Modelos y paradigmas en salud mental

  • Capellá A
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EDITORIAL Modelos y paradigmas en salud mental Hemos iniciado hace muy poco la andadura de un nuevo siglo que despierta grandes expectativas, pues, entre otras, anticipa futuras investigaciones que permitirán conocer mejor que nunca un apasionante objeto: nuestra propia mente. Seguramente nuevas técnicas de estudio ayudarán a delimitar mucho mejor un objeto indagado desde tan múltiples ángulos a lo largo de la historia. La mente humana, a diferencia de otros objetos de investigación, ha rendido difícilmente sus arcanos, y se ha prestado a incontables concepciones. Paradójicamente pues, nuestra propia mente, lo más íntimo y próximo de nuestra naturaleza, ha resultado ser un objeto opaco a una satisfactoria aproximación. Otros objetos de estudio, como la naturaleza celeste, tan lejana a su vez, han permitido una más directa observación. ¿Cómo nos acercamos a la naturaleza? Para aprehenderla, más allá de lo que la técnica nos presta, usamos básicamente conceptos, sean más o menos acertados. Son construcciones mentales que gestamos, teorías aproximativas y explicativas que nos dan idea de la realidad. Estas construcciones teóricas, más o menos acertadas, son los modelos, que se constituyen en paradigmas al alcanzar cierto consenso en la comunidad científica. Sobre la mente humana se han formulado infinidad de modelos conceptuales a lo largo de los tiempos que han intentado dar idea de lo que constituye nuestra íntima naturaleza de seres pensantes, y algunos se han transformado en paradigmas claves. Justamente nuestro pasado siglo, el XX, ha conocido importantes paradigmas que han aportado luces a este opaco objeto; así, el conductista, el psicoanalítico, el de la antipsiquiatría (como antimodelo), el cognitivista, el sistémico, el de la neurociencia, el de la filosofía de la mente, y tantos otros. Muchos de estos modelos no sólo han conceptualizado la mente, sino que han postulado aplicaciones prácticas y terapéuticas útiles en el campo de la salud mental. Pues difícilmente podemos adentrarnos en este campo, que aborda especialmente la patología, sin un modelo, un esquema representativo que nos confiera cierto enfoque. Seguramente desde el origen de los tiempos propiamente humanos ya existió un afán por desvelar la naturaleza de la mente y representarla de algún modo. Pues, aunque sea demasiado aventurado, ¿no constituyen las representaciones pictóricas realizadas en obscuras cuevas por nuestros ancestrales antepasados una primera iluminación representativa de nuestro mundo interior? Sin embargo, para hablar propiamente de modelos sobre lo mental, deberíamos ciertamente seguir el hilo conductor que iniciado en el tiempo griego, se habla ya de «psique» o de alma, atraviesa la historia con decisivos paradigmas-los animistas-religiosos, el dualista cartesiano y tantos otros-hasta llegar a nuestros días. Paralelamente, a medida que en muchos otros campos también se crean paradigmas, se establece un concepto básico para medir la justeza y adecuación de cualquier modelo: el de ciencia. Así, existe cierto acuerdo general entre los investigadores que no cualquier modelo puede validarse, sino que debe tener precisas cualidades: objetividad, fiabilidad,

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Capellá, A. (2001). Modelos y paradigmas en salud mental. Revista de La Asociación Española de Neuropsiquiatría, (80). https://doi.org/10.4321/s0211-57352001000400001

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