La filosofía analítica y la espiritualidad del hombre

  • Anscombe G
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Se dice a menudo y con acierto que la «filosofía analítica» consiste en una serie de métodos y no de doctrinas. No obstante, existe, en cualquier caso, una postura filosófica extremadamente co-rriente entre los filósofos analíticos, que —sin ser peculiar ni universal— es tan común que se admite con frecuencia sin ningún tipo de raparos. Me refiero al rechazo de la idea de sustancia inmaterial. Empezaré con una serie de observaciones históricas. En los tiempos modernos y también —creo— en la Edad Media, 'sustancia inmaterial' se ha equiparado con 'mente', 'espíritu', 'inteligencia' o 'intelecto', y 'alma' —por lo menos 'alma racional'—. Tanto es así que parece difícil evitar la ecuación. Pero no se debe olvidar que las Ideas de Platón eran sustancias inmateriales. Por lo menos, él las llamaba ouúai, es decir, seres —los únicos seres verdadera-mente reales—, y aquella palabra ousíai es la que llegó a traducirse por «sustancia», tal como la utilizaba ARISTÓTELES. NO debe olvidarse tampoco que el gran filósofo matemático FREGE consideraba que los números eran entidades objetivas e inmateriales, aunque él no usaba la palabra «sustancia» sino «objetos» al referirse a ellos. Se puede decir, con todo, que ni las formas platónicas ni los nú-meros tal como los entendía FREGE son lo que nosotros llamaría-mos «sustancia». El punto clave es el siguiente: las sustancias actúan. El mismo FREGE apunta que los números, si bien son objetos reales, no son actuales —'wirklich'—, lo cual está en estrecha relación con ser 'wirksam', es decir con ser activos, con tener efectos. En cuan-27 G. E. M. ANSCOMBE to a PLATÓN, la concepción natural y original de las Formas es que no son activas: 'el devenir participa en el poder de recibir el acto y y de actuar, pero ninguno de éstos concuerda en absoluto con el ser' *. PLATÓN sólo pudo sugerir el modo en que las formas pueden ser el objeto del acto, al decir que saber una cosa es actuar sobre ella. No es necesario seguir con esta argumentación; en términos generales se entiende que las Formas platónicas no actúan. Las únicas sustan-cias inmateriales propuestas en este sentido, con la connotación de un ser agente, son espíritus, mentes e inteligencias, que se consideran como términos equivalentes —véase cualquier antigua psicología ra-cional de tradición escolástica, o incluso cualquier texto moderno que de alguna forma toque el tema de la sustancia inmaterial. El concepto de materia se puede contrastar con un número de conceptos opuestos, como por ejemplo, materia versus forma, enti-dades concretas —es decir materiales— versus entidades abstractas (p. ej. clases). Pero en el caso de sustancia el contraste es el siguien-te: materia versus espíritu. Con todo, sigo pensando que la sustancia platónica, la Idea o Forma, reviste una importancia en la tradición por la cual se llegó a considerar el intelecto como sustancia inmaterial. Porque aquello que era capaz de llegar a la captación de esos seres inmateriales, las Formas, tenía por fuerza que ser inmaterial también: el alma, dice PLATÓN, tiene afinidad con las formas. Esto nos recuerda un argumento antiguo y muy conocido a fa-vor de la naturaleza inmaterial de la mente. El pensamiento y el entendimiento son inmateriales porque ningún acto de una parte corporal es, de hecho, pensamiento o entendimiento. El pensamien-to no constituye la actividad de ningún órgano del cuerpo. Puesto que en sí es inmaterial, debe por necesidad ser el acto de una parte inmaterial. Pero, ¿por qué se dice que el pensamiento no es la ac-ción de una parte del cuerpo? Este dictum, en efecto, sería recha-zado por un gran número de filósofos analíticos modernos, que con-sideran que el pensamiento equivale a acontecimientos cerebrales. ¿Se suponía, entonces, que se había observado que el pensamiento no es la acción de una parte corporal? ¡Ciertamente no! Porque no se puede empezar a describir una acción de observar, ni siquiera 1. Sofista 248 c.

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Anscombe, G. E. M. (2018). La filosofía analítica y la espiritualidad del hombre. Anuario Filosófico, 13(1), 27–39. https://doi.org/10.15581/009.13.30289

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