Abstract
La dimensión moral es inherente a la práctica de las profe-siones sanitarias. Una de las actividades casi inseparables de la propia actividad profesional del médico es la contribución al aprendizaje de otros médicos en las distintas fases de su for-mación: estudiantes de medicina, especialización médica (residentes, MIR), formación continuada de otros compañe-ros, etc. Es importante la preocupación por la reflexión y mejora de la moralidad de las acciones profesionales de los médicos, dando muestra de ello el aumento de la literatura que hace referencia a la ética médica o a la bioética, no sólo en las revistas especializadas en este campo, sino también en las revistas generales de difusión de conocimientos científicos médicos o las específicas de las distintas especialidades médi-co-quirúrgicas. Esta preocupación es la que ha hecho desarrollarse la Bio-ética que tiene su origen en la aparición de conflictos éticos motivados principalmente por tres razones: los grandes avan-ces científico-técnicos, el cambio en las relaciones sanitarias y la universalización de la asistencia. La preocupación por la dimensión ética de la investigación precedió a la de la asisten-cia y de ella proceden en parte los principios bioéticos que nos ayudan a tomar decisiones en la clínica. Por tanto de las tres dimensiones que se imbrican en la actividad de nuestros centros sanitarios (asistencia, investiga-ción y docencia) es la docencia la que ha permanecido más al margen de la preocupación por su dimensión ética. Sin embargo esta dimensión profesional también se ha visto inmersa en los cambios que hemos referido como origen de los conflictos bioéticos, y por tanto han surgido también los problemas morales. Además esta actividad se ha visto también sometida a una reflexión, no sólo para la adaptación de la formación a los rápidos cambios profesionales, sino para adaptarse a nue-vos conceptos pedagógicos. De una forma esquemática este último punto podríamos resumirlo en el paso de una enseñan-za centrada en el docente a un aprendizaje centrado en el alumno (en este caso el estudiante de medicina o el residente). La búsqueda de orientaciones sobre la ética de la forma-ción especializada para incluir este tema en una formación reglada a los tutores de residentes en la que estoy participan-do, encontrando escasas reflexiones sobre la misma en nuestra literatura médica, me ha conducido a escribir este texto. Iré revisando los distintos puntos aquí introducidos con la preten-sión de que sirvan de partida para la discusión y mejora de orientaciones que permitan detectar, solucionar y prevenir conflictos éticos que son inherentes, al igual que a la asisten-cia, a la docencia de la medicina. El texto no pretende sentar directrices sino orientar una deliberación sobre el tema que ayude a definir guías de decisión. Aunque muchos de los puntos a revisar son probablemente extrapolables a la formación de alumnos de medicina me cen-traré en la formación residentes por ser el campo que conozco y trabajo. El matiz esencial que marca la diferencia es que el residente tiene ya una capacitación como médico, al menos teórica, para muchos actos generales, que no tiene el estudian-te. LA ENSEÑANZA DE LA MEDICINA ¿ES INHERENTE A NUESTRA ACTIVIDAD PROFESIONAL? Buscando los orígenes de la respuesta a esta pregunta en la historia podemos remontarnos a revisar el texto del código hipocrático (Tabla I). El compromiso con la formación de otros médicos, con las limitaciones y restricciones marcadas por la época para mantener controlado el acceso a la profe-sión, con claro corporativismo, está ligado al mismo acto de [0212-7199 (2006) 23: 10; pp 493-502] ANALES DE MEDICINA INTERNA
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Garrido Sanjuán, J. A. (2006). Conflictos éticos en el aprendizaje de los residentes. Anales de Medicina Interna, 23(10). https://doi.org/10.4321/s0212-71992006001000009
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