Abstract
a Epidemiólogo, ORCID: https://orcid.org/0000-0001-7584-4636 b Magister en gerencia de servicios de salud, ORCID: https://orcid.org/0000-0001-7676-8284 c Magister en administración en salud, ORCID: https://orcid.org/0000-0001-6790-8644 Sr. Editor, La COVID-19 en una enfermedad respiratoria aguda que por su alta capacidad de conta-gio y rápida propagación fue declarada pandemia por la Organización Mundial de la Salud a mediados del mes de marzo (1). De acuerdo a algunos reportes, los sujetos que la padecen presentan con frecuencia fiebre (78%), disnea (78%) y tos (71%); sin embargo, un porcentaje menor desarrolla un cuadro clínico más complejo que involucra saturaciones de oxígeno <90%, relación PaO 2 /FiO 2 <200mmHg e infiltrados radiológicos >50% del campo pulmonar en un periodo de 24 a 48 horas (2,3). Si bien existen divergencias en las manifestaciones clínicas de los pacientes con COVID-19, el curso de la enfermedad exige a menudo el uso de soporte respiratorio siendo la cánula nasal de alto flujo (CNAF) una importante alternativa terapéutica, dado que alrededor del 19% de estos desarrollan insuficiencia respiratoria hipoxémica y no siempre cumplen con criterios para intubación inmediata. La efectividad de la CNAF en el abordaje de sujetos con insuficiencia respiratoria hipoxé-mica ha quedado en evidencia en estudios previos como el FLORALI, un ensayo clínico multi-céntrico de 316 pacientes en el que si bien no se encontró diferencias en la tasa de intubación orotraqueal en el grupo de CNAF respecto al grupo de oxígeno convencional y de ventilación mecánica no invasiva (VMNI), en el análisis post hoc en pacientes con PaO 2 /Fio 2 <200 mmHg, la CNAF se asoció a menor frecuencia de intubación y menor mortalidad a 90 días (4). En el mismo sentido, un metaanálisis en el que se incluyeron 6 ensayos clínicos aleatorizados con un total de 1982 pacientes, mostró que la tasa de intubación con CNAF fue inferior a la del grupo de oxigenoterapia convencional y similar a la tasa en pacientes con VMNI (5). A pesar de lo anterior, la evidencia específica sobre la CNAF en pacientes con COVID-19 al principio de la pandemia era escasa, lo que conllevó a que en diversos documentos se reco-mendara limitar su uso argumentando la posibilidad de retraso en la intubación orotraqueal (particularmente en ausencia de selección estricta de los casos) y la incertidumbre sobre el riesgo de contagio para los profesionales de la salud (6). Es necesario destacar que, en contraste con la tendencia mencionada, importantes guías de manejo como la Surviving Sepsis Campaign de la Society of Critical Care Medicine, sugieren el uso de la CNAF sobre la oxigenoterapia con-vencional y la VMNI (recomendación débil y evidencia de baja calidad), aunque haciendo énfa-sis en lo imperativo que resulta una estrecha vigilancia para identificar de manera temprana el empeoramiento del estado respiratorio y la necesidad de una intubación (7) .
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Cruz Mosquera, F. E., Naranjo Rojas, A., & Moreno Reyes, S. P. (2020). Cánula nasal de alto flujo en pacientes con COVID-19: evidencia 120 días después del inicio de la pandemia. Anales de La Facultad de Medicina, 81(3). https://doi.org/10.15381/anales.v81i3.18383
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