Abstract
Editorial GES en cáncer de ovario epitelial: un avance sanitario necesario pero no exento de riesgos y dificultades futuras 161 REV CHIL OBSTET GINECOL 2013; 78(3): 161-166 A nivel mundial el cáncer de ovario epitelial constituye la neoplasia maligna ginecológica más letal. Anualmente se diagnostican poco menos de 225.000 nuevos casos y poco más de 140.000 mu-jeres mueren por esta causa en el mismo período (1,2). Su gran letalidad se debe mayoritariamente a que no existen herramientas de tamizaje ni sín-tomas premonitores que permitan su diagnóstico en etapa precoz. Así, lamentablemente, dos tercios de los casos se diagnostican en etapa avanzada (etapa III o IV de la clasificación FIGO), estado en el cual la sobrevida no supera el 40% a 5 años (3). Contribuye además a esta alta letalidad, la transito-riedad de la respuesta terapéutica que se observa en la mayoría de los casos, fenómeno que se sus-tenta en el alto porcentaje de recurrencias que tie-nen lugar a corto andar de finalizado el tratamiento (habitualmente entre 12 y 24 meses post terapia). De hecho, aunque el 70 a 80% de los casos res-ponde adecuadamente, experimentando remisión clínica, la mayoría así también recurre en una forma de cáncer más agresiva y resistente que indefecti-blemente conduce a la muerte (3,4). En la actualidad las alternativas de tratamiento para este cáncer contemplan, como primera opción, el uso de cirugía de citoreducción óptima seguida de quimioterapia. Alternativamente, para aquellos casos en que la condición clínica de la paciente no lo permite, está disponible la opción de iniciar tra-tamiento con quimioterapia neoadyuvante seguido de cirugía de intervalo (3-6). En ambos escenarios, se trata de un tratamiento de alta complejidad que demanda recursos humanos, económicos y de in-fraestructura que para países emergentes o en vías de desarrollo no siempre es posible ofrecer o en la práctica conlleva acceso restringido. Desde un pun-to de vista social, es una condición predispuesta a la inequidad, ya que la limitación de recursos hu-manos y económicos, propia de los países en vías de desarrollo, puede hacer que los beneficiarios del sistema público no accedan a toda la gama de op-ciones terapéuticas cuando se compara con aque-llos que, contando con los medios, logran acceder al sistema de atención privada o de libre elección. En Chile, tanto la incidencia como la mortalidad por cáncer de ovario epitelial han ido paulatinamen-te aumentando en la última década. A modo de ejemplo como muestra la Figura 1, la tasa de mor-talidad ha aumentado desde 3,4 a 4,9 por 100.000 mujeres/año si se compara los años 1997 y 2010. Así, el cáncer de ovario epitelial ha pasado a ocu-par desde el décimo al noveno lugar, como causa de muerte por cáncer en la mujer chilena, en los últimos 5 años. Tal tendencia de los indicadores se explica por el aumento en la esperanza de vida en la mujer chilena (al tratarse de una condición cuya prevalencia aumenta después de la sexta década de la vida), a la mayor prevalencia de factores de riesgo predisponentes al desarrollo de esta condi-ción (ej. obesidad y tabaquismo) y a la variabilidad en los estándares de tratamiento disponibles en di-ferentes regiones del país (7,8). Existe consenso en la literatura que una pacien-te con cáncer de ovario avanzado debe idealmen-te ser sometida a cirugía primaria y luego recibir quimioterapia (3). En dicha cirugía el objetivo es alcanzar el menor residuo tumoral posible, es de-cir la citoreducción óptima, a fin de reducir la car-ga tumoral con la cual posteriormente deba lidiar la quimioterapia. La definición de citoreducción ha evolucionado en el tiempo hasta alcanzar niveles de residuo menor de 1 cm o residuo microscópico (4,5). Tal límite de lo óptimo, ha demandado por parte de los ginecólogos oncólogos un incremento de sus destrezas quirúrgicas a fin de poder reali-zar cirugía ultraradical (9). En centros donde se ha logrado superar la barrera del 60 a 70% de casos óptimamente citoreducidos, la cirugía no se limita a la histerectomía total, anexectomía bilateral, omen-tectomía infracólica y remoción de implantes, situa-ción que ocurre actualmente en muchos lugares de nuestro país. Tal magnitud de cirugía solo logra citoreducir adecuadamente no más de un 20 a 30% de los casos. Los estándares actuales demandan que el cirujano remueva tumor más allá de la pelvis , en particular en el abdomen superior. Es por
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Cuello F, M. (2013). GES en cáncer de ovario epitelial: un avance sanitario necesario pero no exento de riesgos y dificultades futuras. Revista Chilena de Obstetricia y Ginecología, 78(3), 161–166. https://doi.org/10.4067/s0717-75262013000300001
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