Abstract
Desde fines del siglo XIX y comienzos del siglo XX se vivió en América Latina una significativa reacción nacionalista. Esta se manifestó tanto en el orden político, social, cultural y aún económico, obedeciendo a motivaciones diversas: unas pueden enmarcarse en los cambios internos y en la redefinición de las relaciones internacionales; otras en la necesidad de repensar lo nacional en términos de reconocer el valor de lo popular, lo cotidiano, el lugar, todo ello con un cierto sentido de reencuentro. A nivel urbano es donde se desarrollaron los eventos culturales más significativos. La influencia francesa tanto en ideas filosóficas, artísticas y literarias fue muy marcada, sin desconocer la presencia de una veta hispánica y luego angloamericana en el pensamiento del período. El proceso del modernismo que se inició con la literatura, ha sido revalorado en su significación y despojado del sentido meramente escapista, exótico y extranjerizante 1 que se le dio en un tiempo, para analizarlo como un complejo planteamiento de revisión de valores que exceden lo estrictamente formal. En las artes plásticas creció la preocupación por la generación de un espíritu nuevo que de alguna forma buscaba enfrentar-desde puntos de vista diversos-todo lo que fuera repetición de estéticas anteriores. No se trataba de una simple imitación de lo que aportaban las vanguardias europeas, sino de un marcado interés por las nuevas formas, por los nuevos temas y por lo que de alguna manera significara destronar el realismo y racionalismo más tradicionales. Pero además, en algunos espacios el reconocimiento de lo propio pasó por reconocer e intentar recuperar aportes venidos de espacios culturales relegados, como lo eran la cultura indígena y africana. Y la ciudad se convirtió en el epicentro de todas estas elucubraciones, distanciando aún más la relación existente entre ciudad y campo. E1 arte a fines del siglo XIX: "la imitación prestigiada" En uno de los tantos diarios de viajeros que se publicaron a fines del XIX, su autor describía Santiago de Chile y anotaba que: "El palacio Blanco Escalada tenía el más puro estilo Luis XV, mientras que la casa del señor Arrieta era una espléndida villa florentina; el señor Urmeneta se construyó un palacio gótico y Claudio Vicuña habitaba una imitación de la Alhambra". 2 Serían múltiples los ejemplos similares que podríamos citar, y esta actitud imitativa de los modelos europeos fue consecuentemente asumida por las élites latinoamericanas que sin rubores copiaban sus modos de vida, pautas culturales y modelos artísticos, desconociendo y rechazando lo indígena o lo mestizo y su cultura. Pese a las diferencias regionales, hay ciertos elementos que resultan comunes: se espera que Europa aporte nuevas técnicas para la explotación de sus recursos, modelos ideológicos, de urbanización y obviamente artísticos. La propaganda comercial que aumentaba en periódicos y revistas ofrecía diversos productos de consumo, todos artículos "de París" así se fabricaran en Italia o Alemania y la ciudad jugó cada vez más el papel de centro de europeización. Esa imitación resultaba para más de uno un aspecto a destacar no a ocultar. A tal punto llegaba a veces el espíritu imitativo y la desorientación en el campo artístico, que no resulta extraño el envió que hizo 1 José Olivio Jiménez, Antología de la poesía hispanoamericana contemporánea, 1914-1970.pág 9. Alianza Editorial, Barcelona, 1981. 2 Gustavo Beyhaut, ob.cit. pág.95. 5
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Pini, I. (1996). Aproximación a la idea de “lo propio” en el arte latinoamericano a fines del siglo XIX y comienzos del siglo XX. Historia Crítica, (13), 5–15. https://doi.org/10.7440/histcrit13.1996.00
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