Integración al Aula: Una Estrategia Para la Intervención y Evaluación, Guiada a Través del Uso de las Nuevas Tecnologías de Intervención (TICs)

  • Eslava-Cobos J
  • Ricaurte-Perdomo J
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Al hablar de este eje temático, la inclusión, no puede olvidarse que hoy en día ha sido aceptada como estrategia válida de intervención y ha evolu-cionado su concepto hasta convertirse en estrategia prioritaria, de aceptación casi universal. Desde ella-partir del reconocimiento y aceptación a la diferencia-se pretende ofrecer igualdad de condi-ciones y oportunidades para acceder a los bienes de la comunidad incluyendo la oferta educativa no segregada, pero es allí en donde empiezan a surgir las inquietudes de quienes se enfrentan a esta situación. Algunos de esos interrogantes que se han puesto en evidencia son: ¿Quién es un niño con discapacidad? ¿Qué puedo hacer como pedagogo con una persona con algún tipo de limitación? ¿Qué pasa con el ren-dimiento en los aprendizajes académicos clásicos? ¿A quién le correspondería el manejo de un niño así? ¿Qué sucede con los otros niños que acompañan el proceso? ¿Cuáles son los recursos con los que se cuenta, no solo en formación sino dentro de la misma institución académica en cuanto a espacios, recursos humanos, económicos? ¿Cómo cumplir con los estándares para determinar los logros? ¿Qué apoyos ofrece el sistema? Estos-y muchos otros-interrogantes asaltan al educador que acepta el reto de extender su práctica hacia los niños y niñas con difi cultades especiales sensoriales, cognitivas, de comportamiento, motri-ces, en cualquier ámbito académico; y es por esto que se diseñó el curso de integración con apoyo de las TICs para que los profesionales encargados de un proyecto de inclusión, lograran hacer de una manera ordenada, clara y concisa la planeación, registro y evaluación de la intervención para así lograr el análisis de lo ocurrido en todo el proceso y poder entonces responder a esas preguntas; generando en lo posible propuestas específi cas. La presencia de estas difi cultades e interrogan-tes no puede hacernos perder de vista un elemento central: la Escuela. Esta es hoy, de manera prefe-rente, el lugar propicio para el desarrollo integral del niño. Es, para los niños y niñas de hoy, uno de los principales entornos para que estos se apropien del conocimiento. Les ofrece además, el mejor ambiente para facilitar la interacción social-de importancia vital-dado el papel estructurante que este intercambio tiene para el sujeto, que lo condu-ce al desarrollo de habilidades propias que no son innatas sino que deben ser aprendidas en el acto mismo de la comunicación y la interacción. Es así entonces, cómo el niño a medida que se educa va adaptándose a la cultura, adquiriendo el lenguaje, costumbres, ideas y normas morales de la sociedad. Todo ello requiere reconocer como funciones edu-cativas: (a) el progresivo incremento y apropiación del conocimiento y de la comprensión imaginativa del estudiante sobre el mundo en que vive, tanto por lo que se refi ere a las posibilidades que le ofrece como a las responsabilidades que a él mismo le corresponden.; (b) a futuro, propiciar el desarrollo de toda la independencia y autosufi ciencia de que sea capaz, enseñándole lo necesario para que pueda responder a las necesidades de su propia vida, ya sea controlando, dirigiendo o alcanzando metas. Ahora bien, algunos de esos niños, conseguirán fi nes con facilidad, otros tendrán difi cultades a las que podrán hacer frente y otros tendrán mayores problemas para superarlas requiriendo apoyo perma-nente. Todos los alumnos en mayor o menor medida tienen difi cultades, ya sean comunes, ya específi cas y especiales, entendidas como lo que cada estudiante requiere para realizar progresos individualmente (Cabanillas & Dotto, 2003). El hecho de que algún niño tenga mayores difi cultades y necesidades, no lo excluye de la anterior argumentación. Se desprende entonces, que también todos los niños tienen derecho a los bienes, servicios y benefi cios que el cuerpo social les ofrece. Para todos los niños con y "sin" difi cultades, las funciones de la educación se proyectan entonces hacia dos polos: (a) la adaptación, socialización y endoculturación, función eminentemente huma-na en donde no hay intención explícita ya que el hombre está inserto en una sociedad que le impone ciertas pautas culturales a las cuales el individuo debe adaptarse para asegurar su conservación y continuidad; (b) la instrucción formal, caracterizada principalmente por la presencia de intención y siste-matización mediante la participación de un educa-dor, un educando y un contenido de tipo renovador, innovador y transformador de acuerdo a la necesidad de cambio de la sociedad y la cultura (Nassif, 1984 citado en Cabanillas & Dotto, 2003). Las anteriores consideraciones confi eren a la integración escolar un sentido de imperativo ético actual que a pesar del largo camino que ha recorrido, aún es un concepto que debe romper paradigmas. Entre ellos, la concepción de la escuela como una institución homogeneizadora para evolucionar hacia una institución comprensiva, atendiendo así a todos los alumnos en sus características particulares, con el fi n de garantizar el derecho a la educación que tienen todos los individuos.

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Eslava-Cobos, J., & Ricaurte-Perdomo, J. (2007). Integración al Aula: Una Estrategia Para la Intervención y Evaluación, Guiada a Través del Uso de las Nuevas Tecnologías de Intervención (TICs). Psykhe (Santiago), 16(2). https://doi.org/10.4067/s0718-22282007000200006

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