Abstract
Las expectativas de la población respecto a la capacidad del sistema sanitario para resolver sus enfermedades y cual-quier tipo de malestar han crecido progresivamente y en relación con el incremento de la renta y la capacidad de consumo. En las sociedades desarrolladas el aumento de la esperanza de vida se ha visto acompañado por una cierta tendencia a la negación operativa de la enfermedad, de la minusvalía, del deterioro biológico y de la propia muerte. Queremos vivir más y conservar el mayor tiempo posible la plenitud de nuestras capacidades psíquicas, físicas y so-ciales. La mayoría de la población está dispuesta a hacer al-gunos sacrificios conductuales para contribuir a esta loable mejora de la cantidad y calidad de la existencia humana, Trabajo parcialmente financiado por el Fondo de Investigaciones Sanitarias (proyectos PI02/1306, PI02/1325, PI03/0767, PI02/1253, PI02/0998). Manuscrito recibido el 27 de septiembre de 2004. Manuscrito aceptado para su publicación el 29 de septiembre de 2004. pero sitúa externamente tanto los factores que la colocan en riesgo de deterioro como los medios para lograrlo. En consecuencia, pide al sistema sanitario que le proporcione las herramientas preventivas, diagnósticas y terapéuticas que obrarán el milagro de mantenerla sanamente joven y casi inmortal, cuando no exige una respuesta inmediata a cualquier trastorno o enfermedad con la esperanza de una recuperación casi instantánea. La salud es el resultado de la interacción de múltiples de-terminantes o factores más allá de los estrictamente bioló-gicos 1 , y los servicios sanitarios son un elemento impor-tante, pero no el único, para mejorar el estado de salud de los individuos y las poblaciones 2. Sin embargo, los sistemas sanitarios aún son requeridos para resolver problemas de salud que en muchas ocasiones no tienen soluciones defi-nitivas en positivo y para los que las actuaciones sanitarias tradicionales procuran remedios parciales o paliativos que, en algunos casos, incluso comportan efectos indeseables 3. En esta perspectiva, la mejora del poder resolutivo de los servicios sanitarios no deja de ser un mero producto inter-medio en el camino hacia la meta de la mejora de la salud. Las limitaciones resolutivas de los sistemas sanitarios ha-cen más evidente la necesidad política de generar conglo-merados de actuaciones intersectoriales dirigidas a la me-jora de la calidad de vida. Es por ello que las políticas sociales y sanitarias tienen que concebirse de forma con-junta y armónica, al menos en su planificación estratégica. La horizontalidad de las acciones puede y debe contribuir de forma decisiva a mejorar su efectividad, y el papel de los servicios sanitarios y su contribución en el mantenimiento y la recuperación de la salud deberán replantearse en este contexto. Poder resolutivo y oferta de servicios Delimitar el campo de actuación del sistema sanitario es el primer paso para analizar su capacidad de resolución. El ambicioso objetivo de «salud para todos» debe medirse co-mo resultado de las políticas generales, sanitarias y socia-les, limitando la medida de la capacidad de resolución de los servicios sanitarios a aquellas actividades que le son propias y evitando la confusión de atribuirle todo lo refe-rente a los aspectos relacionados con la salud. Los recursos disponibles y la forma en que se organizan y distribuyen, influyen de manera clara sobre el poder reso
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Caminal Homar, J., & Martín Zurro, A. (2005). Sobre la contribución de la atención primaria a la capacidad resolutiva del sistema de salud y su medición. Atención Primaria, 36(8), 456–461. https://doi.org/10.1157/13081061
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