Abstract
Editorial Recientemente, a través de diversos medios de comunicación masivos se ha relevado el mapa nutricional de la JUNAEB 2020, destacando los preocupantes indicadores de malnutrición infantil 1. Estos datos muestran que la desnutrición ha aumentado en 0,8% (prevalencia de 2,6%) respecto a las mediciones de 2019. Por otra parte la malnutrición por exceso (sobrepeso y obesidad) afecta al 54% de los niños y niñas, 2% mayor que las mediciones de 2019, destacando el aumento de la obesidad severa de un 6,4% a un 7,6% en el mismo periodo 1. Aunque la malnutrición infantil por exceso ha mostrado un crecimiento sostenido en la última década, aumentando casi diez puntos porcentuales 2 , los titulares de medios de comunicación (y algunos expertos) llamativamente destacan que debemos preocuparnos porque en Chile está aumentando la desnutrición, condición que parecía erradicada. ¿Tenemos que retroceder en el tiempo y volcar nuestras políticas públicas a erradicar la desnutrición? La respuesta es no. Lo que no significa ignorar ni despreciar los hallazgos, sino considerarlos en su justa medida. Hace una década, la desnutrición infantil registrada por JUNAEB alcanzaba una prevalencia de 2,28% 2 , sólo un poco menor que la cifra de 2020; y durante estos diez años ha subido y bajado indistintamente. También, es importante considerar que la última versión del mapa nutricional (dado el cierre de las escuelas durante la pandemia), fue construida a partir de mediciones realizadas principalmente en el hogar, por padres/madres u otro cuidador/a del niño o niña. Esta adaptación de la metodología no es menor a la hora de analizar los datos entregados, ya que, dado el tamaño de sus cuerpos, los niñas y niños son muchos más sensibles a centímetros y gramos de más (o de menos) recolectados sin la metodología ni instrumental apropiados. Con esto no queremos negar la situación descrita en el informe de JUNAEB. Pero si es importante que, antes de volcar nuestra preocupación en buscar sol uciones a esta condición de desnutrición infantil, se vuelva a medir al menos a una muestra de niños/as o activar las redes con el sistema de salud, para confirmar los hallazgos y realizar el correcto seguimiento de ellos y ellas. Por otra parte, nos equivocamos si creemos que no deben preocuparnos las niñas y niños con obesidad, porque durante esta crisis sociosanitaria se está produciendo una dificultad al acceso físico y económico a alimentos sanos. Es muy probable que niñas y niños no estén accediendo a dietas saludables y estén consumiendo una Patricia Gálvez 1. https://orcid.
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Gálvez, P., Egaña, D., & Rodriguez-Osiac, L. (2021). Consecuencias de la Pandemia por COVID-19: ¿Pasamos de la obesidad a la desnutrición? Revista Chilena de Nutrición, 48(4), 479–480. https://doi.org/10.4067/s0717-75182021000400479
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