Impacto del uso irracional de antimicrobianos durante la pandemia por COVID-19

  • Aguilar-Gamboa F
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La pandemia por COVID-19 ha producido un impacto en la salud de la población y en la economía a nivel mundial. Los principales efectos que se han percibido de este hecho son directos y a corto plazo, pero existen otras consecuencias indirectas como la perturbación social, la crisis educativa y la resistencia antimicrobiana que conforme avanza el segundo año de pandemia se van haciendo cada vez más evidentes. En relación a este último, a pesar del ya desfavorable escenario que atraviesa el mundo respecto a la resistencia antimicrobiana, algunos informes sugieren que esta se habría acrecentado desde la aparición de SARS-CoV-2, y es que debido al incierto riesgo de infecciones secundarias y coinfecciones en pacientes infectados por el virus, la prescripción inapropiada y uso irracional de antimicrobianos se incrementó de manera alarmante durante la primera ola de 2020 (1). De acuerdo a un informe de la Organización Panamericana de la Salud en 2022, la tasa de uso de antibióticos en la atención hospitalaria de pacientes infectados por SARS-CoV-2 alcanzó en algunos nosocomios el 100%, respecto a la incidencia de infecciones secundarias que tan solo representó el 15%. Así mismo, mientras que sólo entre el 7 y 8% de pacientes hospitalizados y el 14% de los pacientes de áreas críticas (UCI) tuvieron una infección bacteriana, el 72% de los pacientes recibió antibióticos de amplio espectro (2). De este modo, el uso de antimicrobianos a inicios de 2020 para "tratar COVID-19" fue una actividad muy extendida en muchas partes del mundo, que incluyó el uso de fármacos como la azitromicina, doxiciclina, ceftriaxona, eritromicina, amoxicilina/ ácido clavulánico, piperacilina/tazobactam, ceftazidima, cefepime, vancomicina, meropenem entre otros (3,4). En el Perú, particularmente, azitromicina y ceftriaxona fueron los antimicrobianos más empleados durante la primera ola (5) y se sabe que en más del 50% de los pacientes hospitalizados por COVID-19, se utilizaron antibióticos y cerca de la tercera parte de prescripciones no siguieron una indicación basada en alguna guía de práctica clínica (6). Posteriormente, conforme se conocía mejor la enfermedad, el principal esfuerzo sobre los infectados que llegaron a requerir UCI estuvo encaminado a mejorar su situación clínica asociada a la enfermedad respiratoria y la llamada tormenta de citoquinas. Por este motivo, se prestó menos atención a las infecciones secundarias o supra bacterianas (7). Durante el primer año de pandemia se emplearon innecesariamente muchos antimicrobianos (6). La colonización y posterior infección por bacterias que ameritan tratamiento es solo un evento que se suscita en el ámbito hospitalario más no en pacientes ambulatorios con cuadros leves o moderados de COVID-19 que proceden de la comunidad. En pacientes críticos la infección por SARS-CoV-2 y la presión antibiótica pueden predisponer a una sobreinfección bacteriana debido a patógenos oportunistas multirresistentes, en relación con esto, se ha revelado que en estos pacientes existe un incremento significativo de bacilos gram negativos en el tracto respiratorio inferior tales como Pseudomonas alcaligenes, Clostridium hiranonis, Acinetobacter schindleri, Sphingobacterium spp., Acinetobacter spp. y Enterobacteriaceae (8). Estas bacterias albergan frecuentemente genes de resistencia que pueden transmitirse por plásmidos a otras poblaciones bacterianas lo cual podría tener un impacto directo sobre la resistencia antimicrobiana en general. Sería incorrecto indicar que la pandemia ha sido el desencadenante o el motivo fundamental del incremento de resistencia antimicrobiana que afrontamos en 2022. Las estimaciones en la era pre pandémica ya indicaban que la resistencia bacteriana es un problema de salud con magnitud tan grande como el VIH y la malaria. Un estudio reportó que en 2019, sobre la base de modelos estadísticos predictivos, se suscitaron un estimado de 1,27 millones de muertes atribuibles a la resistencia antimicrobiana bacteriana. De esta, la región con la tasa más alta fue África subsahariana occidental, con 27,3 muertes por 100 000 habitantes, y la más baja fue Australia, con 6,5 muertes por 100 000 habitantes (9). De este modo, queda claro que el sistema de salud mundial se encuentra

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Aguilar-Gamboa, F. R. (2022). Impacto del uso irracional de antimicrobianos durante la pandemia por COVID-19. Revista Experiencia En Medicina Del Hospital Regional Lambayeque, 8(2). https://doi.org/10.37065/rem.v8i2.607

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