Abstract
Objetivo: Analizar la proliferación y las características de la desinformación y los deepfakes en el entorno digital. Metodología: Enfoque cualitativo basado en un diseño de investigación documental y fenomenológico, con una selección intencional de material relevante, incluyendo contenido digital, artículos académicos y documentos de políticas, seguido de un análisis temático exhaustivo. Resultados: Las redes sociales son el principal canal de difusión de desinformación (85%), siendo los temas más recurrentes la política (40%) y la salud (30%). Además, se identificaron técnicas predominantes en la creación de deepfakes, como face swapping, lip syncing y manipulación contextual. También se observó un incremento constante en iniciativas de fact-checking y alfabetización mediática, aunque persisten desafíos como la velocidad de difusión, la falta de alfabetización digital y la polarización política. Conclusión: Es fundamental abordar la desinformación desde una perspectiva multidisciplinaria que combine esfuerzos tecnológicos, educativos y políticos. Para ello, se deben promover políticas públicas que fomenten la alfabetización mediática y el pluralismo informativo, fortaleciendo así la resiliencia de la sociedad ante este fenómeno.Objective: To analyze the proliferation and characteristics of misinformation and deepfakes in the digital environment. Methodology: Qualitative approach based on a documentary and phenomenological research design, with an intentional selection of relevant material, including digital content, academic articles, and policy documents, followed by an exhaustive thematic analysis. Results: Social media is the main channel for spreading misinformation (85%), with the most recurrent topics being politics (40%) and health (30%). Additionally, predominant techniques in the creation of deepfakes were identified, such as face swapping, lip syncing, and contextual manipulation. A constant increase in fact-checking initiatives and media literacy was also observed, although challenges such as the speed of dissemination, lack of digital literacy, and political polarization persist. Conclusion: It is essential to address misinformation from a multidisciplinary perspective that combines technological, educational, and political efforts. To achieve this, public policies must be promoted that foster media literacy and informational pluralism, thereby strengthening society's resilience to this phenomenon.
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Guaña Moya, E. J. (2023). Desinformación en redes sociales: Desafíos educativos y tecnológicos. Impact Research Journal, 1(1), 41–57. https://doi.org/10.63380/irj.v1n1.2023.21
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