Abstract
El título de este libro no deja lugar a dudas. Sin embargo, y en vista de que con este mismo de Introducción a los estudios históricos son varios los ya publicados, conviene que exponga-mos con claridad qué es lo que nos hemos propuesto y lo que no. No hemos querido ofrecer, al modo de W. B. Boyce 1 , un compendio de historia universal dirigido a los principiantes, ni a quienes leen poco por falta de tiempo. No hemos querido añadir un libro más a la ya copiosa bibliografía sobre lo que comúnmente se conoce como «filoso-fía de la historia». Intelectuales que, en su mayoría, no son his-toriadores, han reflexionado sobre la historia e intentado dar con sus «constantes» y sus «normas»; algunos han creído haber descubierto «las leyes que rigen el desarrollo de la humanidad» y «elevado», gracias a semejante hallazgo, el estudio de la histo-ria a la categoría de «ciencia positiva» 2. Tan pretenciosas elucu-braciones inspiran a priori tanto a los profanos como a los especialistas, una desconfianza casi invencible. Fustel de Cou-langes, según leemos en una reciente biografía suya, era muy riguroso en lo tocante a la filosofía de la historia, y semejantes especulaciones le desagradaban tanto como los conceptos puramente metafísicos a los positivistas. Con razón o sin ella (sin ella, desde luego) la filosofía de la historia ha caído en el 1 W. B. Boyce, Introduction to ihe Study ofHistory, Civil, Ecclesiastical and Literary. Londres, 1884. 2 Es el caso de P. J. B. Bouchez, en su Introduction á la science de l'histoire, Puís, 1842, 2 vols.
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IILI, I. (1948). Advertencia. Revista Iberoamericana, 13(26), 355–355. https://doi.org/10.5195/reviberoamer.1948.1269
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