Abstract
Editorial – Volumen XII, Número 45 – Julio 2016 217 Estudios epidemiológicos americanos alertan de la cre-ciente inactividad mundial y predicen que los niños de hoy son la primera generación que tiene una expectativa de vida menor que sus padres. (Designed to Move: A Physical Activity Action Agenda, 2014). La inactividad física es el cuarto factor de riesgo de mor-talidad en la población actual dentro del mundo desarro-llado, originando el 6% de las defunciones a nivel mun-dial. España es uno de los países del mundo más afecta-dos por la epidemia de la inactividad, lo que aumenta el riesgo de enfermedad cardiovascular, de diabetes, de obesidad, de síndrome metabólico descendiendo la expectativa de vida (Gennuso, Gangnon, Matthews y Thraen-Borowski, 2013). Esta conducta inactiva aumen-ta con la edad y es mayor en aquellas personas que padecen alguna patología crónica. Actualmente los niños y jóvenes también se ven afectados por esta con-ducta, lo que realmente anuncia un futuro lamentable para la edad adulta, ya que la enfermedad cardiovascu-lar se gesta desde la juventud y progresa durante mucho tiempo afectada por la suma de las malas conductas adquiridas. Permanecer inactivo, disminuye la condi-ción física, siendo la baja condición física un factor de riesgo de mortalidad mayor que fumar, tener un alto índice de masa corporal, padecer hipercolesterolemia, padecer diabetes o hipertensión (Blair, 2009). La Organización Mundial de la Salud estima que la inacti-vidad física causa en conjunto 1,9 millones de defuncio-nes a nivel mundial, en torno a un 10% -16% de los casos de cáncer de mama, cáncer colorrectal y diabetes mellitus, y aproximadamente un 22% de los casos de cardiopatía isquémica (OMS 2002). El cuerpo humano está genéticamente diseñado y adap-tado para realizar actividad física. La sociedad actual ha cambiado el estilo de vida haciendo que la inactividad se convierta en una epidemia mundial. El 59 % de los ciu-dadanos de la Unión Europea no hacen ejercicio, ni practican deporte alguno nunca o casi nunca, frente a un 41 % que declara una frecuencia mínima de una vez por semana (Eurobarometro 2010). Según la European Heart Network, España se sitúa en el " top ten " de los países europeos, con más sedentarismo entre los adultos. El 42% de los mayores de 18 años declara no realizar ningún tipo de actividad física durante la semana, frente al 6% de Suecia o al 7% de Finlandia, por ejemplo. En la población escolar española, la prevalencia de un patrón insuficiente de actividad física oscila entre el 37% y el 40% (Rodríguez-Hernández, De la Cruz-Sánchez, Feu y Martínez-Santos, 2011). Las consecuencias de ello, según la Fundación Española del Corazón, es que en nuestro país el 24% de los niños de cinco y seis años sufre sobrepeso, frente al 15% de la media europea. La elevada prevalencia de un estilo de vida sedenta-rio en la población general, y en la población infan-til y juvenil en particular, supone un importante problema de salud pública. Los resultados de la investigación científica concluyen que permanecer sentado tres horas seguidas causa una reducción del 33% de la función vascular en jóvenes y demuestra que simplemente interrumpir estos periodos de inactividad continuada de forma regular protege de la disfunción vascular (McManus, Ainslie, Green, Simair, y Smith, 2015). Mantener la función endotelial adecuada con el ejercicio protege de la enfermedad cardiovascular futura (Malin, Rynders, Weltman, Jackson, Barrett, y Weltman, 2016). El ejercicio físico a la dosis correcta es una potente herramienta preventiva pero también se convierte en una polipíldora con efectos multisistémicos beneficiosos sobre multitud de tejidos cuando se padece una enfermedad crónica (Pareja-Galeano, Garatachea, y Lucia, 2015). La evidencia científica del ejercicio como herra-mienta preventiva está avalada por multitud de estu-dios epidemiológicos que datan desde los años 50 y que nos confirman que aquellos sujetos que realizan ejercicio padecen una reducción de un 33 a un 50% de enfermedad cardiovascular. Y además que aque-llos sujetos que tienen una alta condición física reducen el riesgo cardiovascular por encima de un 60%. El efecto en parte es debido a que el ejercicio actúa indirectamente disminuyendo cada uno de los factores de riesgo tradicionalmente conocidos como son el índice de masa corporal (IMC), la glucosa en sangre, el perfil lipídico, perfil inflamatorio o la
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Pérez Ruiz, M. (2016). ¿Por qué es necesario frenar la epidemia de la inactividad en los más pequeños? [Why do we need to stop the physical inactivity epidemic in children?]. RICYDE. Revista Internacional de Ciencias Del Deporte, 12(45), 217–219. https://doi.org/10.5232/ricyde2016.045ed
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