Abstract
Mundial de la Salud [1] define la emergencia como aquella situación que tiene con-secuencias inmediatas de riesgo para la vida, por lo que requiere atención inmediata. Según datos de la Cruz Roja Chilena [2], gracias a la intervención de personal capacitado en primeros auxilios, el 25% de personas afectadas se salvó de la muerte, el 38% no quedó con secuelas como amputaciones, daños neurológicos o locomotores, principalmente, y sólo el 4% falleció. Cuando no se tiene un adecuado conocimiento al respecto, ello puede repercutir en la morbimortalidad de los pacientes que acuden a urgencias. Mejía et al [3] realizaron un estudio para evaluar el nivel de conocimientos sobre emergencias médi-cas y encontraron que alrededor del 60% de los es-tudiantes obtuvieron puntuaciones que no alcanza-ban el aprobado; aprobaron en mayor número los que recibieron algún curso sobre el tema y quienes realizaban prácticas en centros hospitalarios. El tercer censo de infraestructura hospitalaria del año 2005 [4] reveló que Perú cuenta con 448 instituciones especializadas, hospitales y clínicas en el sector salud; de ello, los que se utilizan para desa-rrollar prácticas en pregrado y posgrado son sólo 247 (147 del MINSA, 79 de Essalud y 21 de las sani-dades de las Fuerzas Armadas y Policiales). Ade-más, según el Colegio Médico del Perú (www.cmp. org.pe), existen 166 médicos con especialidad en emergencias y desastres, por lo que en promedio no exista siquiera uno por hospital y en muchos ca-sos las competencias son asumidas por médicos ge-nerales, internistas o de otras especialidades, sin una formación específica en ese ámbito. Se sabe que el 24% de las atenciones en los hos-pitales peruanos corresponden a las realizadas en servicios de urgencias y emergencias [4]; en estu-dios realizados en profesionales de salud para me-dir los conocimientos sobre reanimación cardiopul-monar y cerebral llevados a cabo en Cuba no aprobó el 59% [5], y otro estudio realizado en cinco ciuda-des cubanas encontró que no aprobaba el 75% [6]. En una investigación más reciente que tenía como objetivo medir el conocimiento de los profesionales de salud sobre la nueva Guía 2010 de reanimación cardiopulmonar y atención cardiovascular de emer-gencia de la American Heart Association, se obtuvo como resultado que sólo el 1,4% de médicos, el 1,4% de obstetras y ninguna de las enfermeras conocía los cambios que presentaba la guía del año 2010 con referencia a su versión anterior [7]. Como se aprecia en el estudio de Mejía et al [3], una de las posibles explicaciones a este nivel inade-cuado de conocimientos reside en el poco aprendi-zaje con el que se cuenta desde el pregrado. El 10 de agosto de 2009, el directorio del Consejo de Evalua-ción, Acreditación y Certificación de la Calidad de la Educación Superior Universitaria [8] aprobó el modelo de calidad para la acreditación de la carrera profesional universitaria de medicina, que consta de tres dimensiones, nueve factores, 16 criterios y 98 estándares. En la dimensión de formación profe-sional, dentro del factor de enseñanza-aprendizaje, se observa que el estándar 25 exige 'oportunidades educacionales disponibles en áreas multidisciplina-rias, tales como medicina de emergencia, geriatría y disciplinas de ayuda al diagnóstico, como imagi-nología y patología clínica'. Tal situación podría en cierta forma mejorar las perspectivas a largo plazo en los estudiantes de medicina, pero no olvidemos que en esta problemática también están involucra-dos los profesionales de la salud. En estos profesionales, la explicación es similar a lo ocurrido en el pregrado. Cook et al [9] afirman que 'el conocimiento de los médicos comienza a de-teriorarse en cuanto acaba su aprendizaje'. Hay que tener en cuenta que los libros de texto, los artículos de revistas y los colegas son las principales fuentes de información para los médicos, que quedan desfasa-das enseguida, quizás por la falta de constante lec
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Chafloque-Carhuas, J., Pino-Delgado, M., Rivera-Paico, M., & Díaz-Vélez, C. (2012). Conocimientos adecuados de emergencias médicas: un problema de estudiantes y profesionales de la salud. Educación Médica, 15(1), 11–12. https://doi.org/10.4321/s1575-18132012000100005
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