Abstract
El ser humano ha practicado el arte del maquillaje desde tiempos ancestrales con distintas connotaciones, utilizándose actualmente para mejorar la imagen y para enmascarar o disimular ciertas afecciones o imperfecciones cutáneas desde el punto de vista estético. Muchas enfermedades y alteraciones dermatológicas producen un grave impacto psicológico en el paciente, principalmente si se localizan en zonas expuestas como la cara; aunque a algunos pacientes no les supone ningún problema, derma-tosis como el acné, rosácea o hemangiomas, alteraciones pigmentarias como el vitíligo y el melasma, cicatrices o los efectos adversos de la quimioterapia pueden afectar a la calidad de vida y causar problemas psicológicos como depresión, ansiedad, pérdida de autoestima, aislamiento social…; además, en otras personas puede llevar al rechazo, exclusión y discriminación, produciendo un sentimiento de estigmatización, lo cual afecta a la salud. Por ello el maquillaje dermatológico, entendido como el conjunto de productos y técnicas que tienen como objetivo ocultar o disimular alteraciones cutáneas con el fin de mejorar el bienestar psíquico y social del paciente, es una herramienta a la que no puede escapar ningún profe-sional sanitario, aunque, a la hora del camuflaje, hay que tener en cuenta que no todo se puede camuflar al 100 %, aunque sí se puede mejorar.
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Zarzuelo Castañeda, A. (2023). Maquillaje terapéutico, entre la estética y la autoestima. FarmaJournal, 8(2), 59–61. https://doi.org/10.14201/fj2023825961
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