De la Tradición y la Evolución: Bienestar psicológico en hombres patagónicos contemporáneos

  • PALLAHUALA U S
  • AVENDAÑO A S
  • ESTRADA G C
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A lo largo de la historia han surgido diversos intentos teóricos por abordar la masculinidad y femi-nidad, suscitando especial interés la posición que lo masculino y lo femenino ocupa en el ordenamiento social y las relaciones de poder derivadas de dichas posiciones. Aunque los principales cambios en la concepción social de los géneros fueron impulsados por movimientos asociados al feminismo, este fenó-meno implicó también la revisión de la masculinidad tradicional (Burin & Meler, 2000). Algunas investi-gaciones, abandonando la mirada de la masculinidad como una construcción intocable, comenzaron a interesarse en el estudio del "malestar masculino" (Badinter, 1993; Burin, 2000; Montecino, 1998; Bonino, 1999). Si bien, parece existir acuerdo respecto a que la diferenciación de roles es universal, la masculinidad y feminidad no se dan de la misma forma en todas las culturas, pues las ideas sobre lo que es considerado masculino y femenino en una cultura, corresponden a construcciones histórico-sociales, que se configuran en base a patrones relacionales entre los géneros. A pesar de las particularidades de cada sociedad y tiempo histórico, el valor predomínate en la cultura occidental, es que la masculinidad ha adoptado el rol dominante y la feminidad el de subordinación (Connell, 1997; Butler, 2001). El concepto de género fue abordado inicialmen-te por autores tales como John Money (1955) quien postuló la noción de roles de género para referirse a las conductas que normalmente se le atribuyen a hombres y a mujeres, dando especial relevancia al contexto social y familiar en la configuración de la subjetividad genérica de las personas (Dio-Bleichmar, 1996; Klein, s.f; Botello, 2005). Dado que por mucho tiempo se consideró que las nociones de género y sexo eran equivalen-tes, Stoller (1968) se dio al trabajo de delimitar tales conceptos. El sexo correspondería a la diferencia-ción que se realiza en función de las características sexuales anatómicas existentes entre hombres y mujeres, mientras que el género correspondería al significado atribuido a dicha diferencia, proveniente de construcciones sociales, culturales e históricas (Hardy y Jiménez, 2001; Carril, 2000; Burin, 1996). Algunos autores plantean que el proceso de construcción de la subjetividad genérica comienza incluso antes de que el niño nazca (Hardy y Jiménez, 2001, Dio-Bleichmar, 1996, Quirici, 2003). Cuando los padres planifican la concepción de un hijo o durante el periodo de embarazo, éstos empiezan a fantasear respecto a las características que su hijo poseerá y sobre el sexo que dicho ser tendrá, iden-tificando proyectivamente sobre el cuerpo sexuado de su hijo sus propios fantasmas de género. Desde la mirada psicoanalítica, el periodo pre-edípico es el momento del desarrollo en el cual el sujeto comienza a identificarse con lo masculino. Estudios en torno a la identidad genérica han seña-lado que aproximadamente a los dieciocho meses de vida, el niño logra concebirse a sí mismo como perteneciente a un género, consolidándose lo que ha sido denominado como núcleo de género, antes de que éste sea capaz de comprender con total claridad la diferencia anatómico-genital existente entre los sexos (Stoller, 1968). En un primer momento la de-pendencia respecto de la madre es intensa, pues ella es la que se ha encargado tradicionalmente de cubrir las necesidades alimenticias y afectivas del bebé, sin embargo, cuando el padre se incorpora en la labor de crianza, éste emerge como principal modelo de identificación con lo masculino, siendo posicionado en el lugar de ideal (Dio-Bleichmar, 1996). Por lo tanto, el niño mantendrá un interés especial hacia el padre, que moviliza la identificación con él, no obstante esta actitud no se orienta hacia fines pasivos femeninos respecto del padre, pues a diferencia del vínculo que mantiene con la madre está exento del componente sexual; este proceso ha sido denominado como identificación primaria (Freud, 1921). traditional schemes. Those men who show an integration of male identity between male and female aspects, show higher levels of welfare than those strongly masculine, strongly feminine or neither to the former. The results are discussed according the evolution of the concept of masculinity, its relationship to modern life and the universality of this phenomenon.

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PALLAHUALA U, S., AVENDAÑO A, S., & ESTRADA G, C. (2011). De la Tradición y la Evolución: Bienestar psicológico en hombres patagónicos contemporáneos. Magallania (Punta Arenas), 39(1), 71–81. https://doi.org/10.4067/s0718-22442011000100004

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