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Medios de comunicación, anorexia y bulimia. La difusión mediática del ‘anhelo de delgadez’: un análisis con perspectiva de género

by Juan F Plaza
Icono 14 Revista de Comunicación audiovisual y NN Tecnologías (2010)
  • ISSN: 16978293

Abstract

En las últimas décadas han aumentado exponencialmente los casos de anorexia, bulimia y otros trastornos alimenticios, especialmente en las adolescentes. Aunque las causas de estos desórdenes son múltiples, la investigación científica ha probado la influencia de los medios de comunicación y otros factores socioculturales en la sintomatología de los trastornos de la alimentación. Los mensajes de los medios destacan insistentemente la belleza y la delgadez como signos de prestigio y éxito social para las mujeres. En este artículo analizamos desde una perspectiva de género la construcción de una nueva mística de la feminidad asociada a la apariencia y al anhelo de delgadez, y su relación con los desórdenes alimenticios. During the last decades, cases of anorexia, bulimia and other eating disorders have increased exponentttially, especially among adolescents. Although causes of these disorders are varied, scientific research has tested the influence of the media and other sociocultural factors in the symptomatology of eating disorders. Media messages repeatedly emphasize the beauty and thinness as a sign of prestige and social success for women. In this article, we analyze how is built a new mystique of femininity from a gender perspective, associated with the appearance and the desire for thinness, and their relationship to eating disorders.

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Medios de comunicación, anorexia y bulimia. La difusión mediática del ‘anhelo de delgadez’: un análisis con perspectiva de género








A8/ESP – REVISTA DE COMUNICACIÓN Y NUEVAS TECNOLOGÍAS – ISSN: 1697 - 8293
REVISTA ICONO 14, 2010, Esp. Año 8, pp. 62-83. ISSN 1697-8293. Madrid (España)
Juan F. Plaza: Medios de comunicación, anorexia y bulimia
Recibido: 24/02/2010 – Aceptado: 14/04/2010
A8/E REVISTA ICONO 14 – Año 8/ESP – pp. 62/83 | 10/2010 | REVISTA DE COMUNICACIÓN Y NUEVAS TECNOLOGÍAS | ISSN: 1697–8293
C/ Salud, 15 5º dcha. 28013 – Madrid | CIF: G - 84075977 | www.icono14.net

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MEDIOS DE
COMUNICACIÓN,
ANOREXIA Y BULIMIA
La difusión
mediática del
‘anhelo de delgadez’:
un análisis con
perspectiva de género
Juan F. Plaza
Profesor
Facultad de Comunicación. Facultad de Comunicación.
Universidad Pontificia de Salamanca. Henry Collet, 90-98,
37007, Salamanca (España) - Telf.: (+34) 923282750 – Email:
jfplazasa@upsa.es – Web: www.upsa.es

Resumen
En las últimas décadas han aumentado exponencialmente los casos de
anorexia, bulimia y otros trastornos alimenticios, especialmente en las
adolescentes. Aunque las causas de estos desórdenes son múltiples, la
investigación científica ha probado la influencia de los medios de co-
municación y otros factores socioculturales en la sintomatología de los
trastornos de la alimentación. Los mensajes de los medios destacan
Palabras clave
Anorexia, bulimia, trastornos
alimenticios, medios de comunicación,
género, perspectiva de género
Key Words
Anorexia, bulimia, eating disorders,
mass media, gender, gender perspective
Abstract
During the last decades, cases of
anorexia, bulimia and other eating
disorders have increased expo-
nentttially, especially among adoles-
cents. Although causes of these
disorders are varied, scientific
research has tested the influence of
the media and other sociocultural
factors in the symptomatology of
eating disorders. Media messages
repeatedly emphasize the beauty and
thinness as a sign of prestige and social
success for women. In this article, we
analyze how is built a new mystique of
femininity from a gender perspective,
associated with the appearance and the
desire for thinness, and their relation-
ship to eating disorders.
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insistentemente la belleza y la delgadez como signos de prestigio y éxito social para las mujeres.
En este artículo analizamos desde una perspectiva de género la construcción de una nueva místi-
ca de la feminidad asociada a la apariencia y al anhelo de delgadez, y su relación con los desórde-
nes alimenticios.
Introducción
Cada año 150.000 mujeres estadounidenses
mueren de anorexia, según la Asociación
de Bulimia y Anorexia (Wolf, 1991). En
las adolescentes, la anorexia es la tercera
enfermedad crónica más frecuente, tras la
obesidad y el asma. Distintas investigacio-
nes en Europa y Estados Unidos revelan
grados importantes de insatisfacción con la
apariencia y el propio cuerpo entre adoles-
centes de los dos sexos, especialmente
entre mujeres, con porcentajes del 40% de
las chicas y el 18% de los chicos (Knauss,
Paxton y Alsaker, 2008). Un meta-análisis
reciente de la Universidad de Wisconsin-
Madison en el que se han examinado más
de 100 estudios que relacionan la exposi-
ción a los medios de comunicación, la
insatisfacción corporal de las mujeres, la
internalización de la delgadez ideal y los
desórdenes alimenticios explica que
aproximadamente el 50% de las chicas
preuniversitarias dicen estar insatisfechas
con sus cuerpos. Este sentimiento no sería
trascendente si no tuviera consecuencias: la
investigación ha identificado la insatisfac-
ción con el propio cuerpo como uno de los
más consistentes factores de riesgo de
padecer trastornos de la conducta alimen-
taria (Grabe, Ward y Hyde, 2008).
Los distintos trabajos científicos a los que
haremos referencia más adelante establecen
conexiones entre diferentes trastornos
alimentarios y la percepción del propio
cuerpo, la autoestima, el ideal de delgadez
imperante en una sociedad y otros factores
de carácter sociocultural. Los medios no
son, obviamente, los únicos agentes socio-
culturales que difunden y sustentan un
determinado concepto de belleza, un
patrón estético de delgadez más o menos
inalcanzable o, en general, un modelo
ejemplar de figura, pero su importancia
por su penetración social y por la credibili-
dad que le otorgan los y las adolescentes (el
grupo de mayor riesgo en enfermedades
del comportamiento alimenticio) hace que
sean punto de mira no sólo en el debate
público no especializado, sino también en
el estudio científico de la anorexia y la
bulimia, en el que en no pocos trabajos ha
considerado a los medios como una varia-
ble influyente más.

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Objetivos
Presentar las evidencias científicas acerca
del papel de los discursos de los medios de
comunicación de masas en el inicio, acele-
ración y desarrollo de la anorexia y la bu-
limia. Determinar las relaciones entre la
delgadez normativa como valor supremo y
su asociación al éxito personal y social,
especialmente para las mujeres. Analizar
críticamente los mensajes de los medios
acerca de la belleza y el cuerpo desde una
perspectiva de género.
Metodología
Tras realizar una revisión bibliográfica de
las últimas investigaciones relativas a la
importancia de los factores socioculturales
(y, específicamente, de los medios de ma-
sas) en el desarrollo de la anorexia y la
bulimia, se establecerán conexiones teóri-
cas que nos sirvan de marco de análisis para
entender las relaciones entre la imagen y el
cuerpo ideales, la diferente (y asimétrica)
socialización de varones y mujeres en lo
que se refiere a la apariencia física y los
desórdenes alimenticios.
1. Adolescencia, anorexia, bulimia y
medios de comunicación
¿Qué papel juegan los medios de comuni-
cación social en el desarrollo de los tras-
tornos alimenticios? ¿Son la causa de en-
fermedades como la anorexia y la bulimia o
son un desencadenante, o más bien un
acelerador, como la gasolina en un incen-
dio? Es difícil afirmar taxativamente una
correspondencia causa-efecto entre los
discursos e imágenes sobre el cuerpo y la
delgadez de los medios de comunicación y
los desórdenes alimenticios, pero parece
evidente que estos son el principal vehículo
de difusión de aspiraciones estéticas inal-
canzables para la mayoría de las mujeres y
de los varones. Además, no hay que obviar
que en torno al ideal de delgadez occiden-
tal se ha constituido un mercado con una
importante cantidad de intereses económi-
cos, presentes también en los media: reme-
dios farmacéuticos, remedios naturales, la
industria de la moda y la cosmética, etc.
Detrás de un imperativo estético suele
haber casi siempre una compleja maquina-
ria comercial, publicitaria y mediática
(Ventura, 2000).
La preocupación social por los desórdenes
de la conducta alimentaria va en aumento,
aunque en los últimos años se ha logrado
comprender mejor y tratar con eficacia
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algunos de las más importantes, como la
anorexia o la bulimia. Sin embargo, están
muy activas las discusiones sobre los oríge-
nes de estas enfermedades: por ejemplo,
sobre el peso que tienen los factores bio-
lógicos (predisposiciones genéticas, espe-
cialmente) frente a los factores sociocultu-
rales. Incluso algunos autores discuten la
propia denominación de trastornos de la
conducta alimentaria para englobar un
conjunto heterogéneo de enfermedades
relacionadas con los hábitos alimenticios,
aunque no es este el lugar para discutir
sobre esta terminología. En este artículo
trataremos en exclusiva la anorexia y la
bulimia, y presentaremos las evidencias
científicas acerca del papel de los discursos
mediáticos en el inicio, aceleración y desa-
rrollo de estas enfermedades.
Como explica Josep Toro (1996) en El
cuerpo como delitoi, en todas las culturas se
han llevado a cabo procesos para modificar
alguna característica corporal, pero nunca
hasta el mundo moderno se ha pretendido
aumentar el atractivo socio-sexual median-
te la reducción o disminución de las dimen-
siones globales del cuerpo. Y es que el
anhelo de delgadez y la voluntad de lograr
una complexión diferente a través del con-
trol de la alimentación son claves para
comprender enfermedades como la ano-
rexia:
“La anorexia nerviosa es un trastorno del
comportamiento alimentario caracterizado
por una pérdida significativa del peso corpo-
ral (superior al 15%), habitualmente fruto
de la decisión voluntaria de adelgazar. El
adelgazamiento se consigue suprimiendo o
reduciendo el consumo de alimentos, espe-
cialmente „los que engordan‟, y con cierta
frecuencia mediante vómitos autoinducidos,
uso indebido de laxantes, ejercicio físico
desmesurado, consumo de anorexígenos y di-
uréticos, etc.” (Toro, 1996: 7).
Por su parte, la bulimia nerviosa es un
―trastorno del comportamiento alimentario
caracterizado por la presencia de episodios
críticos en los que la persona afectada in-
giere cantidades de alimento significativa-
mente superiores a lo que es normal ingerir
en circunstancias similares‖ (Toro, 1996:
11). También en este desorden aparece la
sensación de pérdida de control sobre los
hábitos alimenticios.
La adolescencia es una etapa crítica en la
construcción de una identidad personal
global (y, por lo tanto, también en la for-
mación de una identidad de género, más o
menos coherente con los cánones sociales
establecidos). Una época de cambio como
ésta es también un momento de zozobra,
en el sentido de que los y las adolescentes
tienen una sensación de gran descontrol
interno de muchas de las transformaciones
que sufren, a la vez que caminan con incer-
tidumbre hacia una madurez que no saben
qué les deparará. Por estas razones, tratan
de imponer el control, no siempre con
éxito, como mecanismo de dominio sobre
lo que le angustia. Así, muchas veces la
comida se convierte en algo tangible que
permite manipulación y que viene a repre-
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sentar lo que el adolescente, mujer o
varón, querría controlar: su imagen como
ideal (López Fuentetaja y Castro Masó,
2007).
Conformar una identidad es a la vez un
proceso individual y relacional: supone
tener conciencia de ser uno mismo y, a su
vez, de ser distinto a los demás. En este
camino de definición personal todos los
factores referidos a la imagen corporal no
son secundarios, ni mucho menos algo
baladí: ―No hay forma de imaginar quiénes
somos, ni siquiera nosotros mismos, sin
una imagen corporal. Ni en las descripcio-
nes más espirituales es posible representar
a alguien sin un cuerpo y un rostro‖ (López
Fuentetaja y Castro Masó, 2007: 31). Más
aún, los distintos mecanismos de socializa-
ción imponen los referentes de los ideales
de belleza que van a influir ―no sólo en la
construcción de la autoimagen y satisfac-
ción corporal, sino también en el carácter
de las relaciones entre los sexos, e incluso
en el significado y experiencia de la sexua-
lidad‖ (Pastor Carballo, 2004: 222).
En los medios de comunicación aparecen
continuamente prototipos de belleza y
comportamiento para las y los jóvenes,
figuras ideales, modelos deseados y desea-
bles que proponen un determinado canon
estéticoii. La mayoría de los contenidos de
las revistas dirigidas a mujeres adolescentes
están protagonizados por famosas de la
música, el cine o el deporte, que son pro-
puestas como referentes. Precisamente, en
cuanto a los personajes famosos, Liebes (en
Huertas y França, 2001) plantea la siguien-
te hipótesis: la redefinición de la identidad
durante la adolescencia es un proceso de
negociación en el que la subjetividad se
construye a través de modelos; en concre-
to, a través del diálogo entre los prototipos
de los medios y las experiencias propias.
Pero el esfuerzo que hacen las chicas no es
sólo para alcanzar un canon estético con-
creto: el fin último de tener un determina-
do aspecto, un determinado cuerpo, es la
aceptación social. Ser atractiva es una de las
condiciones imprescindibles del éxito
(Plaza, 2007), y para las adolescentes me-
rece la pena si la recompensa es la acepta-
ción social, por grandes que sean las renun-
cias y los esfuerzos. Toro (1996) relata el
origen de los primeros trastornos alimenti-
cios de los que se tiene noticia en Occiden-
te, referidos a tremendos ayunos que en
casi todas las ocasiones ocasionaban la
muerte, sacrificios ofrecidos a Dios, en la
mayoría de los casos protagonizados por
mujeres. Dice este autor que el ayuno y la
abstinencia de anoréxicos y bulímicos se
practican ahora en función de la belleza
corporal y la aceptación social y añadimos
que, quizá, son estas características las que
ahora se colocan en los altares, las que se
divinizan y son, por tanto, merecedoras de
cualquier sacrificio.
En cualquier caso, desde hace casi dos
siglos los medios de comunicación se con-
vierten en los principales promotores de
patrones estéticos; más aún, son partícipes
importantísimos de un fenómeno de homo-
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geneización de las identidades de género en
Occidente. No se puede obviar (y por eso
le dedicaremos un capítulo en este artículo)
que las mujeres son las principales afectadas
por la anorexia y la bulimia (10 a 1 frente a
los varones); y, desde luego, salvadas las
explicaciones biologicistas, que en caso de
comprobarse científicamente sólo esclare-
cen parcialmente el problema, es necesario
recurrir a una interpretación crítica desde
una perspectiva de género que nos ayude a
entender por qué las mujeres (especial-
mente adolescentes) son víctimas mayorita-
rias de los trastornos de la conducta ali-
menticia, estrechamente ligados, como
explicábamos, a la percepción de la delga-
dez ideal, la insatisfacción con el propio
cuerpo y la exposición a los medios de
comunicación.
2. Factores socioculturales y trastornos
alimenticios
Las causas por las cuales un adolescente,
varón o mujer, enferma de anorexia o de
bulimia son múltiples. Es probable que
existan agentes genéticos predisponentes,
aunque la investigación científica apunta
que en la bulimia los condicionantes bio-
lógicos son más importantes que en la
anorexia. Lo que es innegable es la influen-
cia en los trastornos de la conducta alimen-
ticia de distintos factores socioculturales:
los hábitos alimenticios, los modelos de los
medios de comunicación, los valores aso-
ciados a la idea estética de la delgadez, la
presión social ante el fenómeno de la belle-
za, etc.
Josep Toro (1996) ha dedicado su obra El
cuerpo como delito: anorexia, bulimia, cultura y
sociedad precisamente a analizar la trascen-
dencia de los factores socioculturales en la
explicación de los desórdenes alimenticios.
El autor zanja desde el principio la discu-
sión (un tanto maniquea) entre naturaleza y
cultura como dos fuerzas opuestas y exclu-
yentes, argumentando que los trastornos
de la alimentación, especialmente anorexia
y bulimia, son cuadros complejos y multi-
causados, y afirmando la trascendencia de
poner a los fenómenos culturales en su
justo lugar, como ―importantísimos, que
no exclusivos, agentes predisponentes,
precipitantes y mantenedores de esas (…)
enfermedades‖ (Toro, 1996: 7).
Pero el hecho de que algunas personas
puedan estar predispuestas genéticamente
o tengan un riesgo mayor de padecer algún
trastorno alimenticio no justifica el incre-
mento imparable de estos desórdenes, su
circunscripción casi exclusiva a la cultura
occidental (con sus valores, su idea de
cuerpo ideal, su presión para conseguir la
belleza…) y, lo que nos parece más tras-
cendente, su mayor influencia en las muje-
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res (10 a 1 frente a los varones; 15 a 1
según otras fuentes). Así, para terminar
esta discusión, Toro dice taxativamente:
―En efecto, ciertos fenómenos sociocultu-
rales son intrínsecos a la génesis de la ano-
rexia, la bulimia y otras anomalías afines.
Es más, sin ellos con seguridad no existiría
la actual ‗epidemia‘, y, además, probable-
mente ni la anorexia ni la bulimia revestir-
ían su actual morfología, su presentación
contemporánea‖ (1996: 7).
2.1. La difusión
mediática del ideal
de delgadez
Los medios de comunicación de masas
difunden los patrones estéticos imperantes
en Occidente, en los que la delgadez es, sin
lugar a dudas, uno de los valores funda-
mentales. Los contenidos referidos a la
moda y al cuidado corporal ocupan un
espacio preeminente en las revistas femeni-
nas. En el caso de las publicaciones dirigi-
das a chicas adolescentes, además, los fa-
mosos y las famosas (que también respon-
den a un determinado prototipo estético)
se configuran para las más jóvenes como
arquetipos de belleza y de comportamiento
deseados y deseables (Plaza, 2005).
“Todas estas modelos corporales de nuestra
peculiar cultura constituyen a ojos de mu-
chas mujeres y la mayoría de las jovencitas
la quintaesencia de la belleza y el éxito.
Aparecen en todos los medios de comunica-
ción rodeadas del prestigio social que sólo
otorga la reverencia masiva de las gentes,
provocadas y azuzadas por los comerciantes
en modas ayudados por inteligentísimas
campañas de mercadotecnia, de promoción y
lanzamiento publicitario” (Toro, 1996:
243).
¿Cuál es la responsabilidad de los medios
de comunicación? Consciente o inconscien-
temente, son un factor en el desarrollo y
mantenimiento de los trastornos de la
alimentación y los desórdenes relacionados
con la imagen. Como mostraremos más
adelante, distintos estudios vinculan direc-
tamente la exposición a los medios y la
experimentación de sintomatología alimen-
taria, mediada por la interiorización de las
presiones culturales.
Desde nuestro punto de vista, es impres-
cindible evaluar la transmisión social de los
valores corporales desde una perspectiva de
género. Como dice Rosa Pastor (2004:
230):
“La presión cultural de los modelos ideales
sobre la belleza y el atractivo repercute en la
auto-imagen de varones y mujeres, causando
efectos [diferenciales] en las estrategias de
acercamiento entre los sexos, pero también
origina graves desajustes en la valoración de
la propia imagen, en cuyo origen pueden es-
tar importantes trastornos psicológicos”.
Así, las influencias socioculturales pueden
ser un buen predictor de la insatisfacción
de varones y mujeres, aunque los varones
tienen una mayor facilidad para ignorar las
presiones sociales en torno al cuerpo (algu-
nas de ellas, al menos) frente a la mayor
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vulnerabilidad de las mujeres. Volveremos
sobre esta idea más adelante.
Qué duda cabe que las revistas femeninas
están en el punto de mira por su responsa-
bilidad en la difusión de determinados
patrones estéticos y la exaltación de algu-
nos valores relacionados con el culto al
cuerpo y la veneración de la delgadez como
bien supremo. Es verdad que, en cierta
medida, las revistas no inventan esos valo-
res: propagan unos ideales que ya existen.
Pero es igualmente cierto que éstas forman
parte de un entramado comunicativo en el
que es abrumadora la presencia de esos
ideales, en donde se produce una repeti-
ción continua y a través de diferentes me-
dios de los mensajes acerca de la imagen
personal, que además suelen estar asocia-
dos a cuestiones emocionales y de identi-
dad; igualmente, los medios adolecen de
patrones corporales alternativos que tengan
éxito, alejados del estándar delgado impe-
rante.
Y es que delgada y éxito son palabras sinó-
nimas. La delgadez se asocia a elegancia, a
prestigio. Ropa elegante y figura elegante
son, en el imaginario simbólico, iguales a
delgadez. Cuidar el cuerpo supone estar
delgada. Quien no está delgada no puede
llevar ropa de prestigio. Y estas asociacio-
nes suelen estar alejadas de cualquier re-
flexión racional y, más bien, forman parte
de un elenco de creencias y sentimientos
profundamente sentidos e interiorizados
que, de hecho, muchas veces gobiernan
nuestras vidas. Los mensajes sobre belleza y
moda suelen utilizar un lenguaje emotivo,
impresionista, poco argumentativo, pero
muy eficaz.
Por supuesto, los medios de comunicación
en general y las cabeceras dirigidas a muje-
res se defienden de estas acusaciones. Ale-
gan que no son responsables de las decisio-
nes que (¿libremente?) toman las chicas y
las mujeres adultas, y argumentan que no
está demostrada la relación causa-efecto
entre, por ejemplo, las campañas de publi-
cidad y la anorexia. Igualmente, declaran
que hacen esfuerzos cada vez mayores por
que la información sobre los trastornos
alimenticios se incremente y sea y de una
mayor calidad, evitando (con desigual
éxito) frivolidades en estas informaciones.
De la misma forma, algunas publicaciones
intentan explícitamente ofrecer modelos
alternativos, mujeres que responden a
patrones estéticos distintos y menos peli-
grosos para la salud con las mujeres co-
rrientes puedan identificarse o proyectarse
(Argente del Castillo, 1999).
La realidad es que, como hemos explicado,
las mujeres se ven mucho más afectadas de
anorexia y bulimia que los varones, a pesar
de que a estos les interesa también su cuer-
po (aunque de otro modo). Thompson y
Heinberg (1999) recogen en su trabajo
sobre la influencia de los medios en los
desórdenes vinculados con la imagen cor-
poral y la alimentación algunas investiga-
ciones que han hallado que un 70% de las
lectoras de revistas femeninas reconocen a
estas publicaciones como una importante
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fuente de información sobre belleza y esta-
do físico. En el caso de las adolescentes, la
influencia de los patrones estéticos es ma-
yor: en la adolescencia se viven las emocio-
nes y los objetivos vitales de manera apa-
sionada. Para las chicas más jóvenes, con-
sumir medios de comunicación (revistas
especialmente) es relativamente fácil y
coherente con su cultura juvenil. La inves-
tigación científica revela que el ideal de las
modelos de belleza que admiran las chicas
tiene proporciones que son peligrosas para
la salud. Así, en la versión más extrema del
arquetipo encontraríamos una mujer con
un índice de masa corporal de 16, que
correspondería a alguien con anorexia.
El ―anhelo de delgadez‖ es, por tanto, un
factor de origen sociocultural que afecta
especialmente a las mujeres, y particular-
mente a las adolescentes. Este deseo cons-
tante, permanente e incesante de ser del-
gada provoca que muchas mujeres, jóvenes
y adultas, tengan una preocupación excesi-
va y desproporcionada por su cuerpo,
además de una percepción negativa de todo
o parte de su figura: es lo que se conoce
como trastorno dismorfofóbico (López
Fuentetaja y Castro Masó, 2007). Espe-
cialmente importante en el desvelo por la
propia imagen corporal es la preocupación
por el cuerpo como afirmación personal y
como forma de autosatisfacción para au-
mentar la autoestima, algo que tiene una
trascendencia mayor en esta etapa:
Lo que ella espera [las autoras se refieren al
caso concreto de una adolescente] de su del-
gadez es „sentirse bien‟ con ella misma, como
si ella supiera claramente quién es, y su
identidad no estuviera sostenida en este mo-
mento únicamente por su capacidad de con-
trol sobre su cuerpo. Afirma que lo que busca
es „conseguir una especie de paz para siem-
pre‟, siendo un objetivo más parecido a la
muerte que a la vida, y eso sólo lo puede lo-
grar de esa forma. Se sigue viendo gorda,
porque para ella ser gorda es lo mismo que
ser imperfecta y ésa es la versión insoportable
que tiene de sí misma (López Fuentetaja y
Castro Masó, 2007: 197).
El anhelo de delgadez no conoce fronteras
geográficas, económicas o de clase. El
colonialismo cultural de occidente, la glo-
balización de las identidades de género y la
democratización y homogeneización de la
información (y, por tanto, de la difusión de
valores comunes) a través de los medios de
masas está provocando que la anorexia, la
bulimia y otros trastornos penetren a través
de las culturas, las estructuras económicas
y los tejidos sociales. De hecho, durante
mucho tiempo la anorexia ha sido una
enfermedad occidental, además de un tras-
torno que correlacionaba con el nivel so-
cioeconómico (sólo los ricos [las ricas]
podían ―permitirse‖ ser anoréxicos). Su
manifestación, tal y como la conocemos
ahora, está estrechamente ligada al desarro-
llo de los medios de comunicación de ma-
sas, que han actuado como agentes homo-
geneizadores interclasistas de modas y
costumbres (Toro, 1996: 92). Así, el
hecho de que la anorexia y la bulimia se
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A8/E REVISTA ICONO 14 – A8/ESP – pp. 62/83 | 10/2010 | REVISTA DE COMUNICACIÓN Y NUEVAS TECNOLOGÍAS | ISSN: 1697–8293
C/ Salud, 15 5º dcha. 28013 – Madrid | CIF: G - 84075977 | www.icono14.net

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estén haciendo cada vez más frecuentes en
lugares y colectivos a los que antes apenas
afectaba no hace sino reforzar la idea de lo
importantes que son los factores sociocul-
turales en el desarrollo de estos desórde-
nes.
Thompson y Heinberg (1999) afirman que
ha sido claramente demostrado que los
medios impresos y la televisión afectan al
sentimiento individual de la imagen corpo-
ral. La exposición a las revistas y la televi-
sión puede llevar a alteraciones de la ali-
mentación, insatisfacción corporal y otros
trastornos, incluso ante exposiciones míni-
mas a estos contenidos. Knauss y colabora-
doras (2008) proponen un modelo teórico
para explicar la insatisfacción con el propio
cuerpo en chicos y chicas suizos. Como a
otros investigadores, les llama la atención
el hecho de que sean las chicas las que ma-
yores trastornos relacionados con su propia
imagen presentan y las que también revelan
una mayor preocupación por su cuerpo.
Algunos estudios dicen que la internaliza-
ción de una idea de cuerpo, de un cuerpo
modelo, y la presión que se percibe de los
medios en cuanto a ajustarse a una figura
utópica no son sólo factores predictores de
un cuerpo objetivo, sino también predicto-
res de la insatisfacción corporal en adoles-
centes y preadolescentes.
Películas, programas de televisión, revistas,
actores y actrices… muchos discursos pú-
blicos enfatizan la delgadez. Los personajes
extremadamente delgados están sobrerre-
presentados, mientras que las personas con
sobrepeso están infrarrepresentadas. De
acuerdo con algunas teorías de la comuni-
cación como, por ejemplo, la Teoría del
Cultivo, la exposición repetida a los conte-
nidos de los medios lleva a los espectadores
a aceptar las representaciones de mujeres y
hombres como representaciones de la rea-
lidadiii, es decir, que las representaciones
de la delgadez ideal pasan a ser normativas,
deseables, esperadas y aspectos centrales de
la belleza femenina (Grabe, Ward y Hyde,
2008: 460).
2.2. La investigación
científica acerca
de la influencia
de los medios en
los trastornos
alimenticios
Parece evidente que los medios de comuni-
cación son importantes en nuestras vidas.
Podemos considerarlos como agentes so-
cializadores de primer orden, como la
familia, la escuela o el grupo de pares. Por
su propia naturaleza, difunden un arsenal
extenso de historias (algunas de ficción,
otras no) a través de distintos canales.
Tienen una alta penetración en todas las
capas sociales, además de un poder de
convocatoria y de seducción innegables. Sin
embargo, y aquí viene la dificultad para
quienes pensamos sobre ellos y sus influen-
cias, es extremadamente complicado cono-
cer cuál es su verdadero influjo en la vida
de las personas.
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¿Qué impacto tienen las historias que cuen-
tan los medios en las identidades de la
gente? ¿Qué influencia tienen en la forma-
ción de nuestra personalidad y, aún más, en
nuestra definición como hombres y muje-
res, en la construcción de una identidad de
género? Los medios de masas divulgan
muchísimas imágenes y mensajes acerca de
hombres y mujeres y de sus relaciones, por
lo que es altamente improbable que estas
ideas no tengan algún impacto en nuestro
propio sentido de la identidad. Por otro
lado, parece igualmente improbable que
esos efectos sean totalmente directos,
puesto que es difícil que una persona copie
o tome prestada su identidad directamente
de una revista o de la televisión.
La dificultad para medir estos efectos no es
óbice, sin embargo, para que los medios de
comunicación sean objeto de estudio y
análisis desde distintas disciplinas. En el
caso que nos ocupa aquí, el de los factores
socioculturales asociados a la anorexia, la
bulimia y otros trastornos, ya hemos deja-
do clara cuál es la trascendencia de estos
agentes. Desde nuestro punto de vista, es
necesario completar la reflexión meramen-
te teórica (válida, pero no suficiente) con
los trabajos científicos que en los últimos
años sugieren que la exposición a los media
y la representación de un cuerpo ideal
delgado tiene algún tipo de nexo con la
imagen corporal y las alteraciones de la
imagen en las mujeres especialmente
(Castillo Pachón, 2006; Grabe, Ward y
Hyde, 2008; Guerro-Prado y Barjau
Romero, 2002; Guerro-Prado, Barjau
Romero y Chinchilla Moreno, 2001;
Knauss, Paxton y Alsaker, 2007, 2008;
Thompson y Heinberg, 1999; Toro,
1996).
De todos los estudios que podemos citar
nos parece especialmente relevante el de
Grabe, Ward y Hyde (2008), Role of the
media in body image concerns among women: A
meta-analysis of experimental and correlational
studies. En él, las autoras realizan un meta-
análisis en el que han examinado más de
100 estudios experimentales y de correla-
ción que relacionan la exposición a los
medios, la insatisfacción corporal de las
mujeres, la internalización de la delgadez
ideal y los desórdenes alimenticios.
¿Por qué este meta-análisis? Pues porque
algunos de los trabajos acerca de los posi-
bles efectos de los media en desórdenes
relacionados con la valoración negativa de
la propia imagen e incluso de la aparición o
del refuerzo de sintomatología de trastor-
nos alimenticios dejan algunas dudas, la
mayor parte de ellas metodológicas. En
realidad, aunque parece evidente que exis-
te algún tipo de nexo, no se tiene claro cuál
es la ―fuerza‖ de esa vinculación ni tampoco
por qué algunas investigaciones devuelven
resultados nulos. Una revisión en profun-
didad de los estudios científicos de las últi-
mas décadas revela la utilización de una
variedad de estímulos, medidas y metodo-
logías para un mismo fin: encontrar la
correspondencia entre la exposición a los
modelos de los medios y la percepción de
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la propia imagen. Grabe y colaboradores
hacen el esfuerzo de rescatar todas las va-
riables utilizadas y agruparlas en cuatro
grandes categorías: la insatisfacción con el
cuerpo, la autoconciencia del cuerpo, la
internalización del ideal de delgadez y los
comportamientos y creencias acerca de la
alimentación.
En su revisión encuentran dos clases de
investigaciones:
1. Trabajos que examinan las conexiones
entre el uso de los medios y las imáge-
nes de los cuerpos femeninos que han
tratado de explicar a través de experi-
mentos de laboratorio si la exposición a
distintos contenidos mediáticos sobre la
delgadez ideal incrementa la insatisfac-
ción corporal. Estos estudios, aunque
arrojan datos interesantes para entender
los efectos de los medios sobre la ima-
gen corporal pecan ―tal y como acla-
ran Grabe y sus colaboradores
(2008)― de una cierta artificialidad y,
por tanto, limitan de alguna manera su
validez externa. La mayoría de estas in-
vestigaciones han utilizado métodos ex-
perimentales para comprobar si se in-
tensifica la insatisfacción corporal fe-
menina después de exponerlas a imáge-
nes de modelos delgadas, y verificar
que no varía esta percepción ante la
contemplación de imágenes neutras.
Los resultados son concluyentes: una
parte importante de investigaciones ex-
perimentales indican que la exhibición
de prototipos míticos aumenta la insa-
tisfacción corporal y la sintomatología
de los trastornos alimenticios. Eso sí,
parece que esto es más cierto o que el
efecto es mayor en mujeres que antes
de los experimentos ya estaban insatis-
fechas con sus cuerpos.
2. Otro tipo de investigaciones con datos
correlacionales (naturalistics, los califi-
can los autores) indaga en la ligazón en-
tre el consumo de medios de las muje-
res y su insatisfacción corporal. En este
caso, los datos indican que una mayor
exposición a revistas femeninas o a pro-
gramas televisivos que muestran mode-
los con una delgadez ideal se asocia con
mayores niveles de insatisfacción cor-
poral y sintomatología de trastornos
alimenticios en mujeres y chicas jóve-
nes. Estos estudios son especialmente
valiosos cuando se combinan con resul-
tados obtenidos en situaciones reales,
no de laboratorio, y otros trabajos en
los que los sujetos dan cuenta de su uso
real de los medios.
La bondad principal a nuestro juicio de la
revisión de Grabe, Ward y Hyde es que
realizan una exhaustiva investigación sis-
temática de todas las conexiones globales
entre la delgadez ideal que muestran los
medios, la insatisfacción corporal, la inter-
nalización de los modelos de delgadez y los
comportamientos y creencias sobre la ali-
mentación. Los resultados de su meta-
análisis muestran asociaciones consistentes
entre las variables que se emplean en los
distintos estudios analizados, por lo que
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queda clara así la idea de que existen rela-
ciones científicamente probadas entre las
representaciones de un cuerpo delgado y
las alteraciones y vulnerabilidades de las
mujeres vinculadas con su figura.
En este meta-análisis se confirma la hipóte-
sis de que las mujeres expuestas a la delga-
dez mítica de los medios puntúan más alto
en las valoraciones de actitudes unidas a
anorexia, bulimia y otros desórdenes. En
cuanto a la insatisfacción con el propio
cuerpo, parece que la exposición a los
medios de comunicación está asociada con
niveles decrecientes de agrado con su as-
pecto en las mujeres.
3. La construcción de una identidad
femenina, los discursos mediáticos y
los desórdenes alimenticios. Análisis con
perspectiva de género
Si hasta ahora hemos argumentado la im-
portancia de los factores socioculturales en
el desarrollo de los trastornos relacionados
con la alimentación; si los y las especialistas
ponen en valor las presiones sociales sobre
la imagen y el cuerpo ideal y su vinculación
con la percepción del propio cuerpo y la
autoestima; y si desórdenes como la ano-
rexia y la bulimia afectan de manera priori-
taria a mujeres, parece que necesariamente
hemos de hacer alguna reflexión crítica que
conecte estas ideas con lo que social y cul-
turalmente significa para las mujeres la
apariencia y, en especial, la delgadez. Es
imprescindible, desde nuestro punto de
vista, incorporar un marco interpretativo
que ofrezca una perspectiva global, estruc-
tural; y los indicadores de género son
herramientas analíticas muy útiles de ob-
servación multidisciplinar. De esta forma,
la variable ‗género‘ se constituye en un
instrumento provechoso para el estudio de
las distintas realidades sociales y, por su-
puesto, de los contenidos de los medios de
comunicación de masas. No en vano el
concepto ‗género‘ remite a factores cultu-
rales que configuran lo que son los hom-
bres y las mujeres en el espacio social, y a
través de él se entiende lo masculino y lo
femenino como dimensiones simbólicas,
culturales y, por lo tanto, construidas,
cambiantes.
No es azaroso, por este motivo, que estos
trastornos afecten tanto y tan despropor-
cionadamente a las mujeres. Sin desdeñar
las posibles influencias biológicas (más
importantes en la bulimia que en la ano-
rexia), la valoración sociocultural del cuer-
po de la mujer (tan diferente a la valora-
ción del varón) y las presiones sociales para
que ―encajen‖ (nunca mejor dicho) en un
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determinado modelo estético hacen que
necesariamente tengamos que valorar la
relación cultura-imagen-cuerpo-feminidad.
La estimación social y personal del cuerpo
está drásticamente determinada por la
cultura ambiental y, desde luego, los desfa-
ses entre el canon propuesto y el personal
son fuente de malestar y ansiedad.
Rosa Pastor (2004: 218) explica que ―el
cuerpo, que forma parte fundamental de
nuestro imaginario y configura nuestra
identidad, es significado de forma genéri-
ca‖, esto es, que la cultura occidental ofre-
ce definiciones distintas (y asimétricas) de
lo que supone un cuerpo de mujer o de
varón. En cierta medida, el ―cuerpo generi-
zado‖ es un soporte que reproduce las
relaciones de desigualdad entre los sexos;
se define corporalmente a hombres y muje-
res en oposición y asimetría (Pastor
Carballo, 2004: 219). La identidad de
género es el resultado de un proceso evolu-
tivo por el que se interiorizan las expectati-
vas y normas sociales relativas al dimorfis-
mo sexual, y hace referencia al sentido
psicológico del individuo de ser varón o
mujer con los comportamientos sociales y
psicológicos que la sociedad designa como
masculinos o femeninos (Martínez Benlloch
y Bonilla Campos, 2000: 90). Desde este
punto de vista, las personas extraemos
información para construir nuestra identi-
dad de género de múltiples fuentes, entre
las que se encuentran los medios de comu-
nicación.
En ese proceso de formación de una identi-
dad, en el que están implicados factores
cognitivos, emocionales y relacionales, es
fundamental la construcción de la propia
imagen, la visión global de quién es uno o
una. Nuestro cuerpo y nuestro rostro son
nuestra primera ―carta de presentación‖. En
el caso de las mujeres, apariencia y femini-
dad han ido históricamente muy estrecha-
mente unidas. La ―mística de la feminidad‖
de la que hablaba Betty Friedan pasa ac-
tualmente, entre otras cosas, por la vorági-
ne de lograr una belleza que cada vez pre-
senta exigencias más grandes.
3.1. Identidad y
belleza: ¿una cárcel
para las mujeres?
Esta mística de la feminidad ha estado aso-
ciada a la consecución de una suerte de
―domesticidad virtuosa‖ (Wolf, 1991), y
era ése el valor social básico de la mujer;
ahora es el mito de la belleza el nuevo valor
principal para las mujeres, la lucha perma-
nente (y siempre fallida) por una belleza
virtuosa. Estar siempre bella es la condi-
ción primera del éxito, algo que se con-
vierte en mito, en cárcel de oro, una qui-
mera que ejerce labores de control social.
En palabras de Naomi Wolf (1991: 13):
―Pasada una generación, ¿se sienten libres
las mujeres? Las mujeres ricas, educadas y
liberadas del Primer Mundo, las que gozan
de libertades que nunca antes estuvieron al
alcance de una mujer, no se sienten tan
liberadas como desearían‖.
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Wolf (1991: 55) aclara que antes de que las
mujeres se incorporasen masivamente al
mercado laboral sólo unas pocas ejercían
profesiones en las que se las remuneraba
explícitamente por su belleza (por cierto,
profesiones poco respetadas, en general):
modelos, actrices, bailarinas y acompañan-
tes. Lo que sucede en la actualidad es que
para las mujeres ser-estar bellas es un re-
quisito imprescindible en profesiones y
oficios muy alejados de las tradicionales
profesiones de exhibición. ―Profesional
pero femenina‖ (femenina quiere decir, en
realidad, ―atractiva‖) es, por ejemplo, un
leitmotiv en las revistas dirigidas a mujeres.
Desde hace varios años el filósofo José
Antonio Marina sigue periódicamente estas
publicaciones para averiguar cómo van
cambiando los estereotipos femeninos, y
no deja de llamarle la atención su obsesivo
interés por la belleza. Dice Marina que los
mensajes que se les dan a las mujeres son
contradictorios, porque se las llama a la
liberación mediante la sumisión:
“La belleza se convierte en modo de afirma-
ción de la voluntad femenina. Y también,
por supuesto, en fuente de frustración per-
manente, porque no hay nada más sometido
al fracaso que las dietas de adelgazamiento”
(Marina, en Ventura, 2000: 16).
En este sentido, hay cientos de ejemplos en
las revistas femeninas que vinculan aparien-
cia e identidad, y, por supuesto, delgadez
con identidad. Por ejemplo, algunos de los
artículos que aparecen en estas publicacio-
nes relacionan un cambio de look, un cam-
bio de apariencia, con nuevas oportunida-
des en la vida o con una mayor autoestima.
Un lector neófito de las cabeceras dirigidas
a mujeres podría pensar que cuando las
mujeres quieren cambiar de vida… adelga-
zan.
Pero ¿por qué a los varones les interesa su
figura igual que a las mujeres y, sin embar-
go, caen menos en la anorexia? Josep Toro
(1996) explica que la anorexia en hombres
y mujeres es distinta, por ejemplo, porque
los varones anoréxicos son mayoritaria-
mente obesos antes de iniciar su trastorno,
frente a un porcentaje pequeño de chicas
que lo son. Además ―insiste este psiquia-
tra― los chicos suelen ser más deportistas
y no buscan exactamente una complexión
delgada, sino estar atléticos, ya que el este-
reotipo masculino está definido por la
amplitud torácica y la imagen de fuer-
za/potencia física. Los varones experimen-
tan desde pequeños mayor presión social
para hacer ejercicio físico (―moldeamiento
activo‖), frente a las chicas, que suelen
practicar lo que Toro llama la ―decoración
pasiva‖ de sus cuerpos. Aunque las expre-
siones que emplea Toro pueden ser más o
menos discutibles, más o menos afortuna-
das, su argumentación nos conduce, de
nuevo, a argumentos no biológicos (socio-
culturales) y, necesariamente, a un plan-
teamiento crítico desde una perspectiva de
género. Es evidente que la percepción
social del cuerpo femenino y del varonil no
es la misma:
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“(…) Mientras que las acciones de un hom-
bre señalan los hitos de su historia personal,
se nos ha hecho creer que la identidad de
una mujer está vinculada intrínsecamente a
la percepción del cuerpo: la suavidad o aspe-
reza de la piel, el pecho, la sexualidad, la
maternidad, la crianza, las arrugas, el enve-
jecimiento, son aspectos que las mujeres inte-
riorizan como si fueran sus únicas señas de
identidad. (…) En una sociedad que ha
exacerbado la importancia de la imagen, la
persecución de la belleza sigue gravitando
sobre la biografía de las mujeres” (Ventura,
2000: 20).
Las revistas, la televisión, la publicidad…
nos bombardean con cientos de cuerpos
delgados (a veces con una delgadez extre-
ma). Los discursos públicos que vehiculan
los medios (no todos, afortunadamente,
pero sí una mayoría) unen con frecuencia la
autoestima de las mujeres con su apariencia
física y con su figura. Las mujeres aparecen
preferentemente representadas como suje-
tos sexuales (casi siempre pasivos), objeto
de deseo de los varones. Pero esto no es
sólo una percepción fruto de un análisis
superficial: son conclusiones obtenidas en
distintos trabajos. En el caso que nos ocu-
pa, el de la relación de los medios de co-
municación y los desórdenes alimenticios,
son muy interesantes las conclusiones de un
estudio con adolescentes de ambos sexos
de las universidades de La Trobe (Austra-
lia) y la de Berna, en Suiza: en él se de-
muestra que las chicas presentan una ten-
dencia significativamente más alta que los
chicos a tener ‗conciencia de cuerpo obje-
tivado‘ (objectified body consciouness). Este
concepto, con una larga trayectoria en la
investigación científica, revela cómo la
construcción social del cuerpo femenino
hace que las mujeres aprendan a ver sus
propios cuerpos desde la perspectiva de un
observador externo. Como dice John Ber-
ger, a lo largo de la historia el cuerpo de las
mujeres se ha concebido a través del reco-
nocimiento de las palabras de otros: ―Los
hombres miran a las mujeres. Las mujeres
se contemplan a sí mismas siendo miradas.
Este hecho determina no sólo la relación
entre hombres y mujeres, sino también la
relación de la mujer con ella misma‖ (en
Ventura, 2000: 25).
No se puede, por tanto, entender la cons-
trucción social del cuerpo femenino sin
acudir a la Sociología y la Psicología dife-
rencial, a una perspectiva de género que dé
una interpretación satisfactoria a por qué
las mujeres son más vulnerables que los
varones e internalizan el ideal físico de los
medios significativamente más que los
chicos (Knauss, Paxton y Alsaker, 2008).
Además, las mujeres manifiestan una ten-
dencia mayor que los varones a centrar la
atención e identificarse con partes que son
objetivadas por los demás y juzgadas por su
aspecto, mientras que los varones, sin
embargo, lo hacen con aquellos aspectos
físicos considerados en su funcionalidad
instrumental. La explicación de las diferen-
cias puede residir, a juicio de Rosa Pastor
(2004) en la dicotomía pasivo/activo del
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estereotipo de la feminidad y la masculini-
dad, respectivamente. Desde este supues-
to, las mujeres, centradas en el cuerpo
objeto, atenderían a partes individuales,
que son evaluadas con respecto a los mode-
los de atractivo y, por tanto, dependientes
de la mirada del otro, mientras que los
varones, al hacerlo sobre el cuerpo como
proceso, responderían también a una eva-
luación estereotípica, pero desde la pers-
pectiva de la actividad y la dinámica, rela-
cionada con la socialización en la acción y
no en la apariencia y belleza.
En definitiva, la presión social sobre las
mujeres, sus cuerpos y su apariencia hace
que ellas se enfrenten, en distintos contex-
tos, a la exigencia de ser juzgadas por su
aspecto físico, algo a lo que, por cierto,
también se enfrentan los hombres, pero de
distinta forma:
“Algo en su interior [en el de los hombres] les
dice que el poder económico, los logros profe-
sionales, el talento, la fuerza física, la cele-
bridad, la jerarquía, o, simplemente, la sim-
patía y la capacidad de seducción (al mar-
gen de sus anatomías), les protegen de la in-
significancia o decadencia de sus cuerpos”
(Ventura, 2000: 27).
En realidad, y volviendo a los medios de
comunicación entendidos como industrias
culturales, las mujeres tienen muy pocos
modelos en el mundo, excepto los de las
revistas, frente a los hombres, que tanto en
el cine como en la literatura, la política, el
deporte o los negocios tienen referentes
sobrados, lo que quizá explicaría en arte
―como apuntábamos antes― que los
hombres no estén expuestos a los arqueti-
pos ideales de la misma forma que las mu-
jeres.
3.2. Las revistas
para adolescentes
y el éxito de la
apariencia
Para terminar estas reflexiones acerca de
los factores socioculturales y su relación
con la anorexia y la bulimia, debemos refe-
rirnos a un medio de comunicación concre-
to: las publicaciones dirigidas a chicas ado-
lescentes. Ya hemos hecho referencia ante-
riormente a las revistas femeninas y a la
polémica que las rodea en cuanto a la re-
producción de estereotipos de género. En
cualquier caso, desde nuestro punto de
vista las cabeceras dirigidas a un público
adolescente presentan un matiz cualitati-
vamente distinto a sus homónimas para
adultas: la audiencia a la que están dirigi-
das.
Los procesos mentales de este periodo vital
están dirigidos prioritariamente a consoli-
dar lo que al individuo le hace único y
diferente a los otros, es decir, su identidad.
En este proceso adolescente hay una parte
de identidad que permanece y otra nueva
que se descubre. En esta etapa, la impor-
tancia que se le da a la apariencia física es
vital, hasta el punto de que se le otorga un
papel determinante en el mundo de las
relaciones. Así, frecuentemente identidad e
imagen corporal se confunden: ―La cons-
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trucción de la propia imagen (…) es un
proceso de carácter evolutivo complejo,
que va intrínsecamente unido a la constitu-
ción de la identidad‖ (López Fuentetaja y
Castro Masó, 2007).
Muchas de las preocupaciones sobre el
aspecto personal están profundamente
ligadas a lo que otros pudieran pensar. La
idea imperante de la delgadez (de la que
todos participamos, en mayor o menor
medida) se configura como un medio para
conseguir la autoestima y la aceptación
social. Josep Toro explica que existe corre-
lación entre evaluar positivamente las ca-
racterísticas físicas propias (apariencia y
salud) y una buena adaptación psicológica
(y al revés). Socialmente la idea de delga-
dez es señal de bienestar y éxito. Este psi-
quiatra afirma que se ha incrementado la
insatisfacción por la apariencia física, hasta
el punto de que el 95% de las mujeres
sobreestiman el volumen de sus cuerpos:
―Es como si, aceptando la presión social,
todos nos hayamos llegado a convencer de
que somos deformes, hipertróficos, dilata-
dos‖ (1996: 140).
Las adolescentes reconocen que las conver-
saciones sobre el peso o el aspecto físico
son sumamente frecuentes entre el grupo
de coetáneas. La mayoría dice que envidian
a las chicas capaces de seguir una dieta o
régimen de adelgazamiento. A la envidia de
la complexión delgada y estructurada se le
añade la envidia a la ―fuerza de voluntad‖
evidenciada por quien consigue adelgazar.
Esto es importante en la anorexia nerviosa,
porque forma parte del perfeccionismo con
que el paciente anoréxico pretende juzgar-
se a sí mismo.
Las revistas para quinceañeras manejan de
manera transversal un discurso que bebe
directamente de la cultura del éxito total
(Plaza, 2007). Así, si dedican un reportaje
a cómo relacionarse con los varones, la
clave está en cómo ligar más, en cómo
derrotar a una competidora en la conquista
de un chico o en cómo vencer esa ―terrible
maldición‖ que consiste en no tener pareja.
La puerta de entrada al éxito es gozar de
una buena apariencia: los consejos de belle-
za, las páginas de moda o las dietas adelga-
zantes dibujan un canon estético que hay
que lograr para ser aceptada socialmente,
para gustar por encima de todo. Además, la
apariencia está absolutamente ligada a la
feminidad, a la construcción de una concre-
ta (y reductora) identidad de género. Las
lectoras tienen, además, el ejemplo de los
personajes famosos, que actúan como refe-
rentes y que suponen la sublimación del
éxito, su encarnación.
Las revistas plantean a las chicas qué deben
hacer para ser mujeres, o mejor, convertir-
se en mujeres. Las adolescentes, tal y como
son reflejadas en las revistas, tienen muy
claro que el mero hecho biológico de per-
tenecer a un sexo no garantiza la femini-
dad: ésta se alcanza. ¿Y cómo se logra ser
toda una mujer? Básicamente, a partir de
tres principios imbricados que actúan como
condiciones de la feminidad: una apariencia
bella, unos determinados comportamientos
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adecuados o inadecuados y, especialmente,
la orientación hacia el otro sexo, la relación
con los chicos.
Es evidente que la belleza constituye uno
de los pilares sobre los que se asientan de
forma transversal los contenidos de las
revistas. No hay más que ojear las páginas
de cualquier cabecera para concluir que sus
fotografías muestran un modelo específico
de mujer, un canon estético que se concre-
ta en un aspecto joven y delgado. Además
de las imágenes, otros elementos remiten a
este contenido: la publicidad; los artículos
y las secciones sobre moda, maquillaje o
dietas; los consejos y guías para ser bella;
las noticias, entrevistas y reportajes sobre
famosos y famosas, que no sólo se ajustan al
canon establecido sino que, además, son
destacados por su aspecto en el discurso
periodístico.
Alcanzar la belleza es algo más que la con-
secución de una simple apariencia, es parte
de la esencia de la feminidad que se cons-
truye en los mensajes de estas publicacio-
nes y, además, es un medio imprescindible
para lograr el éxito que, en última instan-
cia, suele consistir en la conquista de los
chicos (aunque no únicamente, porque ser
atractiva es también un medio para ser
popular). Trabajar el aspecto físico tiene un
doble sentido, aunque en ambos casos se
promete el éxito teñido de felicidad y bien-
estar personal. En primer lugar, ser bella es
un triunfo individual, una inyección de
autoestima; en segundo lugar, la imagen
tiene un sentido relacional, supone estar
guapa para los demás (para los chicos,
esencialmente), ser y estar sexy es esencial
en esa especie de ―competición compulsiva‖
dirigida a conquistar adolescentes varones.
Incluso en un tema tan delicado como la
anorexia se plantea el ―ligoteo‖ como moti-
vación final para salir de la enfermedad.
Por ejemplo, la revista Súper Pop, en su
número 731, dedica un reportaje a la ano-
rexia y la bulimia, con la participación
además de una especialista. En el texto se
definen la anorexia y la bulimia, se explican
sus causas y se trata de instruir en la identi-
ficación de las señales de alarma; al final, se
avisa de las consecuencias físicas, psíquicas
y sociales. Básicamente, sugieren a las
adolescentes que esta enfermedad supone
la pérdida de la belleza y de las relaciones
sociales. En un pequeño despiece se advier-
te: ―A los chicos… ¡les encantan las chicas
con curvas!‖.
Conclusiones
Estar delgado o delgada se está convirtien-
do —si no lo es ya— en una auténtica
obsesión en nuestro mundo occidental.
Dietas, productos adelgazantes… promesas
de una vida supuestamente mejor. Como
dice Josep Toro, a fuerza de ver modelos
perfectos con una figura ideal y de escuchar
mensajes sobre lo que es un cuerpo ―nor-
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mal‖ estamos todos convenciéndonos de
estar deformes, hipertróficos, gordos.
La delgadez normativa se configura como
un valor supremo difícil de alcanzar para la
mayoría de mortales. El canon estético
imperante no es sólo una mera expresión
cultural de la belleza propia de una época,
sino que está peligrosamente asociado al
éxito, al triunfo personal y social.
La anorexia y la bulimia son trastornos
estrechamente vinculados a factores socio-
culturales, tal y como demuestran muchos
estudios científicos. El hecho de que hasta
bien entrado el siglo XIX no se conociesen
desórdenes relacionados con el control de
la alimentación tal y como los conocemos
hoy para conseguir un determinado aspecto
físico, es una buena prueba de ello. Los
casos de ayuno voluntario anteriores al
siglo XIX de los que se tiene constancia
están ligados a motivos religiosos (de puri-
ficación). Curiosa paradoja. Cómo cambian
los dioses por los cuáles merece la pena
hacer sacrificios que, en muchos casos,
llevan a la muerte. Además, los desórdenes
alimenticios han penetrado en todas las
edades, capas sociales y culturales. Hasta el
punto de que sociedades en los que apenas
se conocían estos trastornos empiezan a
tener un número de casos que poco a poco
se aproxima a los de Occidente.
La adolescencia es una etapa crítica, en el
sentido de que es un momento clave para la
(re)construcción y (re)definición de la
propia identidad. En ese proceso, la imagen
personal juega un papel trascendental. El
desvelo por la belleza y la apariencia es
importante en esta etapa, puesto que la
preocupación por el cuerpo es una forma
de afirmación personal y también un ins-
trumento para aumentar la autoestima.
Distintas investigaciones indican que un
porcentaje altísimo de chicas adolescentes
están descontentas con su cuerpo (también
de mujeres adultas…). No es para menos.
Los modelos de referencia —tan importan-
tes para las y los adolescentes— suelen ser
famosas extremadamente delgadas, algunas
con medidas enfermizas. No hay tampoco
muchos modelos corporales alternativos en
los medios, figuras de éxito con distintas
complexiones.
Los medios de comunicación son agentes
muy importantes en la transmisión y po-
tenciación de los mensajes sobre el anhelo
de delgadez, un deseo presente de manera
constante en los trastornos alimenticios.
Los medios canalizan la presión social para
estar delgado o delgada que, inequívoca-
mente, es más fuerte sobre las mujeres que
sobre los varones.
Por eso, nos parece imprescindible analizar
los mensajes de los medios acerca de la
belleza y el cuerpo desde una perspectiva
de género. Debemos entender que, en lo
que se refiere a nuestra apariencia y nues-
tro cuerpo, mujeres y hombres somos
socializados de manera diferencial y asimé-
trica. Por esta razón hemos propuesto en
estas páginas una reflexión crítica acerca de
la experiencia corporal de las mujeres, de
la renovada ―mística de la feminidad‖, que
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Cita de este artículo
PLAZA, J. F. (2010) Medios de comunicación, anorexia y
bulimia. La difusión mediática del ‘anhelo de delgadez’:
un análisis con perspectiva de género. Revista Icono14
[en línea] 1 de Octubre de 2010, Año 8, Vol. Especial. pp.
62-83. Recuperado (Fecha de acceso), de
http://www.icono14.net

las encierra en la cárcel de un cuerpo ideal difícil de alcanzar.
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NOTAS
i Sin duda, un libro de referencia sobre las relaciones entre anorexia, bulimia y factores socioculturales.
ii Véase este tema desarrollado en Plaza (2005).
iii La Teoría del Cultivo constituye una perspectiva de investigación sobre el impacto de los mensajes televisivos,
iniciada por George Gerbner y sus colaboradores a finales de la década de los sesenta. Aunque inicialmente se
analizó el problema de la violencia, a medida que avanzaba se fueron incorporando otros tópicos como los
estereotipos de género, raciales, sobre la ciencia y la salud, la política, etc. Mediante el Análisis del Cultivo se
trata de determinar en qué medida la exposición a la televisión sirve de vehículo para el aprendizaje de nociones
generales acerca de la realidad social. La Teoría del Cultivo se centra en determinar cuáles son las consecuencias
sociales de los mensajes difundidos a través de la televisión. Se centra en investigar los efectos ―no buscados‖ o
―no intencionados‖ de la programación convencional de la televisión que está diseñada para ―entretener‖ a la
audiencia (como series y películas) (Igartua y Humanes, 2004).

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