Abstract
El carbunco tiene una gran importancia histórica, ya que fue la primera enfermedad humana y animal en que se demostró como etiología un microorganis-mo (Bacillus anthracis), reproduciéndose en forma experimental y lográndose crear una vacuna efecti-va. A partir de 1877 y en los memorables trabajos realizados por Pasteur en los "campos malditos de la Beauce" quedó demostrada definitivamente su trans-misión en serie mientras Roberto Koch un año antes, describía las esporas del bacilo, que por su notable resistencia eran las principales causantes de la ma-yoría de las infecciones carbuncosas. Recordemos que el carbunco humano puede ser externo o cutá-neo (pústula maligna y edema maligno) e interno (forma respiratoria e intestinal). La forma clínica hu-mana más frecuente es la llamada pústula maligna 1,2. En publicación reciente Walter Ledermann se ha referido al bacilo carbuncoso, en forma "inteligente, ingeniosa y poética" 3. A continuación nos ha parecido interesante dar a conocer algunas anotaciones con respecto a la en-fermedad carbuncosa humana en Chile. En un "Informe sobre la Memoria del Estado de Chile, considerado bajo el aspecto médico e higie-ne" del Profesor Francisco Julio Lafargue, inserto en "Documentos relativos a Medicina y a la Historia de las Enfermedades en Chile" (comunicación del Pro-fesor Wenceslao Díaz Gallego, a la Facultad de Me-dicina en su sesión del 10 de junio de 1863) se lee que "la pústula maligna es de origen más reciente aún, pues sólo apareció en 1834, (en la Provincia de Santiago. Creyósela importada por los anima-les de la República Argentina donde reina tiempo ha. Se le encuentra con frecuencia en los hospita-les i más aún donde los campesinos desempeñan el triple oficio de jifero, carnicero, surrador" 4. Doce años después, el doctor Wenceslao Díaz corrobora lo señalado por el doctor Lafargue, agregando que la enfermedad animal en Argentina "es enzoótica y esporádica, constituyendo en Chile a veces duran-te el otoño, epizootias circunscritas a ciertas loca-lidades secas i faltas de pastos i de aguas corrien-tes" 5. Es muy probable que una de las más antiguas descripciones de la enfermedad carbuncosa en Chi-le, corresponda a una comunicación del doctor Juan Miquel, publicada en El Araucano del 1º de mayo de 1840, en que a modo de prólogo escribe lo siguiente: "propagándose en los campos y sobre todo en los cercanos a la capital, y haciéndose cada vez más mortíferos en hombres y animales, la enfermedad llamada vulgarmente "grano o picada del pája-ro", que no es otra cosa que la pústula maligna y no pudiéndose ya obtener con facilidad el número del Araucano, en que traté de ella en años pasados, he creído hacer un servicio al público en dar otra vez por la prensa mis observaciones sobre esta materia, a fin de que los infelices puedan proporcionarse auxilios prontos para atajarla y sustraerse a una muerte prematura, resultado casi infalible cuando en esta enfermedad no se sigue un método de curación científico, pronto y enérgico." Miquel divide la evolución de la pústula maligna en cuatro períodos, desde la aparición de la "vejigui-lla" (nombre con que designa a la lesión vesiculosa inicial que luego se transforma en la escara negra). En los períodos siguientes menciona en forma muy prolija todas las alternativas que pueden acontecer, describiendo con detalle la aparición de edema, su extensión y el compromiso del estado general del enfermo hasta las manifestaciones tóxicas gravísimas y muerte. Sin embargo, anota: "no es esta dolencia tan grave que necesariamente haya de llegar hasta el cuarto período; antes bien se nota a veces, que al fin del segundo período o a principios del tercero los síntomas cambian todos de aspecto y la afec-ción termina favorablemente por sí misma, sin nin-gún socorro del arte y con bastante celeridad". Veamos ahora el tratamiento preconizado por el doctor Miquel. Desde luego, insiste que "en la cu-ración es necesario proceder con prontitud y ener-gía, añadiendo que en el primero, segundo y aún hasta el principio del tercer período, lo que debe hacerse es quemar con un hierro ardiente, el lugar de la vejiguilla, más o menos profundamente, según el tiempo que haya transcurrido desde la apari-ción. En seguida, se aplicarán paños empapados o cataplasmas con agua blanca, la que se prepara poniendo cuatro cucharadas de vinagre de Saturno en una botella común de agua clara. Las cataplas-mas se forman con papa rallada, miga de pan y dicha agua y tanto estas como los paños se remudarán a menudo extendiéndolos a toda la hin-chazón. Las llagas que resulten de las quemaduras se curarán con ungüento amarillo o egipcíaco y se lavarán con un cocimiento de cascarilla, metrun ("Diego de la noche"), y un poco de aguardiente alcanforado, si aún hay apariencias de gangrena". En el cuarto período (vale decir cuando el enfer-mo se encuentra gravísimo, con claros signos de
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LAVAL R., E. (2003). Anotaciones sobre el carbunco humano en Chile. Revista Chilena de Infectología, 20. https://doi.org/10.4067/s0716-10182003020200008
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