Abstract
1. INTRODUCCIÓN La ruptura epistemológica del concepto de trabajo que tuvo lugar en las ciencias sociales a finales de la década de los 80 del siglo XX supuso abrir nuevas posibilidades de análisis sobre un objeto de estudio inédito hasta el momento: el trabajo de la mujer. En ese contexto, la denominada perspectiva de género actuó como un paraguas acogedor de una revisión teórico-conceptual que, entre otros muchos logros, partió de conceptos percibidos en singular para alcanzar el plu-ral. Dicho de otro modo, más allá de la diversidad de enfoques existentes, el su-jeto quasi universal y homogéneo «mujer» devino, según esa perspectiva, en el colectivo «mujeres» donde, posteriormente, fue posible observar la heteroge-neidad e incluso las desigualdades que lo presiden. Asimismo, según ese enfo-que, el concepto de trabajo aceptó el plural, gracias al reconocimiento de la exis-tencia de un trabajo doméstico o reproductivo. Un trabajo eminentemente femenino que, pese a la falta de consenso sobre la manera de calificarlo, sirvió para cuestionar el concepto dominante de trabajo entre los estudiosos y espe-cialistas del tema. A saber, aquella acepción de trabajo que lo convierte en si-nónimo exclusivo de actividad regulada por el mercado laboral y que ha debido esperar a la crisis del fordismo-taylorismo para ser asociado al concepto de empleo. Una década después, esa misma perspectiva de género supo aprovechar las posibilidades de la dimensión temporal para encontrar, en un primer momento, evidencias empíricas sobre la existencia de las tareas doméstico-familiares. Y para, a continuación, poner de manifiesto la existencia de desigualdades sociales entre hombres y mujeres, a través de las mediciones del uso social del tiempo. De ese modo, fue posible contabilizar, bien que de manera indirecta, la especial relación que muchas mujeres mantienen con el trabajo y que, de manera colo-quial, se conoce como doble jornada. Y se abrió el camino para que el lema do-ble presencia, llegado desde Italia de la mano de Laura Balbo (1994), permitie-ra mejorar unos análisis sobre la desigual distribución del trabajo entre hombres y mujeres. Situación que, en la actualidad, parece haber concretado y homolo-gado un nuevo concepto: la carga total de trabajo. La consecuencia principal de la utilización de esos nuevos conceptos y he-rramientas de medida hizo posible, además, virar los enfoques más allá de los es-cenarios convencionales del análisis del mundo del trabajo. Aparecieron, así, a comienzos del siglo XXI, nuevos acentos en los análisis de la relación entre el tra-bajo y las mujeres que han facilitado tanto el diseño de políticas a favor del co-lectivo femenino como el replanteamiento de las actuaciones del Estado del Bienestar. La vida cotidiana y la conciliación de la vida laboral y familiar son, hoy en día, algunos de los nuevos escenarios donde se enmarca el estudio de la relación entre el trabajo y las mujeres. Una parcela de realidad social que ha dado de sí, en estas tres últimas décadas, algunos de los análisis más interesantes e innovadores sobre esa realidad. Así las cosas, puede afirmarse además que, en el período de tiempo trans-currido, la perspectiva de género ha consolidado y legitimado su capacidad teó-rico-metodológica para analizar las más diversas parcelas de la realidad social, si bien parece posible apuntar la hipótesis de que el trabajo no constituye un obje-to de estudio prioritario en esos análisis, al menos no entre las especialistas en los estudios que tienen al género como centro de interés prioritario. La reciente irrupción del denominado care parece avalar esa hipótesis. Traducido por «el cuidado» o los «cuidados», la mayoría de las voces que acompañan el debate so-bre el nuevo término y su alcance, parecen no encajarlo en el ámbito del trabajo. O cuando menos, no suelen relacionarlo o derivarlo de aquella ruptura concep-tual que amplió el concepto de trabajo e hizo surgir el trabajo doméstico. A pri-mera vista, una de las razones que explican ese enfoque podría ser el hecho de que el nuevo concepto de «cuidado» nace ligado a las revisiones de los límites del Estado del Bienestar, desde la perspectiva de género. Y es sobradamente co-nocido que, por sorprendente que parezca, los análisis que aunan las relaciones entre trabajo y bienestar suelen ser poco frecuentes. Una desunión evidente a pe-sar de la importancia crucial que el trabajo, en su más amplia acepción, ha teni-do y tiene en las sociedades del bienestar contemporáneas. Este texto pretende plantear, amparado en la perspectiva de género, algunas reflexiones que, desde la sociología del trabajo, revisiten someramente el tra-yecto que se inició con la ruptura conceptual sufrida por el trabajo y se consoli-dó con la utilización de la dimensión temporal en su afán por encontrar eviden-cias empíricas. El interés primordial de tales reflexiones es fijar la atención sobre el estudio del trabajo doméstico, objeto de estudio todavía borroso, del que aquí se destaca el hecho de ser una actividad femenina aportadora de bienestar 54 TERESA TORNS
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Torns, T. (2008). El trabajo y el cuidado: cuestiones teórico-metodológicas desde la perspectiva de género. Empiria. Revista de Metodología de Ciencias Sociales, 0(15), 53. https://doi.org/10.5944/empiria.15.2008.1199
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