Los ausentes: el proceso social de la migración internacional en el occidente de México

  • Worrall J
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Abstract

La migración laboral de mexicanos a los Estados Unidos se inicia a finales del siglo XIX y es en los años 1970 cuando se presenta como un fenómeno masivo. Es resultado de un proceso social dinámico que se inició muchas décadas antes (MASSEY, ALARCÓN et al., 1991:11). La migración internacional es un "proceso social que comprende una compleja serie de cambios a nivel individual, familiar y de comunidad, que actúan juntos, de manera orgánica, para perpetuar la migración internacional a través del tiempo" (MASSEY, ALARCÓN et al., 1991:11). En el caso concreto de la migración internacional Massey et al la consideran como un proceso social, con una base tanto económica como social, que se encuentra gobernada por una serie de principios básicos (MASSEY, ALARCÓN et al., 1991:12-15): 1) La migración internacional tiene fundamento en los cambios estructurales entre las comunidades de origen y destino. 2) Cuando la migración empieza, desarrolla una infraestructura social que permite convertir el movimiento social en un fenómeno permanente y masivo. Con el tiempo se establecen lazos -redes- entre la comunidad de origen y destino que reducen los costos . 3) Mientras más accesible se vuelve la migración internacional, un mayor número de familias la adoptan como parte del conjunto de estrategias de sobrevivencia, determinándose ritmos de migración por cambios en el ciclo de vida. 4) La migración internacional está fuertemente dispuesta a convertirse en un proceso social autosuficiente. La experiencia de la migración afecta a las motivaciones individuales, las estrategias familiares y las estructuras comunitarias de tal manera que se generan nuevos procesos migratorios. 5) No importa qué tan temporal pueden aparecer los flujos migratorios, pero a la larga algunos migrantes se acaban estableciendo en la comunidad de destino. 6) Las redes sociales se mantienen mediante el mismo proceso de emigración y retorno, en el que los migrantes recurrentes vuelven con regularidad a casa y los migrantes establecidos regresan habitualmente a sus comunidades de origen. Estudio en 4 comunidades del occidente mexicano: cuestionario sociodemográfico aplicado a familias en 1982 y entrevistas Rurales: Altamira (6100hab)-Jalisco Chamitlán (9900hab)-Michoacán Urbanas: Santiago (9400hab)- cerca de Guadalajara San Marcos (4800hab)-barrio de Guadalajara Sobre el perfil de los migrantes internacionales descritos en las 2 comunidades rurales que estudiaron del occidente: en la fase inicial de la migración el paso de la frontera era muy fácil (MASSEY, ALARCÓN et al., 1991:60,83); en una de las localidades: los primeros en migrar fueron aquellos que ya habían trabajado fuera, en la región, en Guadalajara o en la Ciudad de México (p.58). Los migrantes internacionales eran todos hombres, jóvenes solteros y sin compromiso. Para migrar se necesitaban una importante suma de dinero para el viaje en tren y recurrían a los prestamistas locales, quienes no dejaban dinero a personas sin propiedades, por lo que muy pocos peones sin tierra salieron, eran más bien de origen terrateniente (Idem.: 64). Los campesinos más pobres migraban más dentro de México. Los migrantes internacionales tenían mayor nivel educativo (p.65-66), ahora bien son los de mayor nivel educativo y dentro de un universo con una escolaridad promedio al inicio de poco más de 2.2 años (1910-1939) y de 2.6 años en el período 1940-1964. Es decir, son aquellos que sabían leer y escribir y poco más (MASSEY, ALARCÓN et al., 1991:57-74). Para los años 1980 sin embargo, observan que un nuevo perfil de migrante respecto al nivel educativo, mayor nivel educativo en los migrantes internos que internacionales, puesto que los más educados se dirigen a los núcleos urbanos del país y los de menor educación son los no migrantes (Idem.:169). En la otra localidad, los primeros migrantes eran más bien del estrato social más bajo. Pero aquí hay que considerar que en ésta al inicio hubo una mayor capacidad de retención de la tierra. Un aspecto que sobresale del análisis de Massey, Alarcón et al es el desigual efecto del reparto agrario en las dos localidades rurales que trabajan y su desigual efecto en la migración internacional: en la primera comunidad Altamira: el ejido fomado en 1936 proporcionó tierra de mala calidad y un escaso número de familias; En Chamitlán donde hubo una dotación en 1929 y una posterior ampliación en 1930, permitió que en el inicio migraran sólo los más desprovistos de medio. A medida que la tierra se volvió insuficiente la migración a Estados Unidos se volvió la estrategia económica de las familias, más aún con el Programa Bracero. La modernización aceleró e intensificó la migración internacional (MASSEY, ALARCÓN et al., 1991:74-92). En ambas comunidades constituidas las redes de apoyo se generalizó el fenómeno migratorio, incluyendo a mujeres y de personas de diferentes edades y niveles educativos. Fuerte efecto en la institucionalización de la emigración a los Estados Unidos el Programa Bracero que permitió idas y venidas, generalizó y masificó el movimiento. La migración pasó a formar parte fundamental de la organización económica y social de las familias y de las comunidades (p.133). Incluso antes del programa había fáciles condiciones de paso. Las redes se constituyeron en ese momento y porque muchas familias contaban con familiares legales o gente de la misma localidad -muchos de los cuales se legalizaron durante el Programa Bracero- (.135), lo cual hoy sigue siendo un factor importante que diferencia la migración del occidente de México, una emigración que sigue siendo segura, frente a la migración de las nuevas regiones expulsoras del sur que entraña muchos riesgos. La legalización favorece el cambio de empleo. La legalización facilita la migración de corto plazo o estancia. (p.135). En las dos comunidades rurales, dos terceras partes de los últimos viajes registrado en 1982 duraron un año o menos (el 40% de los viajes duraron menos de 6 meses) y mencionan que tienen una duración inferior a los viajes laborales en el interior de México que eran entre una vez y media y dos veces con siete más largos (MASSEY, ALARCÓN et al., 1991:139). En las dos comunidades rurales, dos terceras partes de los últimos viajes registrado en 1982 duraron un año o menos (el 40% de los viajes duraron menos de 6 meses) y mencionan que tienen una duración inferior a los viajes laborales en el interior de México que eran entre una vez y media y dos veces con siete más largos (MASSEY, ALARCÓN et al., 1991:139). Identifica diferentes estrategias económicas de acuerdo al estatus del migrante: si tienen tierra invierten en su explotación, los jornaleros emigran por carecer de empleo y por tanto es una migración de sobrevivencia (MASSEY, ALARCÓN et al., 1991:159-168). Definen las redes sociales migratorias como "los lazos que vinculan comunidades remitentes y puntos específicos de destino en las sociedades receptoras; estos nexos unen a los migrantes y no migrantes dentro de un entramado de relaciones sociales complementarias y de relaciones interpersonales que se sostienen gracias a un conjunto informal de expectativas recíprocas y de conductas prescritas" (MASSEY, ALARCÓN et al., 1991:171). Por otro lado menciona que "estas redes sociales extensas no se crean de un día para otro"(MASSEY, ALARCÓN et al., 1991:179). Hay varios aspectos que no se observan en el sotavento: puntos específicos de destino y la falta de tiempo para constituirse (antes de la masificación e institucionalización de la migración internacional hay unos antecedentes -capital social- de 80 años en la emigración local y de varias generaciones en la emigración familiar). Son relaciones de parentesco, de amistad o paisanaje. La emigración internacional acaba constituyéndose en el centro de la economía familiar. Surge por a partir de las necesidades familiares, diferenciando varios tipos de migrantes (MASSEY, ALARCÓN et al., 1991:202-211): temporal que la migración no implica una desarticulación entre el migrante y la comunidad, e invierten sus ahorros en la localidad; recurrente su ocupación es la de trabajador migrante que obtiene la mayor parte de sus ingresos del extranjero, invierten parte pero viven entre los dos lados. Hay dos tipos de recurrentes: estacional que se mueve en virtud de los ciclos agrícolas (van al trabajo agrícola); cíclica van a ciertas industrias en período de desempleo que se dirigen a empresas que emplean por períodos cortos. La emigración se convierte en una forma de supervivencia y su vida familiar se estructura con base en la ausencia (p.209); la emigración establecida el migrante vive permanentemente en los Estados Unidos, se encuentran integrados a la vida norteamericana aunque tienen presente la idea de regresar a su lugar de origen. Identifica un ciclo familiar estrechamente relacionado con las estrategias familiares de supervivencia que favorece la migración: cuando hay más dependientes se favorece la migración. La migración se integra en el ciclo de vida familiar de acuerdo a las necesidades y a los recursos o potencialidades. El migrar el padre o los hijos depende de este ciclo (MASSEY, ALARCÓN et al., 1991:231-254). Sobre las ganancias, la mayor parte se dedican al consumo (casi el 75%) (alimentación, vestido y vivienda) y sólo una pequeña parte a la inversión (p.259). Entre las inversiones la más común es la compra de tierra. La propiedad de una casa la menciona como la aspiración universal entre las familias. Sobre la compra de tierra por los migrantes genera un fuerte incremento de los precios. Esta inflación dificulta el acceso a la tierra a la mayor parte de la gente, salvo a los emigrantes más exitosos. El resultado es un concentración de tierras. La emigración inhibe la producción de dos maneras: cambio de cultivos, de más intensivos en mano de obra a menos intensivo y un menor cultivo. Además se modifican los métodos de cultivo (maquinaria y fertilizantes). El resultado es que la inversión p

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Worrall, J. E. (1993). Los ausentes: el proceso social de la migración internacional en el occidente de México. Hispanic American Historical Review, 73(2), 337–338. https://doi.org/10.1215/00182168-73.2.337

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