Abstract
La conservación y salvaguarda del patrimonio artístico e histórico de la nación (y para la ocasión que aquí nos reúne, especialmente del patri-monio arquitectónico) es una responsabilidad ciertamente muy alta. No se trata sólo del interés que debemos tener en salvar un valor nacional, 10 que por sí solo significa mucho, sino que debemos ser conscientes de que nuestro país es en este caso depositario de un valor universal, y moralmente responsable de su supervivencia o de su degradación; a nosotros, como hombres, nos importa que los monumentos de otras partes del mundo no se destruyan, y a otros hombres importa que lo que nosotros poseemos se conserve. Más todavía, el patrimonio arquitectónico no constituye nada más un valor abstracto o teórico, sino uno del que derivan beneficios prácticos y patentes indudables; y al decir esto no pienso sólo en los beneficios que puedan redundar en el acrecentamiento del turismo (que no es un renglón nada despreciable: puesto que quizá los trabajos de conservación y restauración estén entre los más redituables de una infra-estructura turística), sino que pienso sobre todo en la capacidad de ese patrimonio arquitectónico para propiciar una vida más consciente, más plena, más humana: los conjuntos de importancia histórica y artística son islas de descanso y recuperación psíquica en un mundo como el de ahora, donde la despersonalización de las ciudades y el sentido más superficialmente utilitario de las construcciones tienden a desarraigar, desgastar y anonadar al individuo. La responsabilidad a que me refiero crece y se nos muestra apremiante si pensamos que, en tratándose de monumentos históricos y artísticos, toda pérdida es absolutamente irrecu-perable: lo que nosotros dejemos desaparecer, desaparecerá para siempre. Pero si todos están de acuerdo en la conveniencia de conservar (y al decir "todos" me refiero a quienes tienen conciencia del problema: en realidad una parte mínima de la población), todos, también, saben las grandes dificultades que hay que enfrentar. Cabe hacer, por principio de cuentas, una diferenciación entre el patri-monio de la arquitectura prehispánica y el de la arquitectura colonial * Palabras en la ceremonia de cambio de mesa directiva de la Sociedad Mexicana de Arquitectos Restauradores, en que fue nombrado miembro honorario. Museo de Antropologlll, } 1 de octubre de 1973.
Cite
CITATION STYLE
Manrique, J. A. (1973). La Conservación del Patrimonio Arquitectónico. Anales Del Instituto de Investigaciones Estéticas, 12(42), 167. https://doi.org/10.22201/iie.18703062e.1973.42.982
Register to see more suggestions
Mendeley helps you to discover research relevant for your work.