Abstract
Cad. Saúde Pública 2020; 36(4):e00066920 Este es un artículo publicado en acceso abierto (Open Access), bajo licen-cia de Creative Commons Attribution, que permite el uso, distribución y reproducción en cualquier medio, sin restricciones, siempre que el trabajo original sea correctamente citado. El 11 de marzo de 2020, la Organización Mundial de la Salud (OMS) declaró la enfermedad COVID-19, causada por el nuevo coronavirus SARS-CoV-2, como una pandemia. En el momento de escribir este artículo, se registran más de 1,3 millón de infectados, con más de 80 mil muertos (letalidad de 5,9%), en todos los países del mundo. En las Américas, son cerca de 400 mil casos y 12 mil muertes, con los Estados Unidos representando cerca de un 85%, tanto de los casos, como de las muertes del continen-te. En Brasil, el país más afectado de América del Sur, son cerca de 14 mil casos y más de 700 muertos (letalidad del 5%). La pandemia ha demostrado ser un problema que puede impactar profundamente la economía global: se han evaporado trillones de dólares de las bolsas de valores de todo el mundo, antes que cerraran sus puertas para evitar el colapso absoluto, sea porque sus operadores cayesen enfermos, sea por la caída de sus activos financieros; millones de personas perdieron sus empleos, por lo menos tem-poralmente, y otros tantos trabajadores informales, excluidos de los esquemas de protección social, fueron abocados-por gobiernos omisos-a una trágica elección: o salen de sus casas para ganar el pan y se exponen al virus o se quedan en el aislamiento social y mueren de hambre. Los gobiernos tuvieron que abrir sus arcas y gastar en servicios de salud, en ayuda económica a las empresas y a los trabajadores (en ese orden) o ver deteriorarse todavía más la situación social y sanitaria. El G20 prometió inyectar USD 4,8 trillones en la economía global; los Estados Unidos destinaron USD 2,3 trillones para estímulos a la economía nacional, pero no ha invertido nada para la ayuda internacional o para la salud global, en la cual el país ya ha sido uno de los campeones; en Brasil, los números anunciados por el gobierno federal son imprecisos, pero desde hace mucho un Sistema Único de Salud (SUS) desguazado tiene que lidiar con un perfil complejo de problemas de salud, la mayoría de ellos determinado o condicionado por la inmensa desigualdad socioeconómica vigente. En un escenario de mayor vulnerabilidad, donde las enfermedades van más allá de las fronteras nacionales de los países, globalizándose los riesgos para la salud, el nivel subregional, vinculado a iniciativas de integración, presenta grandes oportunidades para la cooperación en salud. Entre 2008 y 2019, América del Sur fue un ejemplo de cooperación en salud, durante la existencia de la Unión de Naciones Suramericanas (UNASUR). Como parte de la estructura más alta de la gober-nanza de esta iniciativa de integración regional, se contaba con el Consejo de Salud Sudamericano integrado por los 12 Ministros de Salud de la región. En esa época, el enfrentamiento colectivo de
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Buss, P. M., & Tobar, S. (2020). La COVID-19 y las oportunidades de cooperación internacional en salud. Cadernos de Saúde Pública, 36(4). https://doi.org/10.1590/0102-311x00066920
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