Abstract
La montaña septentrional de Castilla y León tiene un clima lluvioso, nivoso y frío, que la distingue como húmeda. En invierno, entre noviembre y abril, el frío y la nieve marchitan o cubren el herbazal, que brota en mayo hasta el apogeo estival con gran capacidad ganadera. La invernada del ganado se supera de dos modos: la estabulación con ceba de heno de los prados, o la trashumancia y trasterminancia con traslado a medios más cálidos, a cientos y decenas de km. Bajo el peso de la propiedad colectiva e integrando todo tipo de ganados pasteros se forjó un paisaje de teselas nítidas de uso muy reglamentado hasta mediado el siglo XX.Desde entonces, el éxodo rural, hasta el envejecimiento y la despoblación, o las políticas agrarias fomentan paisajes uniformes que, manteniendo un censo ganadero notable, se resumen en la dualidad prado-pastizal, o la faceta única de pastizal-matorral. Babia y Luna forman una comarca que, por la altitud, entre 1.000 y más de 2.000 m y el frío, por la dedicación ganadera, hasta ser actividad casi única, y por la regresión demográfica ejemplifica tales procesos.
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Cascos Maraña, C. (2012). La simplificación y la uniformidad crecientes en los paisajes ganaderos de la montaña húmeda de Castilla y León: el ejemplo de Babia y Luna. Polígonos. Revista de Geografía, (21), 149. https://doi.org/10.18002/pol.v0i21.29
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