Abstract
A pesar de los innegables avances que ha tenido nuestra comprensión del aprendi-zaje humano durante la segunda mitad del siglo veinte, todavía es difícil afirmar que las teorías del aprendizaje se ajustan a los cánones mínimos de fundamentación y rigor científico. Estamos todavía lejos de po-der predecir y controlar los aprendizajes, y lejos también de poder capacitar a nues-tros maestros de una manera más eficien-te que la basada simplemente en el relato de casos exitosos o en la norma del "debe ser" del docente. Éste es uno de los grandes re-tos de la educación para este siglo. Las teorías del aprendizaje han avan-zado en la caracterización de conductas, prácticas y comportamientos y han pro-puesto algunas maneras de explicar la ad-quisición de conocimientos; sin embargo, estas explicaciones se han basado en evi-dencias empíricas limitadas y de corto al-cance, las cuales reducen las posibilidades de reproducir las prácticas y conductas de-seadas o de evitar las indeseadas. El he-cho de que exista una gama tan extensa de teorías para explicar los mismos fenó-menos y que sigan apareciendo más día con día, es una muestra clara de la fragili-dad, mayor o menor según sea el caso, de estos enfoques.
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Waldegg, G. (2003). La comprensión del cerebro. Hacia una nueva ciencia del aprendizaje, OCDE. Educación Matemática, 15(3), 175–178. https://doi.org/10.24844/em1503.11
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