La responsabilidad individual del investigador frente a los Comités de Bioética

  • Borracci R
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Abstract

No hace muchos años, las decisiones concernientes a la ética en investigación se basaban en la deontología médica clásica y la tradición hipocrática, que delega-ban casi exclusivamente en la conciencia de los inves-tigadores la responsabilidad de estos actos. Sin duda, esta concepción de la ética condujo a grandes logros, como los que ocurrieron en la época de la " investiga-ción romántica " de Jenner o Koch, pero también pro-vocó grandes desatinos, como las experimentaciones realizadas en los campos de concentración de la Se-gunda Guerra Mundial. Por éstos y otros motivos he-mos migrado desde este modelo hacia un sistema de deontología detallada y casuística, a través de la cual se internacionalizaron los estándares metodológicos en base a una proliferación de leyes y normas que se preocupan por compatibilizar en la práctica, por un lado, la ética del individuo y la del conocimiento y, por otro, los derechos del hombre y el bienestar social. Así se plantearon códigos de ética para la experimen-tación médica que se hallan a medio camino entre el pragmatismo y lo que podría llamarse el absolutismo moral; se trataría entonces de una forma de búsque-da del compromiso entre el interés individual y el bien colectivo, como el que puede significar el interés co-mercial de un laboratorio y el beneficio esperable para los individuos; o entre el bienestar de los sujetos y los imperativos de la ciencia, habida cuenta de que la cien-cia tiene un método que respetar –tiene que investi-gar en seres humanos– y de que los sujetos tienen una dignidad que exige ser respetada; o también se podría decir, entre la libertad científica y la libertad individual, de forma tal que el desarrollo de la ciencia no se vea obstaculizado enteramente por la exigencia de la libertad de los sujetos. Aunque este tipo de bioética representa un gran avance, se puede obser-var que, en analogía con el posmodernismo, estaría-mos en presencia de un posmoralismo bioético, que parece señalarnos un fin del deber o de la responsabi-lidad individual, en la medida en que completemos la formalidad del protocolo consensuado. Esto podría interpretarse como que el planteo ético pasa de la res-ponsabilidad individual a la esfera exclusiva del cum-plimiento de una serie de normas acordadas. Formalmente, la bioética, como se la conoce en la actualidad, traduce la voluntad de que se fijen nor-mas respetuosas del hombre y se instituyan sistemas de autorregulación que permitan obstaculizar las de-rivaciones de una ciencia sin conciencia. No es el objetivo de esta presentación compendiar la legislación y las normativas surgidas de las Decla-raciones de Helsinki (1964), Tokio (1975), Venecia (1983) o Hong Kong (1989), ni describir las caracte-rísticas básicas de un protocolo de ética, como son la necesidad o justificación de la experimentación en seres humanos, la inclusión del respeto a la libertad, la salud y la dignidad de la persona. Por el contrario, se pretende resaltar aquí el problema de la conciencia individual, o sea, por qué durante el proceso de inves-tigación el investigador es individualmente responsa-ble desde el punto de vista ético. El problema de con-ciencia surge a causa de que, aunque en una investi-gación clínica cumplamos con todos los requisitos es-tipulados por esta nueva forma de bioética con-sensuada entre diferentes actores –médicos, pacien-tes, teólogos, políticos, etc.–, no es posible eximirnos como investigadores de la antigua concepción deon-tológica médica por la que somos responsables de nues-tro accionar. La hipótesis así planteada pretende defender de alguna manera un absolutismo moral individual so-bre la base de dos premisas: la condición de la ciencia y la condición humana del investigador. Un filósofo decía que, en general, todo lo que se dice bien goza de credibilidad; y la ciencia suele decir las cosas bastante bien. Por eso, el hombre común, a quien se le dice o se le " sugiere " que participe en un protocolo de investigación, ha sacralizado la ciencia y en consecuencia cree casi incondicionalmente en ella. Aunque es capaz de poner en duda su fe religiosa, su convicción política o su inclinación cultural, difícil-mente está en condiciones de dudar del progreso cien-tífico y de su aplicación segura. Como principales ac-tores en el proceso de construcción y de la puesta en práctica de las ideas científicas, los investigadores so-mos responsables del uso que le demos a la ciencia ante la credulidad general. También es cierto que el propio investigador puede ser presa, y de hecho lo es, de esta corriente científica que no admite rivales, o sea de una especie de autoritarismo de la opinión pú-blica de la ciencia, que no permite pensar distinto. Ninguna religión exige más renunciamiento y exclu-ye tan poco piadosamente como la ciencia, pero sin duda como investigadores estamos en mejores condi-ciones de discutir la ciencia que un paciente pasivo que espera ser liberado de su enfermedad y que pone muchas de sus esperanzas en el discurso de la ciencia que nosotros repetimos. A veces parece olvidarse el escepticismo natural que debe tenerse como investi-gador. Ya Kant enseñó a dudar del valor absoluto del conocimiento científico con aquello de das Ding an MTSAC Miembro Titular de la Sociedad Argentina de Cardiología

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Borracci, R. A. (2026). La responsabilidad individual del investigador frente a los Comités de Bioética. Revista Argentina de Cardiología. https://doi.org/10.7775/rac.v74i1.2641

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