Abstract
La observación del comportamiento animal, contrastada con la del comportamiento humano, debe poder proporcionar el elemento manifestativo exclusivo del antropoide, como para poder deducir de este elemento el carácter racional de su sujeto. La tendencia es cada vez más generalizada en el sentido de apoyar una diferencia simplemente gradual entre los reinos racional e irra-cional, cuya denominación, en consecuencia, aparece ser el resultado de una división convencional. La bestia, mientras más se la estudia, da muestras crecientes de poseer una inteligencia que podría califi-carse como «en vías de desarrollo». ¿DISTINCIÓN MERAMENTE GRADUAL ENTRE EL HOMBRE Y LA BESTIA? ¿Cómo es posible conocer que un viviente posee inteligencia? La vía para sostener una afirmación como esta no puede ser sino la mos-tración, el señalamiento, de un modo de actuar peculiar. Para designar al hombre, se construyen fórmulas como: el hom-bre es la conciencia, es un ser histórico, un ser que produce; un in-dividuo que modifica la naturaleza, un ser para la muerte, un sujeto con presentimientos, un ser capaz de comprometerse, un ente social, un ser moral, un ser que siente, un deseo de deseos, voluntad de querer, un ser dialógico... fórmulas que deberían excluir al reino de la zoología, en la medida en que pretendieran convenir con cierta precisión a lo humano. Pero, al menos en un primer acercamiento al mundo zooide, no 173
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García Alonso, L. (2018). Las manifestaciones de la racionalidad. Anuario Filosófico, 12(2), 173–184. https://doi.org/10.15581/009.12.30353
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