Abstract
1 En la teoría de las relaciones internacionales abundan los argumentos estratégicos basados en la defensa de intereses nacionales, que suelen ir acompañados de pronunciamientos sobre. la inadecuación de los juicios morales respecto de la conducta de las naciones, sea porque los términos éticos no tienen el mismo significado en el contexto internacional o por-que los juicios éticos son moralmente dañinos en sus consecuencias para las relaciones internacionales. Diplomáticos como George Kennan, filosóíos políticos como Benedetto Croce, historiadores como Arthur Schlesin-ger o teóricos de relaciones internacionales como Hans Morgenthau, por citar algunos nombres significativos, están representados en ese grupo de pensadores. Es por esto que en varias ocasiones se ha sostenido que los estudios clásicos de teoría de las relaciones internacionales no abordan los temas éticos con la seriedad que merecen por diversas cau-sas de endeble fundamento, entre las que cabe nombrar el escepticismo y el realismo (Cohen, 1984), aunque también algunas teo-rías postmodernas de la disciplina son sus-ceptibles de la misma crítica (Frost, 1996). Sin embargo, en los últimos años esa situa-ción ha cambiado radicalmente por motivos teóricos y empíricos. En el campo teórico, en la década de 1970, comienzan a aparecer trabajos centrados en problemas de justifi-cación, que coinciden con el resurgimiento de las discusiones sobre ética normativa tras la aparicion de la Teoría de la justicia de Jobo Rawls y con diversos ataques al paradigma realista en la ética de las relaciones ínter-nacionales (p. ej., Beitz, 1979). Además, en el terreno práctico, la necesidad de una dis-cusión profunda de los problemas interna-cionales desde un punto de vista ético-nor-mativo se demuestra cada vez más notoria si tenemos en cuenta el tipo de casos ante los que nos encontramos y el contexto en el que se producen. Respecto de este último, llama la atención inmediatamente la trans-formación internacional que se ha producido en las últimas décadas y que hacen no ya conveniente sino necesario hablar con nuevos términos como glohalización. Con razón se ha criticado este concepto por su ambigüe-dad, ya que puede describir «cualquier cosa desde Internet a una hamburguesa» y que con frecuencia es «un eufemismo cortés para la continua amcricanización de los gustos consumistas y de las prácticas culturales" (Strange, 1996, p. xnt), No obstante, globa-lización es un concepto útil porque, por un lado, nos permite una descripción más ade-cuada de una realidad internacional a la que le resulta imposible mantener sus problemas encerrados dentro de las fronteras de los Estados; pero que, por otro lado, nos alerta también, y sin excluir el sentido normativo, de los nuevos análisis que se precisan para decidir cuestiones en las que no sólo hay ele-mentos descriptivos, sino también preguntas sobre cómo se debe actuar en casos críticos como la inmigración por motivos políticos y económicos en los países desarrollados, la protección del medio ambiente mundial en los países desarrollados y subdesarrollados, la utilización de energías altamente conta-minantes y con grandes niveles de riesgo, jun-to a problemas más tradicionales como los * El presente escrito se inscribe dentro de un proyecto de investigación, financiado por la DGICYT, del Programa Sectorial de Promoción del Conocimiento (núm. PB 94-0193).
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Espósito, C. D. (1997). Soberanía y ética en las relaciones internacionales: contextos superpuestos. Isegoría, (16), 189–199. https://doi.org/10.3989/isegoria.1997.i16.190
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