Abstract
El uso de pantallas en la infancia ha generado una creciente preocupación debido a su impacto en el desarrollo cognitivo. Este boletín revisa estudios que muestran que la exposición excesiva a dispositivos electrónicos —especialmente en niños menores de seis años— se asocia con dificultades en la atención, la memoria, el lenguaje y las funciones ejecutivas. El contenido pasivo, como la televisión de fondo, resulta más perjudicial que los medios educativos o interactivos, y la supervisión adulta puede ayudar a mitigar estos efectos. Factores como el entorno familiar, el nivel socioeconómico y las características individuales del niño influyen en el grado de impacto. Los niños de áreas urbanas, los varones y aquellos con interacción social limitada son más vulnerables. No obstante, un uso moderado y estructurado de las pantallas, con contenidos adecuados y la participación de los padres, puede favorecer las habilidades cognitivas y lingüísticas. Estudios neurobiológicos sugieren que la exposición prolongada afecta la conectividad cerebral, aunque estos efectos tienden a ser sutiles y acumulativos. Las recomendaciones incluyen limitar el tiempo de pantalla a menos de una hora diaria en niños en edad preescolar, priorizar el contenido educativo y fomentar actividades fuera de línea como el juego colaborativo o la lectura. En conclusión, el uso excesivo y sin supervisión de pantallas se asocia con peores resultados cognitivos, mientras que un uso regulado y contextualizado puede apoyar un aprendizaje y desarrollo saludables.Screen use in childhood has raised growing concerns due to its impact on cognitive development. This arti- cle reviews studies showing that excessive exposure to electronic devices –especially in children under six– is linked to difficulties in attention, memory, language, and executive functions. Passive content, such as background television, is more harmful than educational or interactive media, and adult supervision can help mitigate these effects. Factors like family environment, socioeconom- ic status, and individual child characteristics influence the degree of impact. Children from urban areas, boys, and those with limited social interaction are more vul- nerable. However, moderate and structured screen use, with appropriate content and parental involvement, may support language and cognitive skills. Neurobiological studies suggest that prolonged exposure affects brain connectivity, although these effects tend to be subtle and cumulative. Recommendations include limiting screen time to less than one hour per day for preschool-aged children, prioritizing educational content, and encourag- ing offline activities such as collaborative play or reading. In conclusion, excessive and unsupervised screen use is associated with poorer cognitive outcomes, while regulat- ed and contextualized use can support healthy learning and development.
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Bausela Herreras, E. (2025). Niños y pantallas: cómo equilibrar el uso para un desarrollo cognitivo saludable. Boletín de Pediatría, 65(274), 241–245. https://doi.org/10.63788/yhjexw76
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