Abstract
Introducción La educación médica es algo más que la mera trans-misión de conocimientos y habilidades. De una for-ma consciente o inconsciente, los educadores tam-bién trasladan a los futuros médicos normas y valo-res que a menudo socavan los mensajes formales contemplados en los programas de formación o en el ideario de los centros sanitarios. De hecho, gran parte de la socialización secundaria ligada al proce-so transformacional que supone convertirse en mé-dico se produce fuera de los espacios considerados formalmente como docentes, lo que no le resta im-portancia en relación al conocimiento adquirido en situaciones más explícitas o formales [1]. Cada pa-labra pronunciada, cada acto ejecutado u omitido, cada broma gastada, cada silencio mantenido o cada contrariedad manifestada en un pasillo, en la cafetería o en el ascensor, tiene una influencia en el que aprende a nuestro lado mayor de lo que hubié-ramos pretendido [2]. Quizá sea ésta una de las ra-zones de por qué los cambios que las diversas refor-mas introducen en los currículos formales no siem-pre consiguen los resultados esperados. En los últimos años se ha puesto de manifiesto que la buena práctica asistencial, además de las ha-bilidades técnicas, necesita otro tipo de capacidades. Estas habilidades no técnicas (non-technical skills) forman parte de las conductas relacionadas con el desempeño profesional, que está condicionado, en gran medida, por un conjunto de premisas, no siem-pre fáciles de reconocer, las cuales constituyen la base de la cultura que se promulga en nuestros cen-tros formativos. Este conjunto de premisas va a te-ner una profundísima influencia en los estudiantes y en los médicos en formación porque determina asunciones básicas acerca de lo que es 'aceptable' o 'inaceptable' en la práctica médica. ¿Qué es el currículo oculto? El currículo oculto representa un trasfondo de nor-mas, valores y reglas latentes en el proceso formati-vo, que los estudiantes han de asumir y adoptar para desempeñar convincentemente un papel social [3]. Es evidente que no todo lo que se enseña en la facul-tad o durante la residencia está contemplado en los programas. En realidad, una gran parte de lo que se enseña-y desde luego mucho de lo que se aprende-tiene lugar fuera de los cursos o explicaciones for-males. Pero el currículo oculto no es algo que se en-cuentre por casualidad, sino que se debe buscar in-tencionadamente [4]. Desde un punto de vista prác-tico, se podría definir como el conjunto de 'reglas, regulaciones y rutinas' institucionales no escritas [5]. Aunque el aprendizaje formal es importante, es el currículo oculto el que proporciona los elementos que permiten comprender las influencias existentes en el comportamiento del estudiante [6]. La mayor potencialidad educativa se consigue cuando ambos currículos, formal e informal, están alineados, lo que lamentablemente no siempre ocurre. Reconocer que la educación médica incluye as-pectos latentes o implícitos permite apreciar cuán-to de lo que los estudiantes y residentes llegan a 'conocer' se adquiere o se fundamenta en interac-ciones que tienen lugar fuera de las aulas, de los la-boratorios o, en general, al margen de los escena-rios educativos tradicionales. Esta idea supone con-siderar los hospitales, los centros de salud y las ins-tituciones formativas como entidades culturales y comunidades morales, íntimamente involucradas en la construcción de definiciones de lo que está bien y lo que está mal, lo que es 'buena' o 'mala' medicina. Además, y lo que es más importante, este concepto de currículo informal o currículo oculto exige de los profesores, de los tutores y de los educadores en Proceso de Bolonia (V): el currículo oculto
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Rodríguez de Castro, F. (2012). Proceso de Bolonia (V): el currículo oculto. Educación Médica, 15(1), 13–22. https://doi.org/10.4321/s1575-18132012000100006
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