador, ��Libertad y poder pol��tico en la Universidad espa��ola: el movimiento democr��tico bajo el franquismo��, en PRESTON, Paul, Espa��a en crisis: evo- luci��n y decadencia del r��gimen de Franco, M��xico, 1978, pp. 303-355, hasta la actualidad, se ha de- tectado una evoluci��n positiva en el n��mero de t��tulos, especialmente en los dos ��ltimos lustros, una circunstancia que merecer��a alg��n estudio de cuantificaci��n. Una caracter��stica es com��n a la mayor��a (no todos) de los autores que se han centrado en el tema (ya desde la publicaci��n de los n��meros 1 y 2 de la revista Materiales en 1977): vivieron en primera persona, casi todos como militantes, el fen��meno que describen. Sin ��nimo de ser exhaustivo -y pido disculpas por esta extensa nota-, existen investigaciones para Canarias (D��NIZ RAM��REZ, Francisco A., La protesta estudiantil: estudio sociol��gico e hist��rico de su evoluci��n en Canarias, Madrid, [1999]), Valencia (SANZ D��AZ, Benito y RODR��GUEZ BELLO, Ram��n Ignacio (eds.), Memoria del antifranquismo. La Universidad de Valencia bajo d franquismo. 1939-1975, Valencia, 1999 y SANZ D��AZ, Benito, Rojos y dem��cratas. La oposici��n al franquismo en la Universidad de Valencia, 1939-1975, Valencia, 2002), Catalu��a (COLOMER I CALSINA, Josep M., Els estudiants de Barcelona sota el franquisme, Barcelona, 1978, 2 vols.), Madrid (VALDELVIRA GONZ��LEZ, Gregorio, El movimiento estudiantil en la crisis del franquismo. La Universidad Complutense (i973-1976), Madrid, 1992 y ��LVAREZ COBELAS, Jos��, En- venenados de cuerpo y alma. La oposici��n universitaria al franquismo en Madrid (1939-1970), Madrid, 2004), Valencia (tesis doctoral de RODR��GUEZ TEJADA, Sergio, Dictadura franquista y movimiento estudiantil en la Universidad de Valencia, 2005) o Sevilla (RUBIO MAYORAL Juan Luis, Disciplina y rebeld��a. Los estudiantes en la Universidad de Sevilla, (1939-1970), Sevilla, Universidad, 2005), y mis propias investigaciones. A ello habr��a que sumarle las comunicaciones en diversos congresos y obras de car��cter m��s general que aluden al tema, que se han referido a ��mbitos locales del movimiento estudiantil (C��diz, Catalu��a, Galicia, Granada, Madrid, M��laga, Murcia, Sevilla, Pa��s Vasco, Valencia, Valladolid, etc.) o aspectos parciales (organizaciones, huelgas, fechas simb��licas, represi��n, sociolog��a, etc.). Muy pocos autores han intentado realizar una historia general del movimiento estudiantil durante el franquismo (PALAZUELOS, Enrique, Movimiento estudiantil y democratizaci��n de la Universidad, Madrid, 1978 VALDELVIRA [GONZ��LEZ], Gregorio, La oposici��n estudiantil al franquismo, Madrid, 2006). Pese a las alusiones que, en ��stos, se hacen a algunos distritos que no fueran Madrid y Barcelona, siguen siendo historias de dichas universidades y las conclusiones est��n muy condicionadas por la din��mica interna en las mismas. As�� las cosas, creo que sigue quedando pendiente esta tarea a riesgo de acabar confundiendo la historia general del movimiento estudiantil espa��ol con la de los distritos madrile��o y catal��n. 3. Cfr. P��REZ LEDESMA, Manuel, ����Cuando lleguen los d��as de la c��lera��: movimientos sociales, teo- r��a e historia��, en W . AA. Problemas actuales de la historia (Terceras Jornadas de Estudios Hist��ricos), Salamanca, 1993, pp. 141-187, [publicado posteriormente en Zona Abierta, n.�� 69, (1994), pp. 51- 120] y del mismo autor: ��Los nuevos movimientos sociales y la Historia del Tiempo Presente��, en D��AZ BARRADO, Mario P. (coord.), Historia del Tiempo Presente. Teor��a y metodolog��a, Badajoz, 1998, pp. 63-77 as�� como ����Nuevos�� y ��viejos�� movimientos sociales en la transici��n��, en MOLI- NERO, Carme (ed.), La transici��n, treinta a��os despu��s, Barcelona, 2006, pp. 117-151. Pasado y Memoria. Revista de Historia Contempor��nea, 5, 2006, pp. 149-170
Page 3
hidden
Movimiento estudiantil antifranquista, cultura pol��tica y transici��n pol��tica a la... 151 se opusieron organizaciones terroristas como ETA, GRAPO, FRAP, partidos pol��ticos que abogaban por sistemas de partido ��nico y cercenaban la libertad (MCE, ORT, PTE, PCE(M-L), LCR, PCE(R), falangistas disidentes nost��lgicos de Jos�� Antonio y su pensamiento revolucionario, etc. Esto es, no hay una relaci��n directa y necesaria entre oposici��n y transici��n pol��tica, tal y como se suele enunciar, puesto que hab��a posiciones revolucionarias que en nada secundaban el cambio que se experimentaba, aunque hubieran tenido un papel fundamental en el desgaste estrat��gico del r��gimen dictatorial que hizo inv��able su continui- dad4. Pero de ning��n modo esto supone una aportaci��n concreta. En el presente art��culo intentar�� esbozar un cuadro de an��lisis en el que tendr�� en cuenta tanto el marco general en el que se desenvolvi�� el movimien- to estudiantil como algunas de las aportaciones concretas (en un doble sentido) que hizo de cara a la transici��n, sin perder de vista la cultura pol��tica de la que bebieron y al tiempo, forjaron los estudiantes, una de las piedras claves en la transici��n, junto con su propio perfil social. En definitiva, la tesis b��sica que se defiende es la siguiente: el movimiento estudiantil fue un pilar cardinal de cara a la transici��n pol��tica y, me atrever��a a decir m��s, en t��rminos profundos, la transici��n se coci�� en la Universidad m��s que en ning��n otro lugar5. Para en- tender esta afirmaci��n en toda su dimensi��n, es preciso partir de un supuesto b��sico: antes de la transici��n pol��tica a la democracia existi�� una transici��n social que implic�� una transformaci��n profund��sima de la cultura pol��tica, sin la que no hubiera sido posible, de ninguna manera, el proceso t��cnico que llev�� de la dictadura a la democracia6. Por lo tanto, el concepto te��rico esencial sobre el que se sostuvo el cambio fue el de cultura pol��tica que rompi�� de lleno con la construida, fomentada y que pretend��a dejar en herencia el propio franquismo. Y esto es as��, sobre todo a la vista de un hecho irrefutable: ning��n movimiento social consigui�� derribar di- rectamente al r��gimen y Franco muri�� en la cama. El valor de dichos movimien- tos, por lo tanto, se halla en otro lugar. As�� pues, me centrar�� en tres vectores, 4. Cito dos casos a modo de ejemplo que son suficientemente significativos: Consuelo Laiz parece entender que ETA conformaba un partido pol��tico semejante al PTE, LCR, ORT, etc., al incluirlo como tal en La Lucha final. Los partidos de la izquierda radical ��mame la transici��n espa��ola, Madrid, 1995. DEL ��GUILA, Juan Jos��, en El TOE La represi��n de la libertad (���1963-4977), Barcelona, 2001, aca- ba otorgando te��ricamente -por no desagregar los datos- la misma categor��a anal��tica a los miem- bros de las organizaciones terroristas procesados por el TOP que a los militantes de CC. OO., UGT, PCE, PSOE, activistas estudiantiles, manifestantes, etc., en su defensa de la libertad. El t��tulo de la obra y los ep��grafes de la misma inducen inconscientemente a tal situaci��n psicol��gica. 5. Evidentemente, esta afirmaci��n, que pretende hacerlas veces de titular period��stico, precisa de mu- chas matizaciones, comenzando porque habr��a que situarla en su justo t��rmino, lo que significa concretar la relaci��n de fuerzas con otros movimientos sociales sin los que tampoco se concibe la transici��n, como el obrero, el vecinal, etc. Como en cualquier sistema complejo, ninguno se puede excluir para comprender el fen��meno resultante. 6. Para referirnos a la fase abierta tras la muerte de Franco prefiero emplear la expresi��n transici��n pol��- tica a la democracia. Por razones de brevedad, utilizar�� el t��rmino transici��n a secas aunque teniendo siempre presente la tesis de que la transici��n en sentido general no comenz�� el 20 de noviembre de 1975, fecha que marca, eso s��, un punto de inflexi��n en el marco de oportunidades pol��ticas. Pasado y Memoria. Revista de Historia Contempor��nea, 5, 2006, pp. 149-170

Readership Statistics

1 Reader on Mendeley
by Discipline
 
by Academic Status
 
100% Student (Bachelor)
by Country
 
100% Spain

Sign up today - FREE

Mendeley saves you time finding and organizing research. Learn more

  • All your research in one place
  • Add and import papers easily
  • Access it anywhere, anytime

Start using Mendeley in seconds!

Already have an account? Sign in