Abstract
174 julio-diciembre DEl 2015 Vol. 51, N. 0 2 revista colombiana de antropología El problema: los festejos y las jerarquías sociales Para la mayor parte de los arqueólogos la esencia de lo político es la división de la sociedad entre dominados y dominantes. De hecho, como argumenta Clasters (1981) en su célebre La cuestión del poder en las sociedades primitivas, en ausencia de poder y dominación, los investigadores se sienten auscultando el abismo de las sociedades no humanas. Clasters puede ser acusado de idealista, algunas de sus ideas pueden parecer extremas, pero lo cierto es que hoy los prejuicios sobre la universalidad de las formas de poder y dominación predominan en la interpreta-ción de las sociedades prehispánicas. Los muiscas no han sido la excepción: con frecuencia se habla de tiranos con poderes absolutos, o de clanes o linajes que mantuvieron el control de los medios de producción y explotaron al resto de la comunidad por siglos. En ese contexto, la investigación arqueológica parece orien-tada a conocer el estado de consolidación de la diferencia entre explotados y explo-tadores. Y si esa diferencia no se logra demostrar con la evidencia, por lo menos se puede identificar el "tránsito" hacia alguna forma de sociedad dividida irreme-diablemente en grupos antagónicos. Si las élites explotadoras no se habían conso-lidado, en detrimento de los intereses de su comunidad, por lo menos se habían gestado los primeros pasos. Si no se puede hablar de grandes tiranos, al menos sí de pequeños déspotas cuyas ambiciones se encontraban en vías de gestación. En el caso muisca, un ejemplo de esa imagen del poder se refiere a la in-terpretación sobre los festejos y su relación con la organización social muisca y las prerrogativas de las élites. Hay buenas razones para explicar el interés de los arqueólogos en el asunto. En primer lugar, los documentos españoles asocian la tributación a los caciques con grandes fiestas colectivas en las cuales se demos-traba y reafirmaba su poder. Los caciques se invitaban entre sí, y hacían gala de grandes gastos en chicha y presentes, para celebrar las cosechas y la renovación de viviendas y cercados (Langebaek 2006, 231). A su vez, los festejos servían de ocasión para que los indígenas pagaran "tributo" a sus líderes, especialmente con mantas de algodón y objetos de oro (Rozo 1978, 118-120; Tovar 1980). En se-gundo lugar, hay una razón práctica: los festejos dejan huella en el registro ar-queológico. Las jarras para el servicio de la chicha, los cuencos y copas con que se repartían y consumían bebidas y alimentos hacen parte del inventario más común a disposición de los arqueólogos. La cerámica más decorada, presumi-blemente utilizada para resaltar el estatus social, también es fácil de identificar entre los miles de tiestos que se obtienen en las excavaciones arqueológicas.
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Langebaek Rueda, C. H., Jaramillo Gonzales, A., Aristizábal, L., Bernal Arévalo, M., Corcione, M. A., Mendoza, L. F., … Zorro, C. (2015). Vivir y morir en Tibanica, reflexiones sobre el poder y el espacio en una aldea muisca tardía de la sabana de Bogotá. Revista Colombiana de Antropología, 51(2), 173–207. https://doi.org/10.22380/2539472x18
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