Abstract
Tratándose de una pregunta tan importante y, al mismo tiempo tan genérica, antes de interesarse por los contenidos que podrían satisfacerla, hay que interesarse por la misma pregunta. La pregunta ¿qué es? es la pregunta por la esencia de las cosas o, si se quiere, en términos menos ambiciosos, la pre-gunta por la definición. Detrás se esconden muchos problemas de teoría del conocimiento, que casi son tan antiguos como la filosofía misma. Sin entrar ahora precipitadamente en ellos, conviene recoger algunas sugerencias de esa sabiduría. En primer lugar, cabe distinguir entre descripción y definición. Descri-bir un objeto es intentar «pintarlo con palabras», especialmente en lo que se refiere a su forma externa accesible para nuestros sentidos; decir cómo está con-figurado, cuál es su aspecto y su comportamiento. Con una «definición» inten-tamos, en cambio, algo más preciso: expresar la naturaleza de una cosa o el sig-nificado de una noción. La definición debe caracterizar esencialmente una rea-lidad o un concepto y distinguirla de todo lo demás; aunque también hay defi-niciones puramente descriptivas. El convencimiento de que todo lo real debe tener una definición esencial se basa en una concepción del cosmos recibida de Platón. Para él, todas las cosas son reflejo o realización de una idea y, por eso, tienen una naturaleza que nues-tro conocimiento es capaz de captar (en realidad, para ser fieles a Platón, de SCRIPTA THEOLOGlCA 30 (1998/1) 165-200 165
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Lorda, J. L. (2017). ¿Qué es el hombre? (Una vez más) Aproximación teológica a la antropología. Scripta Theologica, 30(1), 165–200. https://doi.org/10.15581/006.30.10695
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