REVISTA DE FILOSOFIA

  • Atenea R
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Abstract

116 Sin embargo, el autor afirma la necesidad de que los individuos adquieran unas reglas morales eficientes para la paz y la concordia. Si bien Hume sostiene a lo largo de la obra que estos sentimientos pueden generarse, indicando la existencia de un progreso en los sentimientos morales. Sin embargo, a pesar de los esfuerzos del autor por mostrar que tal progreso es posible, debe apelar al fingimiento o la simulación de dichos sentimientos, dejando entrever un nivel de frustración respecto de los alcances de su teoría moral misma. Si bien Hume no parte de los presupuestos básicos de la teoría política de Hobbes como, por ejemplo, el estado de naturaleza, pues lo considera analíticamente no pertinente e históricamente inexistente, el panorama que puede describirse de las relaciones entre individuos posesivos (MacPherson 1962) es de deseo de gloria, desconfianza y competitividad-esta incluye hostilidad-lo cual puede considerarse como hobbesianismo puro. A juicio de Hume, la estabilidad de la sociedad exige una disposición mental que permita que individuos de esta clase desvíen sus intereses egoístas y redirijan sus sentimientos para favorecer la vida social y esto solo es posible mediante la adquisición de sentimientos de honestidad y justicia. La mayor dificultad estriba en que los fundamentos de la teoría moral humeana son presentados en perspectiva mecánica: los movimientos de los procesos mentales se rigen por los mismos principios que rigen los movimientos de los cuerpos físicos; en tales procesos impera el determinismo de la naturaleza humana. Para mi propósito solo referiré tres argumentos que resultan ser los más relevantes en la descripción de las imposibilidades de las acciones morales proyectadas: A1. Determinismo: no se puede derivar un debe de un es (T. 469). A2. El sentimentalismo: un agente solo puede hacer lo que le mandan sus sentimien-tos (T. 415). A3. Individualismo posesivo: el agente solo actúa motivado por la ventaja económica que pueda obtener de su acción (T. 491-492). Desde estos argumentos puede deducirse que prima el egoísmo en grados muy altos y que, por esa razón, Hume debe contemplar la idea de que, ante la imposibilidad de realizar propósitos morales, el individuo, al menos, debe forzarse a fingir. Expresamente lo dice así: [T]he expression of a resolution is not commonly suppos'd to be obligatory; and we cannot readily conceive how the making use of a certain form of words shou'd be able to cause any material difference. Here, therefore, we feign a new act of the mind, which we call the willing an obligation; and on this we suppose the morality to depend (Hume 1978, p. 523). Esto es, que ante la exigencia de los otros, de hacer que el individuo sea aquello que no es, el agente haga pública una actitud como si hubiera alcanzado sentimientos morales loables. Esta salida da margen para considerar que los propósitos para alcanzar un mejor mundo, por la vía de la adquisición de sentimientos morales, podría ser evaluado

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Atenea, R. (1955). REVISTA DE FILOSOFIA. Atenea (Concepción), 32(365–366), 168–169. https://doi.org/10.29393/at365-366-150rfra10150

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