Abstract
Cuando el 11 de marzo de 2020 la Organización Mundial de la Salud elevó a pandemia mundial la situación de emergencia de salud pública ocasionada por la COVID-19 y el 14 de marzo se declara el estado de alarma en España, aún no éramos conscientes del alcance que podría tener para la salud mental. Como bien sabemos, esta crisis sanitaria sin precedentes desbordó la capacidad del sistema sanitario y restringió temporalmente los derechos fundamentales de la ciudadanía. La pandemia generó un estrés generalizado que afectó a toda la población. Desde el inicio de la pandemia, numerosos estudios han informado de un incremento de los problemas de salud mental, con especial riesgo para los colectivos vulnerables, la infancia, la adolescencia, las personas mayores o el personal sanitario. El último Barómetro el Centro de Investigaciones Sociológicas revela que los ciudadanos siguen preocupados por la crisis del coronavirus, tanto por los efectos sobre la economía y el empleo como por los efectos sobre la salud. El Sistema Nacional de Salud (SNS) concentró sus esfuerzos en atender y frenar la pandemia, priorizando la atención a las personas afectadas por la COVID-19. Este esfuerzo realizado fue incalculable por parte de los profesionales de la sanidad. La psicología aportó sus conocimientos y se puso al servicio de la ciudadanía. Los facultativos especialistas en psicología clínica igualmente multiplicaron sus esfuerzos para la atención de los pacientes con COVID-19, sus familias y profesionales sanitarios, sin descuidar la asistencia a los pacientes de salud mental. No obstante, la demanda fue tal, que tuvieron que habilitarse dispositivos de atención psicológica para que pudiese ser atendida toda la población. Un informe de la OMS del Technical Advisory Group on the Mental Health Impacts of COVID-19 refleja lo ocurrido y advierte del impacto de la pandemia en los servicios de salud mental. Recuerda que la capacidad y cobertura de los servicios para la atención a las personas con trastorno mental ya eran limitadas antes de la pandemia y ésta ha vuelto a resaltar las carencias en la atención a la salud mental de la población. La rápida sobrecarga del sistema sanitario, que centró su actividad en el COVID-19, provocó el aumento de la demanda asistencial y la modificación de la prestación de los servicios de salud mental, pasando de una modalidad pre-sencial a la atención a distancia, que también supuso nuevos niveles de estrés y presión a los que los profesio-nales tenían que enfrentarse. El documento señala que los sistemas nacionales de salud tienen como prioridad abordar la salud mental de las personas afectadas por la COVID-19, dado el previsible aumento de las altera-ciones psicopatológicas. Por todo ello, recomienda reforzar y desarrollar los servicios de salud mental, puesto que la capacidad para atender a las necesidades de salud mental en general y las inducidas por la pandemia,
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Bruguera, M. R. (2021). Salud Mental y COVID-19 en el Sistema Nacional de Salud. Clínica Contemporánea, 12(3). https://doi.org/10.5093/cc2021a27
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