Abstract
EDITORIAL Alimentación en zona de operaciones y riesgo cardiovascular La sociedad actual muestra un gran interés por la alimentación, dada la estrecha relación entre nutrición y salud. Desgraciadamente, este interés motivado por el deseo de disfrutar de una vida larga y sana, se acompaña de la proliferación de toda clase de recomendaciones die-téticas basadas en mitos y creencias irracionales, olvidando los prin-cipios científicos de la nutrición. Desde tiempos remotos, el hombre ha atribuido a algunos alimentos las virtudes más extraordinarias, que sorprendentemente aparecen más o menos disfrazadas en extravagan-tes dietas que circulan en la actualidad. La credulidad del hombre en materia de alimentación es ilimitada. De ahí la contínua aparición de regímenes alimenticios destinados a curar todo tipo de dolencias que encuentran terreno abonado en aquellas personas con un pensamiento mágico de la vida, en vez de científico, y que poco tiene que ver con el nivel cultural o educativo. El objetivo de la alimentación en zona de operaciones es pro-porcionar una suficiente energía, ingesta proteica, vitamínica, sales minerales y tolerancia intestinal para mantener al combatiente en las mejores condiciones físicas y mentales. Oficiales, suboficiales, tropa y marinería destacados en zona de operaciones (Afganistán, Líbano, Índico, etc) presentan, no infrecuentemente diabetes, hiper-tensión arterial, hipercolesterolemia, obesidad y hábitos como el ta-baquismo, que hacen que presenten un mayor riesgo cardiovascular. Existe cierta preocupación acerca de la salud cardiovascular de las tropas destacadas en zonas de conflicto. En un artículo publicado en la Revista Ejército 1 se ha sugerido la necesidad de disponer de raciones de combate con un menú vegetariano, como dieta capaz de disminuir la incidencia de enfermedades cardiovasculares, de determinados tipos de cáncer y que confiere una mayor longevidad. También, en ocasio-nes, ha sido solicitado al Servicio de Endocrinología y Nutrición del Hospital Central de la Defensa el diseño y facilitación de dietas para patologías específicas (hipercolesterolemia, diabetes, etc) con objeto de que aquellos militares que son enviados a zona de operaciones y que tienen un mayor riesgo cardiovascular, puedan seguir una alimen-tación más saludable. La dieta vegetariana es un ejemplo de la confusión que se crea cuan-do se mezclan conceptos que pertenecen específicamente al campo de la nutrición, con ideas pseudofilosóficas desprovistas de significado desde el punto de vista de las necesidades nutricionales reales del organismo. El origen del vegetarianismo se atribuye al budismo y religiones primi-tivas de la India, relacionado con la prohibición de sacrificar animales, pero esta prohibición no se debe originariamente a un sentimiento de bondad y compasión hacia los animales, sino que se fundamenta en la doctrina de la transmigración de las almas. Esta creencia, que tiene su raíz en el mito de la inmortalidad sostiene que cuando una persona mue-re, si ha llevado una vida virtuosa, se reencarna en un nivel superior, mientras que si su conducta ha sido mala, lo hace en un nivel inferior. De esta forma, el más humilde insecto puede estar habitado por un alma humana. La propuesta de incluir raciones de combate vegetarianas, se basa en el Adventist Health Study 2. En este estudio fueron incluidos 34.192 hombres y mujeres, adventistas del séptimo día. La mayoría no fumaban ni bebían alcohol. Aproximadamente el 50% eran vege-tarianos (nunca comían carne o lo hacían menos de una vez al mes) o semivegetarianos (comían carne menos de una vez por semana), el resto eran no vegetarianos y pocos eran veganos. El estudio duró 12 años, con una media de seguimiento de 6 años, el resultado fue de una mayor esperanza de vida entre los adventistas vegetarianos que entre los no vegetarianos, tanto en hombres como en mujeres, pero no se consiguió identificar que factores habían contribuido a la mayor longevidad. Análisis multivariante mostraron una asociación entre el consumo de carne de vaca (>3 veces por semana) y la mortalidad por cardiopatía isquémica en comparación con los no vegetarianos. El riesgo de desarrollar cardiopatía isquémica fue un 37% menor en varones vegetarianos, la incidencia de carcinoma de colon y próstata fue mayor en no vegetarianos y los consumidores de carne de vaca tuvieron un mayor riesgo de carcinoma de vejiga. El alto consumo de frutas o frutos secos se asoció con un menor riesgo de carcinoma de pulmón, próstata y páncreas. Los adventistas del séptimo día ve-getarianos tuvieron un menor riesgo de diabetes, hipertensión y artri-tis que los no vegetarianos. El alimento que con más consistencia se correlacionó con un menor riesgo de cardiopatía isquémica fatal y no fatal, fueron las nueces y en menor medida el pan integral. Un impor-tante predictor de mortalidad por enfermedad coronaria en varones fue la edad a la que se hacían vegetarianos. En conclusión, el estudio mostró que los vegetarianos tenían un menor riesgo de obesidad, hipertensión, diabetes, artritis, cáncer de colón y próstata, mortalidad por enfermedad coronaria y mortalidad global. El consumo de nueces y pan integral fueron factores protec-tores contra la enfermedad coronaria mientras que el consumo de carne de vaca aumentó el riesgo en varones, no así en mujeres. El consumo de legumbres y frutas (≥ 3 veces/semana), pareció ser un factor protector contra diversos cánceres mientras que la carne de vaca probablemente aumentó el riesgo de cáncer de colon y vejiga. Es importante resaltar que los vegetarianos pudieron tener un riesgo menor por no consumir carne de vaca, pero es igualmente posible que esta protección pudiera ser debida al consumo de frutas verdu-ras o nueces, siendo estas últimas las probablemente responsables 3. Ha sido demostrado que la dieta vegetariana no mejora el rendi-miento físico en atletas y además, si no está bien planeada, puede ser carencial y por tanto empeorar el rendimiento físico 4. En áreas de ope-raciones, en condiciones de frío o calor extremos y más en situaciones de combate, la forma física del soldado es fundamental, de forma que un bajo rendimiento físico puede poner en peligro su vida y la de los demás. No parece por tanto la dieta vegetariana la más adecuada para el combatiente. Por otro lado, fueron necesarios 12 años de estudio con un seguimiento medio de 6 años para demostrar las virtudes saludables de dicha dieta. No se ha demostrado que una dieta seguida tan sólo durante 6 meses, tenga ningún efecto sobre la salud cardiovascular, ni positivos ni negativos. Tres tipos de dietas se han asociado con buena salud y longevi-dad, basado en evidencias geográficas, la dieta china, la japonesa y la mediterránea. El concepto de dieta mediterránea es originado a raíz del Seven Countries Study, iniciado por Keys en los años 50. El estudio mostraba que a pesar de una alta ingesta de grasas, la po
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Lisbona Gil, A., & Rosado Sierra, J. A. (2012). Alimentación en zona de operaciones y riesgo cardiovascular. Sanidad Militar, 68(3), 138–139. https://doi.org/10.4321/s1887-85712012000300002
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