Abstract
La educación superior, que durante décadas fue un reservorio de ideas y valores que contribuyeron al fortalecimiento de nuestra sociedad civil, hoy también resiente las consecuencias de la crisis y debe disponer de los reflejos y las iniciativas que en el pasado le dieron prestigio y protagonismo sociales. Es ya un lugar común referirse a las crisis epocales recordando que el ideo- grama chino que la representa reúne las nociones de peligro o amenaza con la de oportunidad para luego concluir, con un cierto dejo de optimismo, que debemos alegrarnos por los estímulos para el cambio que derivan de las crisis.Pero también es posible entender a las crisis como esos períodos en los que lo viejo no termina de morir y lo nuevo no termina de nacer, períodos que pueden ser prolongados y que no tienen porqué resolverse con la emergencia de una situación renovada y promisoria. Sin embargo, una de las instituciones que está mejor preparada para recrear valores, ante los cuestionamientos que sufren otras instituciones como los partidos políticos y el propio Estado, es la Universidad. La Universidad hoy no sólo debe proveernos de profesionales idóneos y de conocimientos científicos y tecnológicos, sino que básicamente tiene que aportar criterios y valores que contribuyan a reconstruir los vínculos entre los argenti- nos en un mundo gobernado por el valor del conocimiento. La Universidad Argentina tiene que recuperar el gran proyecto político de democratizar la ciencia, la técnica y la cultura logrando ubicarlas en un lugar de excelencia y al alcance de los más capaces. Esto supone introducir cambios profundos en la relación entre la Universi- dad, el conocimiento avanzado, el Estado y el sistema político
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Atenea, R. (1926). Extensión Universitaria. Atenea (Concepción), 3(4), 439–439. https://doi.org/10.29393/at4-322raeu10322
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