Abstract
1. inTROdUcciÓn. deL cORPORATiviSmO AL neOcORPORATiviSmO El corporativismo, es decir, el pensamiento social que pone el acento en la estructuración de la sociedad a través de los denominados «cuerpos inter-medios» supone una de las alternativas a una de las cuestiones básicas de la reflexión sociológica y política, las condiciones del «orden» o equilibrio social en una sociedad sometida a los cambios de la revolución industrial y basada en la representación política de individuos atomizados, el liberalismo político. La sociedad liberal sustentada sobre individuos libres e iguales se encuentra abocada a tensiones de muy distinto tipo, fundamentalmente tensiones sociales derivadas de la lucha de todos contra todos y de la ruptura con una sociedad tra-dicional basada en lazos económicos, sociales, políticos y culturales que hacían hincapié en el grupo frente al individuo. Para evitar el desorden social previsible en una sociedad individualista, los liberales reivindican el papel arbitral del Es-tado para neutralizar los efectos de dicho desorden social. Y si bien, el Estado cumple un papel mínimo como garante neutral del des-envolvimiento de los individuos estableciendo un campo de juego y unas reglas iguales para todos, lo cierto es que, desde el punto de vista social, el sistema liberal se mostró muy inestable, a medida que el proceso de industrialización rompió con la economía tradicional, agrupando a los individuos en ciudades y generando nuevos lazos sociales en el ámbito del trabajo. La existencia de grupos sociales con intereses antagónicos (burguesía y proletariado) ponía en cuestión la vieja doctrina sobre la autorregulación del sistema económico y social, doctrina mantenida por los primeros teóricos del liberalismo económico, y generaba una inquietud sobre la estabilidad y mante-nimiento del nuevo sistema social individualista. Claro que hasta las crisis económicas de fin del siglo XIX, la competencia colonial de los Estados europeos y las nuevas doctrinas nacionalistas que refuer-186 Miguel Pasado y Memoria. Revista de Historia Contemporánea, 5, 2006, pp. 185-218 zan el papel de la comunidad sobre el individuo no se lleva a cabo un intento de reformular el modelo liberal a partir del fortalecimiento del Estado. El Estado en los escritores neorrománticos del último tercio del XIX ya no sería un Estado mínimo, una maquinaria destinada a facilitar una teórica com-petencia entre los individuos, sino que cumpliría un papel fundamental como racionalizador de la estructura productiva, controlando y organizando las ten-dencias centrífugas de los intereses de los individuos, poniéndolas al servicio de un interés moral superior, la comunidad definida por el propio Estado. En sus orígenes, el corporativismo fue una respuesta de la sociedad tradicio-nal del Antiguo Régimen a las consecuencias de la revolución liberal y el inicio del capitalismo. La disolución de la vieja sociedad fue considerada por los grupos privilegia-dos, la nobleza y las Iglesias, junto con la burocracia del Antiguo Régimen como un grave peligro para el mantenimiento de sus intereses y el control económico, social y político y cultural existente desde hacía siglos. Ello explica la reformulación social de la vieja sociedad mediante el corpo-rativismo concebido como una doctrina que defendía una sociedad jerárqui-ca organizada en torno a las asociaciones intermedias, familia, municipio y corporaciones. Este corporativismo social que entendía la sociedad como un ente orgánico con vida propia e independiente de los individuos, se completa con un nuevo concepto de Estado-Nación alternativo al Estado mínimo liberal y que concita todas las energías sociales en su seno, a través de una misión moral que debe realizar en la historia. Este Estado encarna a la nación y es la fuente de toda ley. Por consiguiente a una noción de corporativismo social, le sigue el corporativismo político, que apoyándose en la vinculación y dependencia del hombre respecto a su contexto social, afirma la subordinación del individuo al Estado, representante del Todo colectivo. La opción corporativa romántica de principios del siglo XIX, fue desplaza-da muy pronto por el modelo social, político y económico liberal triunfante a partir de los años 30 del siglo XIX, arrumbando el esquema defensivo del corporativismo romántico, pero en el último tercio del siglo XIX la sociedad liberal entra en una profunda crisis cuyos ejes esenciales fueron: una política económica proteccionista que asignaba al Estado un papel tuitivo de la eco-nomía nacional; el crecimiento del movimiento obrero y sus organizaciones sociales y políticas que suponían una contestación al modelo liberal y generan miedo entre las clases dirigentes europeas; el proceso de democratización polí-tica y social reflejado por el sufragio universal masculino, y la cultura de masas posibilitada por la alfabetización universal; la extensión de un nacionalismo esencialista que ponía el énfasis en la jerarquización social y en un modelo político autoritario antiliberal y antiparlamentario, y finalmente, la renovación del pensamiento en el marco del neorromanticismo que recupera parte de los elementos fundamentales del romanticismo de principios de siglo y rechaza las bases ideológicas de la ilustración y el liberalismo. El agotamiento del viejo
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Perfecto Cuadrado, M. Á. (2006). El corporativismo en España: desde los orígenes a la década de 1930. Pasado y Memoria, (5), 185–218. https://doi.org/10.14198/pasado2006.5.10
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