Abstract
La endoscopia es un procedimiento por el cual se introduce un tubo flexible, dotado de una cámara y un sistema de iluminación, en el interior del aparato digestivo. Ello permite diagnosticar ("ver") las lesiones de la mucosa del tubo digestivo y también "biopsiarlas" ("tomar muestras") o tratarlas introduciendo, a tra-vés del propio endoscopio, instrumentos como pinzas de biopsia, catéteres o agujas. Existen dos grandes modalidades de endoscopia: 1. Esofagogastroscopia, endoscopia digestiva alta o panen-doscopia oral: se utiliza para explorar el esófago, el estó-mago y el duodeno, es decir, la parte superior del aparato digestivo, introduciendo el endoscopio por la boca. 2. Colonoscopia o endoscopia digestiva baja: se utiliza para explorar el recto, el colon y los últimos centímetros del in-testino delgado, introduciendo el endoscopio por el ano. En algunos casos, la endoscopia se realiza con sedación para disminuir las molestias que causa el procedimiento. Para ello se administran fármacos sedantes por vía intravenosa, con lo que se consigue que el paciente se duerma superficialmente mientras se hace la endoscopia. ¿CUÁLES SON LOS RIESGOS DE LA ENDOSCOPIA? Las complicaciones de la endoscopia son poco frecuentes (< 0,1%), sobre todo si la prueba se realiza con fines diagnósticos. El riesgo de complicaciones aumenta cuando la endoscopia se re-aliza de forma urgente, por ejemplo en relación a una hemorragia digestiva. Las posibles complicaciones incluyen la perforación, la hemorragia y los problemas respiratorios si el paciente aspira contenido gástrico a la vía respiratoria y al pulmón. ¿QUÉ UTILIDAD TIENE LA ENDOSCOPIA EN EL PACIENTE CON CIRROSIS? Los pacientes con una enfermedad hepática crónica avanzada (cirrosis) presentan resistencia ("dificultad") para que pase a través del hígado la sangre que trae la vena porta y que proviene del intestino. Esta dificultad se debe en gran medida a la fibrosis ("cicatrización y endurecimiento") del hígado, y se conoce con el nombre de hipertensión portal. La sangre de la vena porta ha de buscar entonces unos caminos alternativos para alcanzar el corazón, como son las venas del esófago y del estómago, que se dilatan formando las varices. Por tanto, las varices esofágicas y gástricas son venas anormalmente dilatadas que aparecen a ni-vel del esófago o del estómago en pacientes con hipertensión portal. Si se dilatan mucho pueden romperse y ser causa de he-morragia digestiva, una de las complicaciones más graves de la cirrosis. En los pacientes con cirrosis la endoscopia digestiva alta sirve para lo siguiente: Diagnóstico de las varices esofágicas Las varices esofágicas están presentes en un 30-60% de los pa-cientes con cirrosis y cuando son grandes tienen riesgo de rom-perse y de sangrar sin presentar síntomas previos (30% en dos años). Este riesgo puede disminuir si se utilizan determinados tra-tamientos, por lo que es importante que en todo paciente con ci-rrosis o con sospecha de esta enfermedad se realice una endosco-pia oral para descartar la presencia de varices. Si bien este no es el único método existente para diagnosticarlas, sí que es el que se utiliza con mayor frecuencia por ser el más fiable. Tratamiento de la hemorragia por varices La endoscopia oral está también indicada en el paciente con cirrosis que sufre una hemorragia digestiva con el fin de estable-cer su causa y realizar un tratamiento de la misma. Si las varices esofágicas son la causa del sangrado, el tratamiento consiste en colocar unas bandas elásticas ("gomas") en el cuello de la variz sangrante (procedimiento denominado ligadura endoscópica con bandas) y en administrar por vía intravenosa fármacos (terlipresi-na, somatostatina), que reducen la cantidad de sangre que pasa por las varices. Prevención de la primera o de sucesivas hemorragias por varices Tanto los pacientes en los que se detectan por primera vez va-rices esofágicas grandes o con puntos rojos en su superficie, como aquellos que han superado un episodio de sangrado, tienen un riesgo alto de presentar una hemorragia por rotura de las vari-ces. Por esta razón es necesario tratar las varices, con lo que se reduce este riesgo en aproximadamente un 30-50%. Los dos tra-tamientos disponibles para ello son unos medicamentos denomi-nados beta-bloqueantes (propranolol, nadolol) y la ligadura en-doscópica con bandas. Los fármacos beta-bloqueantes hay que tomarlos de por vida y, además de mejorar las varices, ejercen un efecto beneficioso sobre el curso de la propia cirrosis. La ligadu-ra endoscópica con bandas precisa de varias sesiones para elimi-nar las varices y, una vez eliminadas estas, requiere que el pa-ciente se someta a una vigilancia endoscópica periódica (generalmente cada 6 meses), por si vuelven a aparecer. La deci-sión sobre cuál de estas dos formas de tratamiento o la combina-ción de ambas es la que más le conviene debe hablarla con su médico, quien le explicará las ventajas y desventajas de cada una. La endoscopia en las enfermedades hepáticas 1130-0108/2011/103/4/218 REVISTA ESPAÑOLA DE ENFERMEDADES DIGESTIVAS
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Martín Mateos, R. M., & Albillos Martínez, A. (2011). La endoscopia en las enfermedades hepáticas. Revista Española de Enfermedades Digestivas, 103(4), 218–218. https://doi.org/10.4321/s1130-01082011000400010
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