Abstract
En los últimos tiempos, el fenómeno de la exclusión social se ha ido convirtiendo en un tema central en las políticas sociales de los distintos gobiernos del mundo desarrollado; a su vez, su erradicación ha forzado el desarrollo tanto de políticas supranacionales de integración social en los países miembro de los organismos internacionales como de las estrategias globales destinadas a acabar con las grandes situaciones de desequilibrio social y pobreza que se dan en el llamado tercer mundo. En este sentido, la trayectoria histórica que explica el grado de importancia de estas cuestiones apunta a los diversos procesos de desarrollo global, tecnológico y económico que, además de deparar unas sociedades más avanzadas y con mayor bienestar, 2 también han generado nuevos fenómenos que acaban configurándose como procesos de exclusión social. Es posible comprobar que la exclusión social, comprendida como un concepto en sí mismo, integra un alto grado de dificultad analítica debido, por un lado, a las distintas implicaciones que contiene y, por el otro, a la creciente complejidad de procesos que la generan, puesto que no obedece a una sola causa, sino a un cúmulo de circunstancias negativas que, a menudo, están estrechamente vinculadas. Con el paso del tiempo, este fenómeno ha evolucionado hacia una dimensión cada vez más compleja. Si en un primer momento los clásicos analizaban la dualidad dentro-afuera y los determinantes de la pobreza utilizando diversa terminología, los autores contemporáneos, en sus diversos informes, han ido incorporando en sus formulaciones nuevas dimensiones y factores 3 que la impulsan (Tezanos, 2004; Luengo, 2005). Bajo estos parámetros, los estudios e investigaciones más recientes y con mayor repercusión acerca del fenómeno de la exclusión social no dudan en confirmar su condición multidimensional (la exclusión como un fenómeno poliédrico, formado por la articulación de un cúmulo de circunstancias desfavorables, a menudo fuertemente interrelacionadas); su condición estructural (pues no es un hecho aislado o bien coyuntural que se da en determinadas sociedades, sino que es algo más profundo y estable); su condición relativa 2 La crisis del modelo del Estado de bienestar actual se debe, en gran medida, a su imposibilidad de quedar fuera de los parámetros económicos-globales sumado a ciertas cuestiones sociales (envejecimiento demográfico, movimientos migratorios, etc.) que empujan a potenciar una serie de procesos estructurales que influyen y reorientan todos los ámbitos del desenvolvimiento humano (Ritacco, 2007; Luengo, Jiménez y Taberner, 2009). 3 Entre ellas, es posible describir múltiples situaciones asociadas a tantos factores como dimensiones de desenvolvimiento humano pueden ser representadas, pudiendo mencionar: situación laboral (desempleo, seguridad laboral, etc.), situación residencial (vivienda en propiedad, alquiler, etc.), situación relacional (fuertes lazos sociales, ausencia o pertenencia a redes sociales), situación ciudadana (posibilidad o no participación civil y política), situación sanitaria-asistencial (grado de accesibilidad a atención sanitaria), situación cultural (pertenencia grupos estigmatizados o no, grado de formación cultural) y situación educativa-formativa (nivel de formación, grado de escolarización).
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Real, M. R. (2011). El ejercicio de la docencia en contextos de exclusión socioeducativa en la Comunidad Autónoma de Andalucía: Dificultades y perspectivas1. Voces y Silencios. Revista Latinoamericana de Educación, 2(1), 18–38. https://doi.org/10.18175/vys2.1.2011.02
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