Reflexiones simbólicas del color y de la luz en los códices caligrafíeos: de los rótulos de la Edad Antigua a los manuscritos iluminados en la cultura medieval

  • APARICIO GONZÁLEZ M
N/ACitations
Citations of this article
5Readers
Mendeley users who have this article in their library.

Abstract

INTRODUCCIÓN "porque ahora vemos a través de un cristal, oscuramente; pero luego veremos cara a cara". I Corintios 13, 12. El uso del lenguaje hablado, le ha permitido al individuo, fomentar y desarrollar la memoria, intercambiar información, relacionarse social y culturalmente con el resto de los seres humanos y a transmitir su espiritualidad durante milenios. Al mismo tiempo, el libro oral,-aunque suene extraño el término por tratarse de un Bien inmaterial o intangible-, ha convivido con los rótulos o primer libro escrito,-bien sobre papiro en Oriente o pergamino en Occidente-sobre el que se han perpetuado los saberes de la Antigüedad 1. Soportes amables al tacto, dúctiles a la escritura, plásticamente ilustrados con monocromáticas imágenes y ligeros para transportarlos. En consecuencia, los rotulus, fueron considerados el mejor sistema de expresión de la literatura superior tanto por sus inventores los egipcios como para la cultura greco-romana. Asimismo, su presencia convertía en obsoletas las exclusivas tablillas de barro cocido de la heterogénea civilización mesopotámica y también a las tabellae o cerae romanas en las que se habían iniciado las primeras letras cristianas. Aunque, por otro lado, la historia no es ajena a sus inconvenientes: la vulnerabilidad de su material, en ocasiones pasto de las polillas, de roedores pequeños o de la humedad y sobre todo de la manipulación, al requerirse las dos manos para desplegarlos o enrollarlos antes y después de la lectura. Al final del Imperio Romano, el rollo dejaría de utilizarse para ceder el protagonismo a un nuevo formato de libro: el códice o manuscrito iluminado sobre pergamino. Textos cumplidores de una trascendental doble misión 2. Por una parte, los procedentes de la antigüedad,-la mayoría desaparecidos en la actualidad, preservarían las fuentes del saber histórico, científico, del pensamiento filosófico-estético y literario clásico. Por otra, los cromáticos manuscritos cristianos imbuidos de un sentimiento providencialista del mundo auxiliarían a la Iglesia en la difusión del mensaje Bíblico y en la función litúrgica. La Iglesia, "cabeza" de la fe cristiana, en su proceso de expansión, suscitaría en mayor medida la elaboración de Biblias, Evangelios, Salterios, Libros de Horas y Beatos…, volúmenes "iluminados" como recio recurso de evangelización de la Europa medieval en un espacio y período de inestabilidad política sino también su instrumentalización en las luchas y disputas de los reinos cristianos. De esta forma, los códices o libros litúrgicos que participaban en las rogativas, rezos, ceremonias de la iglesia, celebración de la Misa, o de uso preferentemente en el ámbito monástico tuvieron una profusa difusión desde el inicio de la Era Cristiana y también a partir del siglo XIII en la labor universitaria. De ahí que, la intención del escriba-monje y con posterioridad los grandes nombres de copistas e ilustradores flamencos y franceses al transcribir los contenidos textuales para dar un plano de efecto acompañaran a la Palabra con elementos "aparentemente" ornamentales de diversas formas, calidades cromáticas, letras capitales, galones y florituras que ayudaban a fijar la vista del lector por el itinerario correcto. Estas ilustraciones se realizaban con sumo cuidado, empleando dedicación y tiempo a la manipulación de los materiales más exquisitos y a las técnicas procedimentales, siempre en cumplimiento de legarlos a la humanidad ad eternum. Otros como los libros imperiales, sin perder su valor sagrado, los reyes y los aristócratas al convertirlos en presentes de sus credenciales o embajadas, por su suntuoso cariz estético,-sus pliegos iban encajados y protegidos por unas tapas revestidas de plata, incrustaciones de marfil y piedras preciosas-, les otorgaron una función instrumental o de mecanismo de propaganda y arma política, como ya se ha señalado 3 ; pues no eran libros para la lectura: sino de exhibición. Se colocaban sobre los altares a la vista de los fieles o expuestos solemnemente en las procesiones. Este tipo de "arte de la representación" o arte de la miniatura, era realizado por el monje en los scriptoria de los monasterios, conventos y abadías. El extraordinario valor textual e iconográfico de estos bienes de una acentuada presencia al estar tenazmente elaborados por el escriba-artifex, los iluminatores o los miniatores, permitía a los cristianos acceder a ciertas imágenes que con su propia visión les eran inaccesibles. Todos ellos, fueron responsables de trasferir los insignes textos caligrafiados de los Padres Apostólicos o Padres de la Iglesia que escribían en griego tanto de Oriente: Clemente de Alejandría, Orígenes y Eusebio de Cesárea en el siglo III, y un siglo más tarde, S. Basilio, S. Gregorio, Niceno y Nacianceno, y S. Juan Crisóstomo, momento en que la Iglesia era beneficiaria del poder imperial; y, por igual, los denominados apologistas o Padres de la Iglesia Occidental. Los textos eran transcritos en latín sobre un escritorio o pupitre con el tablero inclinado,-no sobre las rodillas como era tradición desde los inicios de la escritura-, en folios de pergamino aunados por una recia costura y bajo la protección de unas tapas guarnecidas con pieles, vitelas o pergamino púrpura, Nos referimos a Tertuliano siglo II, S. Cipriano del III, los poetas hispanos latinos: Juvenco y Prudencio, el retórico Lactancio, S. Ambrosio obispo de Milán, S. Jerónimo autor de la versión latina de la Biblia: la Vulgata, y S. Agustín de Hipona, todos ellos vivieron durante el siglo IV. Una vez, un teólogo o superior, definía los pasajes a replicar, el copista se esmeraba en su caligrafía y en el repertorio emblemático que apoyaba a la palabra. Palabra, escrita en letra uncial hasta la aparición de la minúscula en el siglo VIII. Teniendo en cuenta, que los códices de intención evangelizadora eran una vía para conocer la voluntad de Dios. En esto último, se volcaba toda la maestría posible armonizando el pasaje y la representación al nuevo formato de libro. Por ello, sus cuerpos bien de papiro y casi siempre de piel por su calidad de resistencia a la hora del cosido, se ornamentaban con oro, plata, minio y fulgurantes colores, como si se tratara de otra manifestación más de lo que se considera "arte creativo". Así, se dotaba a la copia de originalidad y la capacidad de "leerse" con nitidez y sencillez absoluta, pues un error en la recitación suponía poner en riesgo la salvación del alma, o acometer de mala manera, las normas-derivada de la experiencia de generaciones anteriores-, por las que regirse espiritual y moralmente. Por último, dicho esmero, permitía también una buena conservación y esta, repercutiría en más consultas. Esta responsabilidad significativa 1. Shailor 1991, pp. 23 Los rollos se diferenciaban del libro medieval, en que este último, se componía de folios de pergamino o de vitela. Cada una de estas hojas se doblaba a su vez en dos. La unión de dípticos, es decir, cuatro bifolios y doblados juntos configuraban un quaternio, ocho folios unidos. Por tanto, un libro se configuraba a partir de la costura, en el centro de las dobleces, de varios cuadernos.

Cite

CITATION STYLE

APA

APARICIO GONZÁLEZ, M. J. (2021). Reflexiones simbólicas del color y de la luz en los códices caligrafíeos: de los rótulos de la Edad Antigua a los manuscritos iluminados en la cultura medieval. Revista Chilena de Estudios Medievales, (19), 20–30. https://doi.org/10.4067/s0719-689x2021000100020

Register to see more suggestions

Mendeley helps you to discover research relevant for your work.

Already have an account?

Save time finding and organizing research with Mendeley

Sign up for free