Abstract
Probablemente no haya otro espectáculo que, como los fuegos artificiales, atraiga y seduzca por igual a grandes y pequenos, mujeres y hombres, sin distinción de raza, nivel cultural, ideas políticas o religiosas. Un ramillete de cohetes de brillantes colores o una cascada de chispas plateadas van a impresionar siempre a los espectadores más variados, con la especial seducción que ejerce en nostros todo lo que es fugaz e irrepetible. La pirotecnia es una actividad típicamente artesanal, como la cerámica, o la cocina, y difícilmente podrá ser mecanizada sin perder algunas de sus virtudes más sobresalientes. Esto no quiere decir, en ningún caso, que las técnicas tradicionales no puedan ser interpretadas de acuerdo con los paradigmas científicos. Esta actitud es incluso imprescindible si se quiere ayudar a los pirotécnicos, o a los otros artesanos, a trabajar con mayor calidad y seguridad utilizando los datos de la ciencia, sin por ello alterar lo más mínimo el carácter artesanal de su labor. La tradición que no cambia, muere, y esto lo han demostrado en la práctica los "fogueteiros" portugueses y de otros países, siempre atentos a ofrecer a su público cuantos efectos nuevos Ilegan a conocer. En este artículo repasaremos brevemente algunos aspectos históricos de la pirotecnia y describiremos ciertas técnicas básicas de fabricación, examinando más despacio los principios físico-químicos que subyacen en el arte de la pirotecnia. HISTORIA Dejando aparte antecedentes re-motos y mal documentados (como el fuego griego) la pirotecnia tal y como hoy la entendemos nace con el des-cubrimiento de la pólvora negra y éste se produce, según documentaci-ón recientemente publicada por J. Needham, en China, en el siglo IX de nuestra era, bajo la dinastía Thang, por uno o varios alquimistas desconocidos. Sin embargo, sólo en el siglo XII encontramos en fuentes chinas descripciones de piezas incon-fundibles de pirotecnia festiva. Los conocimientos pirotécnicos se trans-miten a Occidente durante los siglos XIII y XIV, aparentemente por medio de los árabes. El "Tratado de Caballe-ría y Estratagemas Bélicas" de al-Rammah (h. 1280) es la primera fu-ente occidental con descripción de-tallada de la pólvora y sus aplicacio-nes, en este caso bélicas. El fraile in-glés Roger Bacon (1219-1292?), que dejó escrita en clave la composición de la pólvora, puede haberla conoci-do de fuentes chinas, directas o indi-rectas. También correspondería a esta época el supuesto franciscano de Friburgo Berthold Schwartz, a quien se atribuye la invención de la artille-ría, pero la crítica actual discute la existencia real de este personaje. La pirotecnia festiva, los fuegos artificiales, hacen su aparición en Europa, en la Italia de fines del quat-trocento. Florencia parece haber sido el centro de esta actividad, que cono-ció un gran auge durante el siglo XVI, con espectáculos de fuegos arti-ficiales ofrecidos frecuentemente en fiestas cívicas o religiosas y, sobre todo, el día de San Pedro y San Pablo (29 de junho). A partir de Italia, los fuegos artificiales se expanden con rapidez por toda Europa, de modo que en lugares relativamente aleja-dos como Inglaterra ya hay espectá-culos documentados en 1572. En Eu-ropa se van distinguiendo, sobre todo en el siglo XVII, dos estilos piro-técnicos, el meridional, con base en Florencia y BoIonia, y el septentrio-nal, que irradiaba a partir de Nurem-berg. La diferencia fundamental es que en el Norte los fuegos se ofrecen por sí solos, mientras que en el Sur las piezas pirotécnicas adornan una gran estructura arquitectónica (la "máquina"), que se ofrece a la curio-sidad del público durante dias o se-manas, y que en la noche final es iluminada por los fuegos de artificio. Quizá sea éste el origen de la expre-sión espanola "castillo" para referirse a una sesión de fuegos artificiales. Las "máquinas" han pervivido, en formas más o menos evolucionadas, hasta bien entrado el siglo XX. En el siglo XIX se produce en la pirotecnia, y precisamente en Fran-cia, la "revolución del color". En efec-to, hasta entonces los únicos efectos de color factibles en pirotecnia eran la gama de los dorados y plateados, que se obtenían con pólvora, carbón vegetal y limadura de hierro, únicos componentes de aquellas mezclas pi-rotécnicas. Los colores, tal y como hoy los conocemos, sólo son posibles con la aparición del clorato de pota-sio, obtenido por vez primera por Berthollet en 1786, y utilizado en pi-rotecnia festiva a partir de 1830. Los primeros tratados que contienen fór-mulas para composiciones cobreadas son los de C.F. Ruggieri (1845) y P. Teissier (1859). Al mismo tiempo, con la disponibilidad del ácido pícri-co, aparecen los efectos de "silbatos". Por fin, el descubrimiento y obtenci-ón industrial del magnesio (1865) y del aluminio (1894) permiten dar a los fuegos artificiales una luminosi-dad incomparable. Sin duda, el ex-traordinario protagonism° de Francia en los avances de la pirotecnia en el siglo XIX es wnsecuencia directa del espíritu de la Ilustración, que en la centuria anterior tanto había impul-sado las "artes aplicadas". El caso de la historia de los fue-gos artificiales en Japón merece tra-tamiento aparte por su curiosidad. A pesar de la cercanía geográfica a China, Japón recibe los fuegos artifi-ciales, junto con la pólvora y las armas de fuego, de comerciantes ho-landeses o portugueses a principios del siglo XVII. Es decir, la polvora ha hecho un larguísimo viaje del lejano Oriente a Europa occidental y vuelta, a través de Arabia, a lo largo de unos cuatrocientos anos. El primer espec-táculo del que tenemos noticia en Japón tuvo lugar en 1613, organiza-do por un emisario del rey Jacobo I de Inglaterra. Poco después comienza la producción de fuegos artificiales en Japón: hacía 1620 se funda la firma Marutamaya, hoy la más im-QUÍMICA • 64 • 1997 13
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Felix M. Goni. (1997). Fuegos artificiales: la química de las percepciones fugaces. Boletim Da Sociedade Portuguesa de Química, 15. https://doi.org/10.52590/m3.p588.a3000779
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