Abstract
Ochenta años. Eso es lo que duró la semilla, la siembra y la cosecha anarquista, desde que Fanelli llegó a España en noviembre de 1868 hasta el exilio de miles de militantes en los primeros meses de 1939. Ochenta años acompañados de una frenética actividad propagandística, cultural y educativa; de terrorismo y de violencia; de huelgas e insurrecciones; de re-voluciones abortadas y sueños igualitarios. No ha pasado inadvertida esa presencia anarquista. Su leyenda de honradez, sacrificio y combate fue cultivada durante décadas por sus se-guidores. Sus enemigos, a derecha e izquierda, siempre resaltaron la afi-ción de los anarquistas a arrojar la bomba y empuñar el revólver. Son, sin duda, imágenes exageradas a las que tampoco hemos escapado ios his-toriadores que tan a menudo nos alimentamos de esas fuentes, apologé-ticas o injuriosas, sin medias tintas, imágenes que anticiparon Díaz del Moral, Brenan o el mismo Anselmo Lorenzo, y que se han hecho también con un importante hueco en la literatura, con La bodega de Blasco Ibáñez, Aurora Roja de Pío Boraja, La verdad sobre el caso Savolta de Eduardo Mendoza, o más recientemente. La hija del caníbal óe Rosa Montero. Una veta, en fin, explotada por el cine, por Ken Loach y su Tierra y Libertad o Vicente Aranda en Libertarlas. Desde Fanelli al exilio republicano, el anarquismo arrastró tras su ban-dera roja y negra a sectores populares diversos y muy amplios. Había algo de anormal, de excepcional, de atípico, en todo ello, porque lo normal hubiera sido el socialismo, la «doctrina científica» que necesitaba el pro-letariado, por utilizar la frase con la que Julián Besteiro, con la Segunda República en el horizonte, trataba de convencer a los obreros zaragozanos 45
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Casanova, J. (2000). Auge y decadencia del anarcosindicalismo en España. Espacio Tiempo y Forma. Serie V, Historia Contemporánea, 0(13). https://doi.org/10.5944/etfv.13.2000.3017
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