Abstract
La declaración de la pandemia en marzo de 2020 y las medidas de confinamiento impuestas han ocasionado importantes consecuen-cias para la salud mental, tanto para la población general como para el personal sanitario. Las características individuales determi-nan la percepción de control para afrontar las distintas situaciones y responder a ellas; sin embargo, la aparición de exigencias con una intensidad y duración que superan la capacidad de respuesta de la persona ocasiona la experimentación de un nivel inadecuado de estrés. Las consecuencias físicas, emocionales y sociales de ese desequilibrio determinan el sustrato idóneo para evolucionar hacia patologías más complejas como enfermedades cardíacas, digesti-vas o alteraciones del sistema inmunológico. entre otras 1. Diferentes estudios han objetivado la aparición de niveles variables de estrés, ansiedad, depresión, alteración del sueño y burnout en profesionales sanitarios de primera línea derivados de la COVID-19. Este impacto psicológico fue mayor en quienes tuvieron contacto directo con pacientes infectados, en probable relación con la jorna-da laboral prolongada y la concentración y el estado de vigilancia permanente que se requiere en estas situaciones 2. En la Atención Primaria, la sobrecarga asistencial y la percepción de no poder atender todas las necesidades de salud de la población y no contar con las condiciones idóneas han generado un alto grado de desgas-te profesional 3. La Sociedad Española de Medicina de Familia y Comunitaria (sem-FYC), en junio de 2021, realizó una encuesta para conocer el impacto de la pandemia sobre la salud emocional de sus socios y socias. Se invitó a participar a través del correo electrónico y de las redes socia-les de la semFYC y de las sociedades federadas. Los datos fueron re-cogidos en un cuestionario online que incluía las siguientes variables: características sociodemográficas, aspectos laborales, situación aní-mica (preguntas sobre percepción emocional con cuatro opciones de respuesta que eran: «no me ha ocurrido», «me ha ocurrido un poco», «bastante» y «la mayor parte del tiempo»), presencia de síntomas du-rante la pandemia, hábitos de salud, nivel de salud, estrategia de control de emociones y repercusiones sobre trabajo, vida social y familiar. Se recibieron 61 respuestas procedentes de las 17 comunidades au-tónomas. La edad media fue de 53,2 años (desviación estándar [DE]: 8,7) y el 59% eran mujeres. Un 72,1% trabajaba en un equipo de Atención Primaria y el 80,3% eran especialistas en Medicina Familiar y Comunitaria. Respecto a la situación anímica, el 45,9%, 31,1%, 21,3% indicó estar inquieto, nervioso o triste, respectivamente, durante bastante o la mayor parte del tiempo. En la tabla 1 mostramos la situación aní-mica manifestada por los participantes durante la pandemia. Al clasificar estas variables en dicotómicas («no me ha ocurrido y me ha ocurrido poco» frente a «bastante o mucho»), no se observaron diferencias en estas situaciones en función de la edad ni de los años de experiencia. Un 21,3% indicó no haber tenido ningún síntoma clínico durante la pandemia, mientras que el 44,3% manifestó haber presentado tres o más síntomas, siendo el más frecuente la sensación de fatiga o cansancio físico (63,9%), seguido de alteración del sueño (41,0%) y la presencia de contracturas musculares (37,7%). Se preguntó sobre la repercusión en su vida de los síntomas vividos durante la pandemia, indicando el 65,6% que le habían afectado al menos en un aspecto relacionado con su trabajo, su vida social o la familiar. El ámbito más afectado fue la vida social y las actividades de tiempo libre (57,4%), seguido del trabajo (32,8%) y la vida familiar (19,7%). No se observaron diferencias en función del sexo, edad o tiempo de experiencia. Respecto a la pregunta sobre el nivel de estado de salud en el mo-mento de la encuesta, un 57,4% indicó que fue muy bueno, 23,0% bueno y 19,7% regular. Por otra parte, se incluyeron preguntas abiertas, destacando entre los problemas manifestados como más difíciles de resolver la in-certidumbre, la sensación de caos y descontrol inicial, la impoten-cia asociada, la sensación la soledad de las personas infectadas y no poder atender presencialmente, el autoaislamiento de los profe-sionales para no contagiar a sus allegados, el cansancio, el elevado número de fallecimientos, la actitud negativa de algunos compa-ñeros de trabajo o el abandono percibido desde los órganos de di-rección. En este sentido, se ha comentado la influencia negativa en el estado emocional de los profesionales debido a la gestión desa-rrollada por las administraciones y organizaciones sanitarias. La mayoría de los encuestados manifestaron no haber recibido la in-formación adecuada ni de forma ágil para ejercer su actividad con seguridad y confianza, mientras que fueron receptores de un exce-so de protocolos cambiantes. Igualmente, señalaron la precariedad de la Atención Primaria y la falta de inversión como un factor agra-vante, así como la falta de consideración institucional y social ha-cia este nivel como un factor generador de malestar emocional. La
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Valiente Millán, M. a L., Méndez Iglesias, S. M., Morales Serrano, J. M., & Arroyo de la Rosa, A. (2021). Cansados de estar cansados. El impacto de la pandemia en el colectivo de Medicina Familiar: valoración y propuestas de mejora. Revista Clínica de Medicina de Familia. https://doi.org/10.55783/rcmf.140312
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