Abstract
La secularización del pensamiento, propia de la mentalidad moderna e ilustrada, ha hecho que la ciencia, la técnica y la investigación científica en general, se hayan convertido en fuentes de normas morales. La dispersión del conocimiento se refleja en la vida diaria, tanto a nivel personal como social, laboral y empresarial, en unas propuestas éticas relativistas y consecuencialistas. La “sabiduría” capaz de encontrar un “criterio” para distinguir el bien y el mal no puede proporcionarla la especialización o la erudición, sino el conocimiento de aquello que hace del hombre un ser con valor absoluto.
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Corazón, R. (1970). La ciencia como ética. Revista Empresa y Humanismo, 43–66. https://doi.org/10.15581/015.9.33320
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