Abstract
E l 11 de marzo de 2020 la Organización Mundial de la Salud (OMS) declaró la in-fección por coronavirus SARS-CoV-2 como una pandemia, 3 meses después de los primeros casos de enfermedad respiratoria grave descritos en Wuhan, China. Estamos viviendo la mayor crisis sanitaria del siglo que a la fecha de escritura de esta editorial, reporta más de 4.500.000 casos y más de 300.000 fallecidos a nivel mundial 1. Las cifras reales son significativamente mayores, dado el subdiagnóstico de pacientes sintomáticos, y la desconocida prevalencia en pacientes con sínto-mas leves o asintomáticos. La alta capacidad de transmisión persona a per-sona, a través de secreciones respiratorias, fómites, con un posible rol menor de la vía fecal-oral 2 , han llevado a un rápido y exponencial aumento de casos en todo el mundo, y al colapso del sistema de salud en varios países dada la sobredemanda de camas críticas. Esta es también, la amenaza creciente para nuestro país. Se desconoce aún si el desarrollo de inmunidad humoral y/o celular post infección, detectada a partir de la semana de infección 3 , confiere pro-tección a mediano-largo plazo. Los reportes de reinfecciones, al menos al corto plazo, son escasos, lo que aumenta la probabilidad de inducción de inmunidad protectora. Las proyecciones, aún con varias imperfecciones, sugieren que el tiem-po requerido para lograr suficiente inmunidad de rebaño conferido por el curso de la infección natural, como para frenar la amenaza de nuevos brotes, demoraría varios años 4. Lo anterior fun-damenta la urgente necesidad de contar con una o más vacunas seguras y eficaces al más corto plazo posible. Sin embargo, este proceso no está exento de dificultades, pues requiere acelerar el desarrollo de vacunas, pero manteniendo los estándares de calidad para que éstas sean efectivas y seguras 5. La efectividad de una vacuna depende de su capacidad de inducir una respuesta inmune pro-tectora, pero por otro lado, se debe asegurar que la vacuna no induzca una enfermedad más severa, fenómeno paradójico denominado "immune-en-hancement", que ha sido observado en el desa-rrollo de vacunas para otros virus respiratorios y también en SARS-CoV-1 6 , mediante 2 posibles mecanismos: uno dependiente de anticuerpos 7 , en que la presencia de anticuerpos inducidos por vacuna facilita la replicación viral en lugar de actuar como neutralizantes; y otro mecanismo celular, en que la inducción de una respuesta pre-dominante Th2 acelera el daño tisular producido por la enfermedad 4. Considerar esta variable es de vital importancia en el caso de SARS-CoV-2, en que la desregulación de la respuesta inmune en forma de tormenta de citoquinas se ha asociado a los casos graves 8. Por tanto, una adecuada selección de la tecnología para desarrollar la vacuna y el debido análisis preclínico son necesarios para obtener una respuesta inmune protectora y segura. A la fecha, según datos de la OMS existen 110 vacunas para SARS-CoV-2 en estudio 9 , incluyendo vacunas a virus inactivado, virus atenuado, subu-nidades proteicas, vacunas de ARN, ADN, partícu-las similares a virus (VLPs) o virus recombinante no replicante. De éstas, ocho reportan al momento de este escrito el inicio de estudios clínicos en seres humanos. Las 2 primeras en iniciar estudios se encuentran actualmente en fase II: la primera desarrollada por Moderna (EE. UU.) en base a ARN mensajero codificante de la proteína de fusión "spike" necesaria para la entrada del virus
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GEORGE, S., TORRES TORRETI, J. P., & O’RYAN, M. (2020). Pandemia y vacunas, ¿quimera o realidad? Revista Médica de Chile, 148(4), 427–428. https://doi.org/10.4067/s0034-98872020000400427
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