Abstract
editoriAl El trasplante de médula ósea se ha implementado como una alternativa terapéutica exitosa en diversas patologías malignas y benignas. La historia del trasplante de células progenito-ras hematopoyéticas periféricas, mejor conocido como trasplante autólogo de médula ósea (TAMO), se desarrolla a partir de los reportes de estudios realizados por Edward Donnall Thomas (1920-2012) en la década del 50, en los que se logró la recuperación medular, ini-cialmente de animales sometidos a radiación y posteriormente se logró llevar a pacientes, gracias al desarrollo del conocimiento sobre el complejo mayor de histocompatibilidad, descubierto por Jean Dausset (1916-2009) en 1965. Se instauró el trasplante alogénico de médula ósea que progresivamente mostró resultados satisfactorios, en patologías que re-quieren la recuperación medular con células hematopoyéticas de un donante. Sin embargo, las diferentes complicaciones secundarias al trasplante alogénico como la enfermedad de injerto contra huésped y el gran interés por recuperar la función hematopoyética, así como el desarrollo de las técnicas de criopreservación celular, permitieron llevar a cabo los primeros trasplantes autólogos de médula ósea. La gran evolución de los diferentes tratamientos de soporte en pacientes pancitopénicos, ha permitido realizar los trasplantes con más frecuencia. En términos de la importancia del trasplante a nivel mundial, tenemos que según el registro del Grupo Europeo de Trasplante de Sangre y Médula, en 2010 se reportaron 33362 trasplantes, de los cuales 20017 fueron trasplantes autólogos. En América Latina se reportó el primer trasplante hace más de 30 años y entre 1981 y 2009 fueron reportados al Centro Internacional de Investigación de Trasplante de Sangre y Médula Ósea, más de 13000 trasplantes, la mayor parte realizados por Argentina, México y Brasil. Las indicaciones de este tratamiento van desde neoplasias hematológicas como linfomas, mielomas, leucemias, algunos tumores sólidos hasta enfermedades de tipo autoinmune. El objetivo principal del trasplante de médula ósea consiste en la administración de altas dosis de quimioterapia, que permiten tratar la patología de base pero también depletan la médula ósea por lo que se requiere la reinfusión de las células progenitoras para recuperar las funciones hematopoyéticas. El TAMO se realizó inicialmente a partir de células obtenidas directamente de la médula ósea de crestas iliacas y de esternón, en un procedimiento dispendioso realizado mediante múltiples punciones, bajo anestesia general, que usualmente requería soporte transfusional y manejo del dolor postoperatorio. Posteriormente se reportaron las cualidades de las célu-las progenitoras hematopoyéticas obtenidas en sangre periférica, después de estimulación medular con quimioterapia y/o factores de crecimiento, logrando recuperar de sangre peri-férica mediante el procedimiento de aféresis, células progenitoras adecuadas para realizar tanto el trasplante autólogo como el trasplante alogénico. Posteriormente, se reconoció que la concentración de células progenitoras hematopoyéticas obtenidas en sangre periférica es mucho mayor que la concentración obtenida en médula ósea. También se demostró que la recuperación hematológica del paciente sometido a trasplante de células progenitoras perifé-ricas es más rápida que con las células medulares, razón por la que las células progenitoras periféricas reemplazaron las células medulares en el trasplante autólogo. El desarrollo del TAMO está directamente relacionado con el desarrollo de las técnicas de criopreservación celular, descritas por Audrey Smith (1915-1981) en 1950 quien reporta los efectos crioprotectores del glicerol en la congelación de tejidos. Las técnicas de criopre-servación permiten criopreservar las células hematopoyéticas que permanecen viables por
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Duarte Romero, M. (2012). Transplante autólogo de médula ósea. Acta Médica Colombiana, 165–171. https://doi.org/10.36104/amc.2012.174
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