Abstract
Distintas líneas temáticas y de investigación se han derivado y escrito a partir del concepto de Resiliencia como propiedad de los metales en mecánica, el que luego fue derivado al ámbito de ecología de sistemas a través de la propuesta de Holling1 (1973) como una manera de ayudar a comprender la dinámica no lineal que se observan en los ecosistemas. Al respecto, una de las definiciones mas connotadas propuesta por Folke et al. (2010) la mencionan como "la capacidad de un sistema para absorber las perturbaciones y reorganizarse, mientras se somete a cambio de manera que aún se conserva esencialmente la misma función y estructura, y por lo tanto, la identidad " , es decir, la capacidad de cambiar a fin de mantener la misma identidad2. Existen muchos trabajos que mencionan las distintas disciplinas que han derivado de este concepto, siendo fin de evaluar en este breve comentario el desarrollo en ecología de sistemas. El planteamiento de su teoría y aplicación ha sido más bien generada dada la inseguridad generada a partir de los informes del cambio climático y sus manifestaciones que indican que este afectará ampliamente la economía. Desde este enfoque la aplicación de este concepto también se ha aplicado naturalmente en granjas de cultivo, puesto que los agricultores siempre han tenido que encontrar soluciones para hacer frente a eventos inesperados como e.g., sequías, inundaciones, enfermedades de los cultivos o animales, con las incertidumbres del mercado o con cambios en la disponibilidad de mano de obra familiar (Darnhofer, 2014: 462). Es por esto que desde el año 2000 se centró una parte de la investigación en la resiliencia socioecológica, la que es vista como una forma importante de prever y adaptarse a los posibles cambios (Malaskaedidi y Karami, 2013:1). Este término se refiere a la capacidad de un sistema que resiste choques, para moderar los daños potenciales de los peligros, todavía teniendo la misma identidad (misma estructura básica y modos de funcionamiento), y, posiblemente, para mejorar y avanzar en el auto-aprendizaje y adaptación, para hacer frente a un evento, así como la recuperación durante el post-evento (Malaskaedidi y Karami, 2013:4-5). Al considerar este concepto en los sistemas socio-ecológicos (SES), la definición se amplía para incluir la capacidad del sistema social para organizarse y aumentar su capacidad de adaptación a las condiciones cambiantes en su entorno socioeconómico y natural (Resilience Alliance 2007). Así, el elemento humano añade como aporte al concepto de resiliencia ya que los humanos a través de su capacidad de visualizar, prever y planificar, pueden mejorar la capacidad de recuperación de un sistema. Esto muestra que existe una completa vinculación entre el ambiente ecológico o natural y la administración del ser humano sobre sus recursos. Un agroecosistema se puede definir como un ecosistema gestionado con la intención de producir, distribuir y consumir los alimentos, combustible, y fibras. Sus límites abarcan el espacio físico dedicado a la producción, así como los recursos, infraestructura, los mercados, las instituciones y las personas (Cabell y Oelofse 2012). El agroecosistema opera simultáneamente a múltiples escalas y 1 El propone el término como modelo para analizar procesos de auto-organización en situaciones de cambio y frente a perturbaciones, alejadas de dinámicas lineales, siendo una medida de la magnitud de perturbación de un sistema socioecológico (SES) el que puede absorber previamente al cambio de estado que de ello resulta. 2 Para una visión general de la teoría de la resiliencia, incluyendo el ciclo de adaptación y panarquía (Cabell y Oelofse 2012) reúne bibliografías de trabajos previamente citados y no incluidas en esta revisión.
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Gonzalez, M. (2016). El rol de la resiliencia socioecológica en la agricultura campesina sostenible. Sustainability, Agri, Food and Environmental Research, 4(1). https://doi.org/10.7770/safer-v4n1-art971
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