Abstract
Introducción Los avances en materiales, diseños y técnicas han permitido que en la actualidad pueda esperarse una supervivencia estimable de las prótesis totales de cadera (1,2). De cualquier manera, aproxima-damente un 10% de todos los procedimientos protésicos realizados anualmente son recambios de prótesis que han fallado, estando el desgaste en la base una buena parte de esos fallos (3). Y ésto es aún más acusado en el grupo de pacientes de edad menor a 40 años. Efectivamente, aunque to-dos los materiales que se utilizan hoy día en la con-fección de prótesis se desgastan en mayor o menor medida en todos los casos, lo hacen de manera es-pecialmente acelerada y agresiva en pacientes jó-venes y activos (4,5,6). El desgaste atenta directamente contra la inte-gridad morfológica y funcional de los implantes. Pero es que, sobre todo, las partículas así producidas son capaces de provocar una reacción inflamatoria a cuerpo extraño (7,8) que causa la reabsorción del hueso alrededor del implante (9), lo que se ha dado en llamar osteólisis y reconocido como un grave problema que compromete la supervivencia a largo plazo de las prótesis (10). Se ha comprobado una relación directa entre magnitud del desgaste y reabsorción del calcar (11,12), o entre aquella y la incidencia de aflojamiento radiológico (13,14). La preocupación por evitar los efectos pernicio-sos del desgaste de las superficies articulares han llevado a lo largo de toda la historia de la cirugía protésica a buscar soluciones optimizando los ma-teriales empleados. El polimetilmetacrilato utilizado por Judet a finales de los 30s y los 40s (15) dió unos resultados catastróficos, al igual que el politetra-fluoroetileno al que recurrió inicialmente Charnley. El polietileno de extra alto peso molecular que comenzó a implantar en 1962 en el acetábulo (16), en oposición a un componente femoral metálico, es el superviviente hoy día, a pesar de haber sido es-tudiados y ensayados múltiples materiales (17) y haberlo intentado en clínica con el poliacetal (18,19) y el poliester (20). La mejora supuesta por el trata-miento de la superficie metálica de la cabeza femoral mediante implantación iónica o recubrimiento con capas de pasivación es controvertida (21,22,23). En ese mismo sentido hay que considerar la propuesta de usar un par metal-metal (24,25) o cerámica-ce-rámica, con una discordancia en los resultados ob-tenidos (26, 27,28,29). Otra vía ha sido la búsqueda de disminuir el des-gaste del polietileno aumentando su cristalinidad (30,31), pero hasta la fecha no ha sido posible de-mostrar esa ventaja en el campo clínico (31). Lo mismo sucede con el material compuesto, o composite, de poli-etileno y fibras de carbono, o Poly II (32,33). Hemos intentado obviar esos inconve-nientes modificando la fase polimérica, o matriz, del compuesto, y en la experimentación de ese pro-ducto consiste este trabajo. Material y método
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Fernández Fairen, M., Polineni, V. K., Wanga, A., & Sala, A. (2003). Ensayo del material compuesto poli-eter-eter-cetona/fibra de carbono en el acetábulo de prótesis totales de cadera. Biomecánica. https://doi.org/10.5821/sibb.v11i1.1696
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