Manual de evaluación del riesgo de violencia. Metodología y ámbitos de aplicación. Ismael Loinaz. Editorial Pirámide. Madrid. 253 pp. Año 2017

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Abstract

Es frecuente hablar de los problemas generados por la violencia en numerosos foros, como por ejemplo los medios de comunica-ción, las tertulias, los ambientes políticos, las universidades, las asociaciones de víctimas y, sobre todo, entre los profesionales que tratan tanto con las víctimas como con los agresores y las autorida-des responsables de la prevención de la violencia. Por lo general estas conversaciones tienen un tono pesimista y exigente. Pesi-mista porque cada suceso violento, como un atentado terrorista, un feminicidio o cualquier noticia de abusos sexuales a menores, nos parece un paso atrás en los logros alcanzados de bienestar y una vida social pacífica. Consideramos la violencia algo intolerable, a eliminar, aunque la realidad parece resistirse a todas las accio-nes preventivas. Afortunadamente la sociedad es exigente, cada vez más intolerante con la violencia, y ya hay una gran unanimidad en el rechazo de este fenómeno. De repente, o casi, en distintos entornos profesionales aquí en Espã na (y en cierto sentido esto es extensible a muchos países latinoamericanos) se ha introducido la valoración del riesgo de vio-lencia como una práctica más. Las demandas de prevención de la violencia han llegado en forma de alud, interpelando a los pro-fesionales, a quienes se les reclama que su acción sea realmente efectiva, que evite la violencia y, sobre todo, la repetición de los hechos violentos cometidos por agresores ya identificados. Lo que hace un tiempo era solamente una exigencia, más o menos explí-cita, de predecir la violencia cometida por personas con trastornos mentales graves o circunscrita a entornos penitenciarios, se ha des-bordado, extendiéndose a muchos otros profesionales que tan solo unos pocos ã nos antes ni se lo hubiesen imaginado. Solo hace falta analizar lo que ha representado en los últimos 15 ã nos la gene-ralización de la lucha contra la violencia de género en cuanto a la variedad de profesionales implicados en ella (M noz-Vicente y López-Ossorio, 2016). Las demandas sociales de prevención de la violencia han produ-cido un efecto de innovación técnica y de incorporación a la práctica profesional de nuevos procedimientos preventivos. ¿En qué se ha avanzado profesionalmente? En muchas cosas que podemos Correo electrónico: andrespueyo@ub.edu resumir brevemente. La tecnología de valoración del riesgo de vio-lencia es un conjunto de procedimientos que ayudan a la toma de decisiones de los profesionales en todas y cada una de sus interven-ciones en las que el pronóstico futuro sea relevante tanto porque así se explicite como si no. Por ejemplo, un policía que debe inter-venir después de recibir una denuncia de violencia de género o una psiquiatra que debe reubicar un paciente atendiendo a la posi-ble conducta violenta del mismo. También un trabajador social que tiene que gestionar una medida de libertad vigilada de un joven infractor, el equipo de tratamiento de un centro penitenciario que ha de emitir un informe de libertad condicional de un recluso, una psicóloga forense que ha de valorar las secuelas de los malos tra-tos en una mujer víctima de la violencia de género. Todos estos son ejemplos de la variedad de situaciones en las que a los profesionales se les requiere elaborar pronósticos para prevenir la violencia. Las decisiones de los profesionales siempre comportan estimar, directa o indirectamente, qué podría pasar en el futuro inmediato con el caso en el que están actuando. El mensaje central de la tecnología de la evaluación del riesgo de violencia ya ha calado en el campo de muchos profesionales, entre ellos los operadores jurídicos. Este mensaje no es otro que distin-guir y clasificar los riesgos en cuatro niveles: bajo, medio, alto o extremo. Esta categorización tiene como finalidad esencial poder gestionar esos riesgos de forma adecuada. Era lógico que se produ-jese esta innovación entre los profesionales que tratan la violencia, porque esto es ya habitual en muchos otros campos (meteorología, sismología, salud pública, riesgo de incendios, etc.) donde la pre-vención es la guía de actuación. Lo primero que han de hacer los profesionales es identificar el riesgo del tipo de suceso que quieren prevenir. Ahora casi ningún profesional que se precie de hacer bien su trabajo, sea del gremio que sea, olvida pronosticar el futuro en clave de riesgos categorizados. Incorporar la valoración del riesgo entre las competencias profe-sionales es un avance importante que requiere conocer sus técnicas particulares y disponer de las habilidades para realizar estos pro-nósticos. Para esta de cualquier profesional que se enfrente a la prevención de la violencia, el Manual de Evaluación del Riesgo de Violencia que analizamos en esta res na será de enorme utilidad. Quien quiera saber todo lo que envuelve a la práctica profesional, los fundamentos técnicos y los recursos disponibles, encontrará en http://dx.doi.org/10.1016/j.apj.2017.02.003 1133-0740/© 2017 Colegio Oficial de Psi ologos de Madrid. Publicado por Elsevier Espã na, S.L.U. Este es un artículo Open Access bajo la licencia CC BY-NC-ND (http:// creativecommons.org/licenses/by-nc-nd/4.0/).

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Andrés-Pueyo, A. (2017). Manual de evaluación del riesgo de violencia. Metodología y ámbitos de aplicación. Ismael Loinaz. Editorial Pirámide. Madrid. 253 pp. Año 2017. Anuario de Psicologia Juridica, 27(1), 127–129. https://doi.org/10.1016/j.apj.2017.02.003

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