Ultrasonido y pulmón

  • María Carolina C
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Abstract

U n tema que ha sido de gran controversia es el uso de ultrasonido (US) para evaluar el parén-quima pulmonar[1]. Se discute, ya que tanto el hueso como el aire son pésimos conductores de los ecos emitidos con el transductor. Esta situación se ha solucionado estudiando los artefactos que se generan con el NO paso de los ecos. Una vez conocidos los artefactos se hace fácil su interpretación. Tradicionalmente, el abordaje diagnóstico por la imagen del tórax en el paciente se ha basado en la radiografía simple anteroposterior. Sin embargo, ésta presenta grandes limitaciones en la precisión diagnós-tica de la enfermedad pleuropulmonar. La introduc-ción de la tomografía axial computarizada resolvió en gran medida este problema, pero con el doble incon-veniente de las dosis de radiación y del inevitable tras-lado fuera de la unidad de hospitalización[2]. En este contexto, la ecografía pulmonar, gracias a su portabi-lidad, se convierte en una técnica útil a la cabecera del paciente y fácilmente reproducible y sin radiaciones ionizantes[3]. En la ecografía pulmonar, las costillas, el aire del pulmón actúan como barreras para los ultrasonidos y provocan artefactos que debemos reconocer e in-terpretar para un correcto diagnóstico. El ultrasonido pulmonar se ha ido desarrollando progresivamente tanto en sus aspectos conceptuales como de aplica-ción práctica a la cabecera de los pacientes[4],[5]. El equipo de ecografía necesario para la realiza-ción de la técnica solo precisa de imagen bidimen-sional y en modo M, pero actualmente casi todos los equipos modernos están dotados de otras posibilida-des (doppler, color, armónicos, etc.). Más importante es la disponibilidad de sondas multifrecuencia o de varios tipos de sonda. Las sondas de frecuencias entre 3,5-5 MHz, utilizadas para la exploración abdominal y cardiaca, proporcionan una adecuada visualización de los planos profundos, y permiten la caracterización de las consolidaciones y el derrame pleural. Para las estructuras más superficiales, es decir, la pleura los signos y los artefactos que se generan de ella, los transductores lineales de frecuencia superior a 5 MHz proporcionan mucha mejor resolución. La forma de la sonda utilizada (lineal, convexa o sectorial) también dependerá de la zona a estudiar, y será convexa si el espacio intercostal es estrecho, para evitar la interfe-rencia acústica que producen las costillas (Figura 1). Los transductores sectoriales son adecuados para el examen del espacio pleural por vía intercostal di-recta, ya que presenta una visión muy estrecha en los campos cercanos y el espacio pleural se identifica por los artefactos. En los pacientes la exploración se realiza en la posi-ción de decúbito supino, que permite un fácil abordaje anterolateral. Son suficientes 4 áreas en cada hemitó-rax, y que lo dividen en 2 zonas, anterior y lateral, con la línea axilar anterior como divisoria. A su vez, cada zona se divide en una superior y otra inferior según una línea horizontal que atravesaría la unión del ter-cio medio con el inferior del esternón. La exploración comenzaría por la zona anterosuperior y acabaría por la lateroinferior, con cortes longitudinales y transver

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María Carolina, C. S. (2019). Ultrasonido y pulmón. Revista Chilena de Anestesia, 48(2), 129–135. https://doi.org/10.25237/revchilanestv48n02.07

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