Democracy and participation of in...
MOVIMIENTO ESTUDIANTIL ANTIFRANQUISTA, CULTURA POL��TICA Y TRANSICI��N POL��TICA A LA DEMOCRACIA Alberto Carrillo-Linares INTRODUCCI��N Resulta parad��jico que exista un consenso m��s o menos generalizado sobre la importancia del movimiento estudiantil en la lucha contra la dictadura fran- quista y en la transici��n pol��tica a la democracia, pero que, por otro lado, no se hayan realizado apenas reflexiones en profundidad sobre tal relaci��n efectu��n- dose m��s bien enunciados axiom��ticos que acaban por convertirse en afirma- ciones tautol��gicas, en ocasiones creo que no del todo bien resueltas1. El rela- tivo olvido de la lucha contra Franco en la Universidad est�� siendo solventado en los ��ltimos a��os con el desarrollo de investigaciones centradas en la materia, generalmente de ��mbito local aunque con frecuencia escasean las reflexiones te��ricas2. Quiero decir, existen meritorios estudios sobre el movimiento estu- 1. Y esto es as�� tanto entre los historiadores como entre la opini��n p��blica general. Sobre el primer colectivo baste con consultar cualquier obra actual centrada en la historia del franquismo en re- laci��n con el segundo, v��ase, por ejemplo, el resultado de la encuesta realizada con motivo de los 25 a��os del inicio de la transici��n pol��tica a la democracia, base del art��culo de AVILES FARR��, Juan, ��Veinticinco a��os despu��s: la memoria de la transici��n��, Historia del Presente, n.�� 1, (2002), pp. 88-97, en particular, p. 91, donde se hace referencia a la contribuci��n del movimiento estudiantil en el ��xito de la transici��n en orden de importancia queda relegado a la 5.a posici��n, tras el rey, los ciudadanos en general, el movimiento obrero y los medios de comunicaci��n. En el mismo n��mero de dicha revista, Ram��n Garc��a se refer��a a la ��omisi��n�� del movimiento estudiantil en la historiograf��a, junto con el movimiento campesino, aunque reconoc��a que ��quiz��s por razones sentimentales, el movimiento estudiantil ha merecido una mayor atenci��n��, pese a que distaba ��de ser satisfactoria la atenci��n prestada��. GARC��A PINERO, Ram��n, ��El obrero ya no tiene quien le escriba. La movilizaci��n social en el ��tardofranquismo�� a trav��s de la historiograf��a m��s reciente��, pp. 104-115 (las citas en pp. 112 y 115). 2. La bibliograf��a sobre el tema, incluyendo las crecientes comunicaciones en congresos -de muy variable calidad-est�� notando un buen reflujo. Desde la pionera obra de FARGA, Manuel Juan, Pasado y Memoria. Revista de Historia Contempor��nea, 5, 2006, pp. 149-170
150 Alberto Carrillo-Linares diantil en varias universidades, d��ndose por supuesto que la conflictividad per se es la garant��a de la lucha por la democracia, aunque no nos hemos detenido a explicar con precisi��n cu��l es el aporte exacto del tal movimiento a dicho fen��- meno de cambio, tanto en el terreno humano como en el de la cultura pol��tica. Algo m��s se ha reflexionado sobre la relaci��n entre el movimiento estudiantil y los llamados nuevos movimientos sociales^. Como dec��amos, una primera circunstancia llama poderosamente la aten- ci��n: la identificaci��n inexcusable entre disentimiento y transici��n. La simple oposici��n no es argumento suficiente para reconocerle la aportaci��n de cara a la transici��n puesto que pueden constituir dos realidades independientes: tambi��n Universidad y democracia en Espa��a (30 a��os de lucha estudiantil), M��xico, 1969, pasando por el cl��sico estudio de MARAVALL, Jos�� Mar��a, Dictadura y disentimiento pol��tico. Obreros y estudiantes bajo el franquismo, Madrid, 1978 y el de GlNER, Salvador, ��Libertad y poder pol��tico en la Universidad espa��ola: el movimiento democr��tico bajo el franquismo��, en PRESTON, Paul, Espa��a en crisis: evo- luci��n y decadencia del r��gimen de Franco, M��xico, 1978, pp. 303-355, hasta la actualidad, se ha de- tectado una evoluci��n positiva en el n��mero de t��tulos, especialmente en los dos ��ltimos lustros, una circunstancia que merecer��a alg��n estudio de cuantificaci��n. Una caracter��stica es com��n a la mayor��a (no todos) de los autores que se han centrado en el tema (ya desde la publicaci��n de los n��meros 1 y 2 de la revista Materiales en 1977): vivieron en primera persona, casi todos como militantes, el fen��meno que describen. Sin ��nimo de ser exhaustivo -y pido disculpas por esta extensa nota-, existen investigaciones para Canarias (D��NIZ RAM��REZ, Francisco A., La protesta estudiantil: estudio sociol��gico e hist��rico de su evoluci��n en Canarias, Madrid, [1999]), Valencia (SANZ D��AZ, Benito y RODR��GUEZ BELLO, Ram��n Ignacio (eds.), Memoria del antifranquismo. La Universidad de Valencia bajo d franquismo. 1939-1975, Valencia, 1999 y SANZ D��AZ, Benito, Rojos y dem��cratas. La oposici��n al franquismo en la Universidad de Valencia, 1939-1975, Valencia, 2002), Catalu��a (COLOMER I CALSINA, Josep M., Els estudiants de Barcelona sota el franquisme, Barcelona, 1978, 2 vols.), Madrid (VALDELVIRA GONZ��LEZ, Gregorio, El movimiento estudiantil en la crisis del franquismo. La Universidad Complutense (i973-1976), Madrid, 1992 y ��LVAREZ COBELAS, Jos��, En- venenados de cuerpo y alma. La oposici��n universitaria al franquismo en Madrid (1939-1970), Madrid, 2004), Valencia (tesis doctoral de RODR��GUEZ TEJADA, Sergio, Dictadura franquista y movimiento estudiantil en la Universidad de Valencia, 2005) o Sevilla (RUBIO MAYORAL Juan Luis, Disciplina y rebeld��a. Los estudiantes en la Universidad de Sevilla, (1939-1970), Sevilla, Universidad, 2005), y mis propias investigaciones. A ello habr��a que sumarle las comunicaciones en diversos congresos y obras de car��cter m��s general que aluden al tema, que se han referido a ��mbitos locales del movimiento estudiantil (C��diz, Catalu��a, Galicia, Granada, Madrid, M��laga, Murcia, Sevilla, Pa��s Vasco, Valencia, Valladolid, etc.) o aspectos parciales (organizaciones, huelgas, fechas simb��licas, represi��n, sociolog��a, etc.). Muy pocos autores han intentado realizar una historia general del movimiento estudiantil durante el franquismo (PALAZUELOS, Enrique, Movimiento estudiantil y democratizaci��n de la Universidad, Madrid, 1978 VALDELVIRA [GONZ��LEZ], Gregorio, La oposici��n estudiantil al franquismo, Madrid, 2006). Pese a las alusiones que, en ��stos, se hacen a algunos distritos que no fueran Madrid y Barcelona, siguen siendo historias de dichas universidades y las conclusiones est��n muy condicionadas por la din��mica interna en las mismas. As�� las cosas, creo que sigue quedando pendiente esta tarea a riesgo de acabar confundiendo la historia general del movimiento estudiantil espa��ol con la de los distritos madrile��o y catal��n. 3. Cfr. P��REZ LEDESMA, Manuel, ����Cuando lleguen los d��as de la c��lera��: movimientos sociales, teo- r��a e historia��, en W . AA. Problemas actuales de la historia (Terceras Jornadas de Estudios Hist��ricos), Salamanca, 1993, pp. 141-187, [publicado posteriormente en Zona Abierta, n.�� 69, (1994), pp. 51- 120] y del mismo autor: ��Los nuevos movimientos sociales y la Historia del Tiempo Presente��, en D��AZ BARRADO, Mario P. (coord.), Historia del Tiempo Presente. Teor��a y metodolog��a, Badajoz, 1998, pp. 63-77 as�� como ����Nuevos�� y ��viejos�� movimientos sociales en la transici��n��, en MOLI- NERO, Carme (ed.), La transici��n, treinta a��os despu��s, Barcelona, 2006, pp. 117-151. Pasado y Memoria. Revista de Historia Contempor��nea, 5, 2006, pp. 149-170
Movimiento estudiantil antifranquista, cultura pol��tica y transici��n pol��tica a la... 151 se opusieron organizaciones terroristas como ETA, GRAPO, FRAP, partidos pol��ticos que abogaban por sistemas de partido ��nico y cercenaban la libertad (MCE, ORT, PTE, PCE(M-L), LCR, PCE(R), falangistas disidentes nost��lgicos de Jos�� Antonio y su pensamiento revolucionario, etc. Esto es, no hay una relaci��n directa y necesaria entre oposici��n y transici��n pol��tica, tal y como se suele enunciar, puesto que hab��a posiciones revolucionarias que en nada secundaban el cambio que se experimentaba, aunque hubieran tenido un papel fundamental en el desgaste estrat��gico del r��gimen dictatorial que hizo inv��able su continui- dad4. Pero de ning��n modo esto supone una aportaci��n concreta. En el presente art��culo intentar�� esbozar un cuadro de an��lisis en el que tendr�� en cuenta tanto el marco general en el que se desenvolvi�� el movimien- to estudiantil como algunas de las aportaciones concretas (en un doble sentido) que hizo de cara a la transici��n, sin perder de vista la cultura pol��tica de la que bebieron y al tiempo, forjaron los estudiantes, una de las piedras claves en la transici��n, junto con su propio perfil social. En definitiva, la tesis b��sica que se defiende es la siguiente: el movimiento estudiantil fue un pilar cardinal de cara a la transici��n pol��tica y, me atrever��a a decir m��s, en t��rminos profundos, la transici��n se coci�� en la Universidad m��s que en ning��n otro lugar5. Para en- tender esta afirmaci��n en toda su dimensi��n, es preciso partir de un supuesto b��sico: antes de la transici��n pol��tica a la democracia existi�� una transici��n social que implic�� una transformaci��n profund��sima de la cultura pol��tica, sin la que no hubiera sido posible, de ninguna manera, el proceso t��cnico que llev�� de la dictadura a la democracia6. Por lo tanto, el concepto te��rico esencial sobre el que se sostuvo el cambio fue el de cultura pol��tica que rompi�� de lleno con la construida, fomentada y que pretend��a dejar en herencia el propio franquismo. Y esto es as��, sobre todo a la vista de un hecho irrefutable: ning��n movimiento social consigui�� derribar di- rectamente al r��gimen y Franco muri�� en la cama. El valor de dichos movimien- tos, por lo tanto, se halla en otro lugar. As�� pues, me centrar�� en tres vectores, 4. Cito dos casos a modo de ejemplo que son suficientemente significativos: Consuelo Laiz parece entender que ETA conformaba un partido pol��tico semejante al PTE, LCR, ORT, etc., al incluirlo como tal en La Lucha final. Los partidos de la izquierda radical ��mame la transici��n espa��ola, Madrid, 1995. DEL ��GUILA, Juan Jos��, en El TOE La represi��n de la libertad (���1963-4977), Barcelona, 2001, aca- ba otorgando te��ricamente -por no desagregar los datos- la misma categor��a anal��tica a los miem- bros de las organizaciones terroristas procesados por el TOP que a los militantes de CC. OO., UGT, PCE, PSOE, activistas estudiantiles, manifestantes, etc., en su defensa de la libertad. El t��tulo de la obra y los ep��grafes de la misma inducen inconscientemente a tal situaci��n psicol��gica. 5. Evidentemente, esta afirmaci��n, que pretende hacerlas veces de titular period��stico, precisa de mu- chas matizaciones, comenzando porque habr��a que situarla en su justo t��rmino, lo que significa concretar la relaci��n de fuerzas con otros movimientos sociales sin los que tampoco se concibe la transici��n, como el obrero, el vecinal, etc. Como en cualquier sistema complejo, ninguno se puede excluir para comprender el fen��meno resultante. 6. Para referirnos a la fase abierta tras la muerte de Franco prefiero emplear la expresi��n transici��n pol��- tica a la democracia. Por razones de brevedad, utilizar�� el t��rmino transici��n a secas aunque teniendo siempre presente la tesis de que la transici��n en sentido general no comenz�� el 20 de noviembre de 1975, fecha que marca, eso s��, un punto de inflexi��n en el marco de oportunidades pol��ticas. Pasado y Memoria. Revista de Historia Contempor��nea, 5, 2006, pp. 149-170